POLÉMICA

Mark Weisbrot, el lobbista del chavismo en Estados Unidos

El economista estuvo detrás del informe que cuestionó el fraude electoral en Bolivia, que publicó el diario The Washington Post.

Mark Weisbrot opera para el régimen chavista desde los tiempos de Hugo Chávez. Foto: @MarkWeisbrot
Mark Weisbrot opera para el régimen chavista desde los tiempos de Hugo Chávez. Foto: @MarkWeisbrot

Se llama Mark Weisbrot y es economista. Es el autor intelectual del informe que el chavismo usó para transformar, por arte de la propaganda, el fraude electoral de Bolivia en un golpe de Estado contra Evo Morales. Una victoria parcial para el principal lobbista de Nicolás Maduro en Estados Unidos, un reconocido agente de la revolución desde los tiempos de Hugo Chávez.

Tan entregado a la causa sigue Weisbrot que ha sido capaz de transformar un informe estadístico intrascendental, adornado con las siglas del MIT (el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts) y con la referencia de The Washington Post, en una pieza importante para la precampaña electoral en el país andino.

La máquina puesta en marcha por Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), disparó los canales habituales de la propaganda bolivariana. Aliados y amigos multiplicaron el mensaje de norte a sur, hasta llegar incluso a Buenos Aires, donde el presidente Alberto Fernández criticó “con singular dureza, por su inconsistencia, la auditoría realizada por la OEA”.

Weisbrot primero publicó en el blog The Monkey Cage, alojado en la web de The Washington Post, no en el propio periódico. Y después, encargó el informe a dos técnicos formados en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), no al propio MIT.

Una opinión dirigida y personal que nada tiene que ver con el MIT y que repite la vieja táctica que el economista ha simulado en anteriores ocasiones: medio de comunicación prestigioso y economistas o instituciones de primera línea. Una buena estrategia.

Weisbrot pagó por un estudio que demostrase de alguna manera su propia tesis desde noviembre pasado, la misma que Nicolás Maduro convirtió en una bandera: “La OEA ha engañado terriblemente a los medios y al público sobre lo ocurrido en las elecciones en Bolivia. Esto ha generado una gran desconfianza en el proceso electoral y en los resultados”.

Más allá de sus señas de identidad, lo peor está dentro del estudio. En él se asegura alegremente que el “apagón” de 23 horas durante el domingo electoral del 20 de octubre no habría afectado la tendencia en favor de Morales, que necesitaba superar el 10% de ventaja para evitar la segunda vuelta. En la noche del domingo, cuando se detuvo el conteo por orden oficialista, el líder aymara superaba a Carlos Mesa por sólo 7,87%.

La inmediata respuesta de la OEA fue concluyente: “El artículo no es honesto, ni está basado en hechos ni está completo. Sobre todo, no es científico. Contiene innumerables falsedades, inexactitudes y omisiones”. Y, sobre todo, se centra solo en una de las múltiples irregularidades encontradas.

La OEA demostró que el artículo ignora los principales descubrimientos de sus técnicos: cambios en las hojas de recuento, falsificación de las firmas de los funcionarios electorales, la existencia de dos servidores ocultos y sin autorización donde se manipularon datos y se falsificaron las hojas de recuento, la falta de cadena de custodia y las inexplicables incoherencias en el número de votos emitido.

La Unión Europea, que contó con su propio equipo, “apoyó los hallazgos de la OEA y presentó pruebas de otras irregularidades”. (El informe contratado por Weisbrot que apareció en la web del The Washington Post fue publicado en El País el 28 de febrero y la respuesta de la OEA el 29).

El objetivo de Weisbrot es claro: justificar el fraude electoral probado por la OEA y convertirlo en un “golpe de Estado”, de cara a las elecciones de mayo, donde el Movimiento Al Socialismo (MAS) pretende recuperar el poder.

No se trata, ni mucho menos, del primer aporte del director del CEPR a la literatura revolucionaria. “Con Maduro se fue acercando incluso más al gobierno, en calidad de asesor. Es un economista reconocido en Estados Unidos, tanto así que Jeffrey Sachs ha escrito con él. Al menos desde 2017-2018 ha estado asesorando al gobierno, pero según entiendo no le hacen mucho caso”, pormenorizó a La Nación el internacionalista Mariano de Alba, radicado en Washington.

El año pasado, junto al propio Sachs, aseguró que 40.000 personas habían muerto por culpa de las sanciones en Venezuela. Un equipo de economistas venezolanos, dirigido por el prestigioso economista Ricardo Hausmann, desnudó los datos de ambos, que casualmente olvidaban la destrucción de la economía venezolana durante toda la revolución. Hoy la caída del PIB desde la llegada de Maduro al poder se acerca al 70%.

Weisbrot también intervino en la campaña presidencial argentina, criticando duramente a Mauricio Macri en un artículo publicado en The New York Times, titulado “Quién tiene la culpa de la crisis económica en Argentina”.

El asesor de Maduro se contestó a sí mismo arguyendo que “los argentinos recuerdan cómo mejoró su vida con el kirchnerismo”.

Repitiendo la misma fórmula de ahora, la prensa opositora entonces replicó el artículo con otro titular: “El NYT responsabiliza a Macri por la crisis”.

El chavismo ha invertido miles de millones en asesores, lobbistas, propagandistas y cabilderos, una inversión que no ha cesado pese a la monumental crisis. 

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