"A cualquier lugar pero lejos de la ciudad", repite Talulum Saint Fils, mientras aguarda con su familia que un autobús los saque de Puerto Príncipe, donde el sismo destrozó su casa y los convirtió en vagabundos.
Miles de damnificados por el terremoto huyen de la capital. Cansados de dormir en la calle, temerosos de que "la tierra vuelva a temblar" y de que les intenten robar lo poco que les queda, numerosas familias decidieron recurrir a parientes que viven en otras provincias menos afectadas por el sismo.
"Las calles huelen a muerto, no tenemos ningún tipo de ayuda y nuestros niños no pueden vivir como animales", afirma esta madre de familia que pagó 10 dólares por cada pasaje, cuando valen la mitad.
"Llevamos el doble de pasajeros y cobramos el doble pero no hay gasolina y no hay seguridad. Es un precio justo para salir del infierno", afirma Jaino Nony, dueño de autobuses.
"Esta es mi cama, esta es mi casa ahora", le grita, señalando la calle, Aanoz Richard, que no pudo pagar el precio para salir de Puerto Príncipe. AFP