Guerra dejará perdedores y ganadores en Medio Oriente

| Irán y EE.UU. son vecinos ahora, y Teherán está pensando en reconocer a Washington, reza un chiste en la región

EL CAIRO | REUTERS

Los líderes árabes que hicieron público su apoyo a la guerra contra Irak liderada por Estados Unidos parecen ser los grandes ganadores en el Oriente Medio de la posguerra, si se logra en Bagdad un gobierno estable, dicen los analistas.

Países como Jordania, los Estados más pequeños del Golfo y Egipto, que en privado o en público ayudaron a la campañana bélica para derrocar a Saddam Hussein, pueden esperar ahora recompensas económicas y políticas, beneficios comerciales y un papel en la reconstrucción de Irak.

Sin embargo, si los esfuerzos para estabilizar Irak resultan infructuosos y eso obliga a una larga permanencia militar de Estados Unidos en el país, y trae además guerras étnicas y de facciones religiosas rivales, esos líderes podrían enfrentar nuevas amenazas a medida de que radicalice la región.

PERDEDORA. Por ahora, Siria se perfila como la gran perdedora. Está bajo la presión de Estados Unidos, que la acusa de haber ayudado a Bagdad, de servir de refugio a funcionarios del derrocado gobierno de Hussein, de experimentar con armas químicas y de apoyar a grupos terroristas antiisraelíes.

También enfrenta serios problemas económicos al dejar de obtener petróleo iraquí barato y paralizarse el comercio entre ambos países.

La victoria militar sobre Irak en apenas tres semanas es políticamente incómoda para la monarquía absolutista de Arabia Saudita, a pesar de que diplomáticos occidentales dicen que Riad se mostró más cooperativa hacia los esfuerzos de la guerra de lo que demostró públicamente.

La familia gobernante saudita enfrenta presión internacional y de Estados Unidos para liberalizar la esfera política del país y modernizar el sistema educativo islámico que, según analistas, produjo los militantes extremistas que realizaron los ataques del 11 de setiembre del 2001 contra Washington y Nueva York.

ISRAEL E IRAN. Todos los analistas y comentaristas árabes ven a Israel como el gran ganador de la estrategia de Washington para reformar el Oriente Medio. Sin levantar un dedo, Israel vio aplastar a uno de sus mayores enemigos en el mundo árabe, y a otro, Siria, arrinconado por la presión de Estados Unidos.

Para Irán, que es es persa y no árabe, la guerra ha sido una mezcla de bendiciones. Teherán ha observado, con callada satisfacción, cómo Estados Unidos, su enemigo de tantos años, destruyó al líder de Irak, quien invadió Irán en 1980 y llevó a ambos países a pelear una sangrienta guerra de ocho años.

Irán puede ganar influencias a través de un creciente poder en Irak de la mayoría chiíta musulmana.

No obstante, la república islámica tiene ahora fuerzas de Estados Unidos estacionadas a ambos lados: en Irak y Afganistán, y quizás enfrente más presión del gobierno de Bush, que ahora está celebrando su fulminante victoria, porque Washington dice que el programa nuclear de Irán no es para producir energía, sino bombas atómicas.

Un veterano diplomático occidental dijo: "Los iraníes jugaron bien sus cartas en esta guerra y reforzaron su posición. Siria en cambio jugó mal".

El influyente ex presidente Akbar Hashemi Rafsajani sugirió la semana pasada un referéndum sobre si el país debe reanudar relaciones diplomáticas con Estados Unidos, suspendidas desde que militantes iraníes tomaron la embajada de Washington en Teherán en 1979, tras el triunfo de la revolución islámica.

En estos días circula un chiste en el mundo diplomático árabe en El Cairo, que dice que ahora que Irán y Estados Unidos son vecinos, Teherán está pensando en reconocer a Washington.

Israel echa más leña al fuego sirio

El gobierno de Damasco denunció que Estados Unidos esgrimió argumentos falsos al acusarla de ofrecer ayuda a líderes iraquíes y de tener armas químicas, mientras Gran Bretaña le exigió al presidente sirio pruebas de que "no es una nación peligrosa" y el grupo extremista Hezbolá anunció que se prepara para "cualquier eventualidad".

En ese clima de crispación, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, calificó al presidente sirio, Bashar al-Assad, de peligroso y propenso a cometer errores arriesgados, e instó a Estados Unidos a ejercer más presión sobre Damasco.

"Bashar al-Assad es peligroso. Su capacidad de discernimiento es limitada", dijo Sharon en la entrevista, sumando su voz al coro de acusaciones contra Siria.

"En la guerra en Irak (el presidente sirio) demostró que era incapaz de sacar conclusiones de hechos muy obvios", dijo Sharon. "Todo el que tenga los ojos en su cabeza sabe que Irak estaba del lado perdedor. Pero Assad pensó que Estados Unidos iba a fracasar", agregó.

Ante la creciente tensión, los Estados árabes del Golfo Pérsico, aliados clave de Estados Unidos, dijeron ayer que "la amenaza a Siria debe cesar".

Fuerzas de la coalición cortaron ayer un oleducto que va de Irak a Siria y que era usado por Bagdad para enviar crudo hacia Damasco en violación a las sanciones impuestas por la ONU, según los aliados.

En los últimos días, el discurso de Washington tuvo por blanco el régimen de Bachar al-Assad y llegó a calificar a Siria como un Estado "mentiroso" y "terrorista".

Pero ayer, el tono de amenaza de Estados Unidos pareció bajar.

"Siria nos preocupa y se lo hicimos saber", afirmó el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, en una conferencia de prensa en Washington.

Sin embargo el jefe de la diplomacia estadounidense se apresuró a aclarar que la amenaza de una guerra contra Siria "no está en los planes" de Estados Unidos.

La consejera para Seguridad Nacional Condoleezza Rice dijo ayer que "nosotros respetamos al Gobierno sirio y esperamos que coopere con nosotros".

Analistas señalan que las acusaciones de Washington contra Damasco apuntan a evitar que Siria obstaculice el proceso de estabilización de Irak y los esfuerzos de paz que Estados Unidos se dispone a relanzar entre Israel y palestinos.

AFP, AP y REUTERS

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