PANDEMIA

Jair Bolsonaro desafía al virus y a todos en Brasil

“Si cerramos todos, las consecuencias serán desastrosas”, dijo. Jair Bolsonaro exige la vuelta a la normalidad y el fin de las cuarentenas.

Jair Bolsonaro. Foto: EFE.
Jair Bolsonaro. Foto: EFE.

En Brasil claramente hay dos estrategias para enfrentar la COVID-19. Por un lado, el presidente Jair Bolsonaro exige la vuelta a la normalidad y el fin de las cuarentenas. Por otro, algunos de sus ministros, y varios gobernadores, defienden el distanciamiento social y advierten de la gravedad de la crisis.

Bolsonaro ha relativizado con palabras y acciones la gravedad del COVID-19, y contrariado las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“¿Algunos van a morir? Van a morir. Lamento, lamento, esa es la vida, es la realidad”, dijo el viernes a TV Bandeirantes.

Bolsonaro considera un “crimen” adoptar medidas de confinamiento, como ya han hecho, con mayor o menor alcance, los 27 estados de Brasil, donde hasta el momento se han registrado 136 muertes y 4.256 casos confirmados.

El estado de San Pablo, con unos 46 millones de personas, es la región más afectada por la pandemia al contabilizar 98 fallecidos y 1.451 infectados. Le sigue Río de Janeiro con 17 muertos y 600 casos.

Ayer domingo, Bolsonaro redobló su desafío al dar un paseo por Brasilia -la primera ciudad del país que impuso medidas restrictivas-, y conversar con los vecinos, en contra de las recomendaciones sanitarias.

En el barrio de Taguatinga, Bolsonaro se detuvo en una feria para hablar con un hombre que vendía brochetas de carne a la parrilla. “Tenemos que trabajar. Hay muertes, pero eso depende de Dios, no podemos parar”, dijo el hombre, según un video publicado en las cuentas del presidente en Facebook y Twitter. “Si no morimos de la enfermedad, moriremos de hambre”, agregó el hombre.

“Con esa política actual de cerrar todo, las consecuencias económicas serán desastrosas”, dijo por su parte Bolsonaro a los periodistas.

La postura de Bolsonaro contrasta con la de algunos miembros de su Gobierno, en especial con la del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta.

Mandetta reforzó el sábado la necesidad de mantener el aislamiento social, incluso para los jóvenes, y subrayó que su equipo se guiará únicamente por la “ciencia”. “Si salimos andando, todo el mundo a la vez, faltará para el rico, para el pobre, para todos”, aseveró.

Asimismo, criticó las caravanas organizadas por seguidores de Bolsonaro contra las cuarentenas y rebajó la euforia en torno a la cloroquina como solución mágica contra el coronavirus. “La cloroquina no es el medicamento que vino para salvar a la humanidad”, apuntó Mandetta.

La comparecencia de Mandetta se produjo después de mantener una reunión con Bolsonaro y otros ministros, calificada de “tensa” por la prensa brasileña y en la que, según el diario Estado de Sao Paulo, le pidió al presidente no menospreciar la crisis.

Otros ministros también han defendido el distanciamiento social, entre ellos el de Economía, Paulo Guedes, quien ha puesto en marcha un plan de inyección de liquidez de unos 750.000 millones de reales (150.000 millones de dólares).

Los gobernadores de los 27 estados del país continuarán con las medidas de reducción de la movilidad, pese a las críticas del mandatario.

El gobernador de San Pablo, Joao Doria, al que Bolsonaro llamó “lunático” por decretar la cuarentena en el estado paulista, ha sido uno de los más críticos y en una entrevista con EFE aseguró que el presidente “no está con las facultades mentales en plenitud para poder liderar el país”.

Por su parte, el Frente Nacional de Alcaldes, que reúne a los jefes de los 5.571 municipios del país, amenazó con ir a la Justicia para responsabilizar a Bolsonaro de las consecuencias de un eventual cambio en las políticas sanitarias.

Los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado, Rodrigo Maia y Davi Alcolumbre, respectivamente, condenaron la actitud del gobernante y afirmaron que el país necesita un “líder serio”.

La Justicia también ha puesto freno a ese deseo de vuelta a la normalidad, dejando sin efecto un decreto que permitía a casas de lotería y templos religiosos seguir en funcionamiento, aunque Bolsonaro anunció que recurrirá, y ordenó al Gobierno “abstenerse” de lanzar campañas institucionales contrarias a criterios científicos.

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