Las condiciones económicas y las redes de comunicación social han hecho de las protestas un hecho más común en China, en un tiempo delicado para los gobernantes del país. Han crecido las huelgas y los reclamos de incrementos salariles y por mejores condiciones de trabajo en distintas plantas industriales. China enfoca cambios en su estrategia económica y habrá un Congreso del Partido Comunista que decidirá la renovación en cargos de gobierno.
En una zona industrial cerca de Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan, en el suroeste de China, un cartel proclama de manera colorida que las fábricas desparramadas son "un distrito encantador, armonioso y feliz". Miles de metalúrgicos indignados deben haberse sobresaltado cuando marcharon junto al eslogan, a comienzos de enero, en reclamo de salarios más altos. Su huelga de tres días fue inusualmente grande para una empresa que es propiedad del gobierno central. Sin embargo, a medida que la economía comienza a crecer de manera más sosegada, se avizora más inquietud.
Los medios de comunicación controlados por el Estado mantuvieron silencio sobre la protesta que comenzó el 4 de enero en el Distrito de Qingbaijiang, situado a 40 minutos al noreste de Chengdu por una autopista que cruza una mosaico de campos con vegetales con una espesura de bambú. Pero, las noticias sobre la huelga rápidamente surgieron en Internet. Las fotos circularon en microblogs de una multitud de trabajadores del Grupo Pangang de Metalurgia Chengdu y de Vanadium, quienes fueron mantenidos lejos de la entrada a la autopista por un contingente policial. Los rumores que cirularon indicaron que la policía intentó dispersar a los trabajadores con gas lacrimógeno. Al final, como es su tendencia -sin duda, actuando en función de órdenes del gobierno- los jerarcas de las fábricas dieron marcha atrás, al menos parcialmente. Los trabajadores obtuvieron un aumento, si bien más chico del que querían. Los salarios de los gerentes fueron congelados.
Las huelgas son cada vez más frecuentes en fábricas de propiedad privada, en los últimos años y con frecuencia involucran a trabajadores que reclaman aumento de salarios y mejores condiciones laborales. Las empresas privadas, al igual que las estatales, habitualmente son obligadas por las autoridades a comprar los huelguistas. El pensamiento es que la capitulación mantiene tapada la cobertura noticiosa y ayuda a prevenir que se disemine la agitación. Sin embargo, el crecimiento explosivo del uso de versiones locales de Twitter, ha facilitado las cosas a quienes protestan para transmitir informes e imágenes instantáneos a un público enorme. La capacidad del Partido Comunista para frenar las repercusiones de inquietud y evitar que se extiendan está declinando, en momentos en que las condiciones económicas hacen más probable que existan problemas.
En un restaurante barato en Qingbajiang, frente a un complejo de dormitorios para trabajadores de Pangang, desaliñados metalúrgicos se quejan de que la promesa del gobierno de 260 yuanes extra (equivalentes a US$ 41) por mes es insuficiente. Muchos de los que tienen salarios más bajos reciben apenas US$ 190 mensuales. Pero, los trabajadores saben que la industria metalúrgica está en dificultades y que la venganza contra quienes persisten en crear problemas puede ser fiera. Una notificación policial advirtió sobre acciones legales, incluyendo el encarcelamiento, contra cualquier huelguista que continúe "alterando el orden público". Agentes de seguridad siguieron al corresponsal en un auto sin identificación.
EN ROJO. Todo esto, en parte, es el resultado del freno al estímulo al gasto y el libre (desordenado, dirían muchos) otorgamiento de préstamos bancarios, cuando surgió la crisis financiera global de 2008. Hay menos proyectos de construcción y la demanda por acero se ha achatado. La planta de Pangang en Qingbaijiang trabaja a pérdida. El número de empresas metalúrgicas en rojo creció de nueve en septiembre a 25 un mes después. Pese a que el gobierno está menos preocupado por la inflación ahora que hace unos meses, y está aflojando un poco los frenos económicos, la industria del acero espera un período magro. Algunas firmas pueden tener que cerrar.
El crecimiento económico general todavía es robusto. En el último trimestre de 2011, la economía de China creció 8,9% en comparación con el mismo período del año anterior, aunque ha sido el más lento desde el segundo trimestre de 2009. El enlentecimiento ha sido suave hasta ahora y en línea con los esfuerzos del gobierno por impedir el recalentamiento. Pero, eso no impide que las autoridades estén preocupadas porque este año puede ser inusualmente difícil.
Europa es el principal comprador de productos chinos y las dificultades de la Eurozona han sumido a muchos fabricantes en la desesperación. La demanda deprimida tanto en Europa como en Estados Unidos ha afectado a las fábricas. La huelga de los metalúrgicos fue una de muchas en los últimos meses, la mayoría de ellas en las tierras que son el corazón de las exportaciones de manufacturas de China, cerca de la costa.
Los exportadores chinos no enfrentan un shock tan grande ahora como a fines de 2008, cuando la crisis financiera causó un abrupto colapso de la demanda y la pérdida de 20 millones de empleos de trabajadores migrantes. Pero, en aquel momento, la recuperación de China fue rápida, ayudada por el estímulo al gasto de 4 billones de yuanes (más de US$ 630.000 millones al tipo de cambio actual), así como por los programas de estímulo de las economías del mundo desarrollado. El impacto sobre los trabajadores migrantes fue mitigado aún más por la coincidencia de la caída económica con las vacaciones por el año nuevo lunar, cuando la mayoría de los migrantes retorna a sus lugares de origen por períodos largos.
Esta vez, los exportadores enfrentan un extenso período de crecimiento lento en las economías desarrolladas, y el riesgo de que puedan empeorar las dificultades de la Eurozona. Quienes definen las políticas en China no quieren otro desenfreno crediticio que puede significar una carga sobre el sistema financiero con más deuda incobrable, encima de los préstamos acumulados en el anterior desenfreno. El déficit presupuestal relativamente bajo (alrededor del 2,5% del PIB, en 2010) da espacio para gastar más en viviendas sociales y seguridad social, reducir los impuestos a las pequeñas empresas y dar subsidios al consumo. Eventualmente, estos podrían ayudar a promover el consumo privado.
RENOVACIÓN. El plan de largo plazo para China es librarse de su dependencia en las exportaciones y proyectos de inversión como rutas, ferrocarriles y desarrollos inmobiliarios con precio excesivo, y hacer jugar un papel mucho más importante para alimentar el crecimiento al consumo doméstico de bienes y servicios. Pero, ese nuevo equilibrio será un esfuerzo largo y difícil. Las autoridades no quieren terapia de choque, debido a que podría amenazar los empleos de muchos de los 160 millones de migrantes que llegan desde las zonas rurales a proveer mano de obra barata detrás de las exportaciones chinas.
Este dilema económico se ha hecho más agudo en un momento políticamente delicado para el Partido Comunista. Más adelante en el año (probablemente en octubre o noviembre), el partido realizará su 95° congreso, el 18° desde su fundación en 1921, en el que comenzarán a desarrollarse cambios arrolladores en el máximo liderazgo del país.
El congreso "elegirá" un nuevo Comité Central de 300 miembros (en realidad, será elegido a dedo por los líderes más antiguos). El comité se reunirá de inmediato para votar en bloque la designación de un nuevo Politburó, un cuerpo que en la actualidad tiene 25 miembros. Casi todos, con excepción de dos de los nueve miembros del círculo interno, que es la Comisión Permanente del Politburó, serán reemplazados. Hoy dos designaciones son seguras: el vicepresidente Xi Jinping reemplazará al presidente Hu Jintao (como jefe del partido después del Congreso y como presidente en marzo siguiente); y Li Keqiang para sustituir a su jefe, el primer ministro Wen Jiabao, también en marzo. Habrá muchas maniobras por los otros puestos.
Ha transcurrido una década desde que China experimentó un cambio de liderazgo de esta escala y la primera vez desde fines de los años `80, que el advenimiento de una nueva generación de líderes coincidió con un momento tan problemático para la economía. La vez anterior, en 1988, el estallido de la inflación desordenó los planes de sucesión de Deng Xiaoping y dio a los conservadores munición para atacar a sus protegidos liberales. La lucha en el partido salió en público el año siguiente cuando los estudiantes que reclamaban mayor libertad se congregaron en la Plaza Tiananmen.
Las amenazas actuales al partido son muy diferentes, pero el temor a agitación a gran escala todavía persigue al liderazgo. La última década vio el surgimiento de una gran clase media -casi el 40% de la población urbana, como la definen algunos académicos chinos- y una enorme migración desde las zonas rurales hacia las ciudades. El partido no corre riesgos. Gran número de policías sin uniforme están en vigilancia permanente en la Plaza Tiananmen y su entorno. Desde 2008, los visitantes a la vasta plaza deben someterse al escaneo y cacheo al estilo de los que se hacen en los aeropuertos.
VIOLENCIA. El delta del Río Perla, donde se produce un tercio de las exportaciones de China, hay suficientes signos de desasosiego. Fuera de una fábrica que es propiedad de taiwaneses, en Dongguan, una docena de funcionarios policiales con cascos y palos vigila a un grupo de trabajadores furiosos que protestan porque el propietario desapareció. La fábrica no puede pagar sus deudas. Esta vez, temen que después de las vacaciones por el año lunar, no encontrarán sus empleos. Un policía de particular intenta silenciarlos. Entonces, un policía con uniforme avanza con una cámara de video y la mayoría de los trabajadores retrocede y mantiene prudente silencio.
Otros en el delta han sido menos reticentes. En noviembre, miles de empleados de una fábrica de calzado taiwanesa, en Dongguan, salieron a las calles en protesta contra las rebajas salariales y hubo saqueos, supuestamente causados por pedidos en declinación. Los manifestantes dieron vuelta autos y chocaron con la policía. Fotos de trabajadores ensangrentados circularon por Internet. Hubo nuevas protestas en las últimas semanas.
La provincia de Guangdong también vio una ola de huelgas en 2010. En aquel momento los trabajadores -principalmente de fábricas proveedoras de la industria automotora- solo reclamaban salarios más altos y mejores condiciones laborales. La mayoría de esas disputas fueron resueltas rápida y pacíficamente. La última ola de confrontaciones parece diferente. Los metalúrgicos de la fábrica estatal cercana de Chengdu querían un aumento, pero, por estos días, los trabajadores se quejan principalmente de los recortes de salarios y empleos. Las huelgas parecen más militantes.
Un informe publicado el mes pasado por la Academia China de Ciencias Sociales (ACSS) indicó que, en comparación con las de 2010, las huelgas de 2011 fueron mejor organizadas, fueron de más confrontación y con más probabilidades de disparar acciones de emulación. "Esta vez, los trabajadores no estaban dispuestos aceptar que tienen que sacrificarse por el bien nacional, debido a que, en primer lugar, ya hicieron suficiente sacrificio y, en segundo lugar, menos están dispuestos a juntar sus cosas y volver a su casa", señala Geoff Crothall, del Boletín laboral de China, una ONG situada cerca de Hong Kong.
Reacción: Las autoridades policiales advierten a los
huelguistas que pueden enfrentar acciones legales y ser
encarcelados porque están"alterando el orden público".