UNA RELACIÓN DIFÍCIL 

Estados Unidos y Rusia libran la ciberguerra

La nueva realidad que enfrenta a Joe Biden y Vladimir Putin son ataques informáticos a infraestructura.

Antony Bliken, Joe Biden, Vladimir Putin y Sergei Lavrov reunidos en la Villa La Grange, situada en Ginebra. Foto: AFP.
Antony Bliken, Joe Biden, Vladimir Putin y Sergei Lavrov reunidos en la Villa La Grange, situada en Ginebra. Foto: AFP.

Durante 70 años, las reuniones entre presidentes de Estados Unidos y líderes de la Unión Soviética y después Rusia estuvieron dominadas por una amenaza: los vastos arsenales nucleares que las dos naciones comenzaron a acumular en la década de 1940 como instrumentos de intimidación y, si la disuasión fallaba, de mutua aniquilación.

En la actualidad, como quedó confirmado en la cumbre entre los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin, el miércoles último en Ginebra, las armas cibernéticas son por primera vez la máxima prioridad.

Ese cambio se ha estado gestando durante una década, a medida que Rusia y Estados Unidos, los dos adversarios más hábiles en el terreno cibernético, han recurrido a un creciente arsenal de técnicas para librar lo que se ha convertido en un conflicto diario de bajo nivel. Pero en las cumbres, ese tipo de justas por lo general eran tratadas como un espectáculo secundario en comparación con la competencia principal de las superpotencias.

Ya no es así. El ritmo y la sofisticación cada vez mayores de los recientes ataques a la infraestructura de Estados Unidos han revelado un conjunto de vulnerabilidades que ningún presidente puede ignorar. Varias empresas estadounidenses del grupo informático Solar Winds, la red de oleoductos Colonial Pipeline que se extiende por el este del país, el gigante mundial de la carne JBS, operaciones de hospitales y la propia internet, fueron objeto en fechas recientes de ataques mediante ransomware, un programa que encripta los sistemas informáticos y pide un rescate para desbloquearlos.

Por ejemplo, los ciberataques causaron alteraciones en el suministro de combustibles y aumentos en los precios de las naftas.

La policía federal de Estados Unidos los atribuyó a piratas con base en Rusia.

Pero, Putin rechaza esas acusaciones y califica de grotesca la idea de que su país llevara a cabo una guerra informática contra Estados Unidos. “La mayoría de los ciberataques en el mundo proceden del espacio estadounidense”, aseguró y acusó a Washington de no cooperar contra los piratas informáticos.

Respuesta.

“En 2020 recibimos diez solicitudes de Estados Unidos sobre ciberataques contra infraestructuras en ese país llevados a cabo, según ellos, desde el ciberespacio ruso, y dos este año. Siempre hemos respondido de manera exhaustiva”, afirmó Putin, antes de sostener que Rusia envió 45 pedidos similares a Estados Unidos en 2020 y 35 desde enero de este año “sin recibir ni una sola respuesta”.

En Washington, John Devers -responsable de Seguridad Nacional en el Ministerio de Justicia- reconoció que no solicitaron ayuda judicial a Rusia después de los ataques contra Colonial Pipeline o JBS. “Llegamos a un punto en que es inútil”, consideró.

Para Biden, las armas nucleares siguen siendo importantes, como lo es la “estabilidad estratégica”, como se le llama a la contención de una escalada nuclear. Sin embargo, la tarea inmediata - el presidente les dijo a sus aliados en la cumbre del Grupo de los Siete en Cornualles, Inglaterra, y en una reunión de la OTAN en Bruselas- es convencer a Putin de que pagará un alto precio si sigue jugando a ser el maestro de la disrupción digital.

Advertencia.

Frenar los ciberataques no resulta fácil. Si una década de intensificación de los conflictos cibernéticos ha enseñado algo es que las herramientas tradicionales de disuasión han fracasado en gran medida.

Y aunque a Putin le encanta presumir de sus enormes inversiones en nuevos torpedos nucleares y armas hipersónicas, también sabe que no puede usarlos. Su arsenal de armas cibernéticas, en cambio, es utilizado a diario.

Joe Biden y Vladimir Putin. Foto. AFP.
Joe Biden y Vladimir Putin. Foto. AFP.

Después de la cumbre con su par ruso, Biden anunció que acordaron “pedir a expertos de ambos países establecer lo que es inaceptable para cada uno de nosotros y garantizar un seguimiento” de los ataques que proceden de Rusia o de Estados Unidos.

A pesar de esa voluntad de mantener el contacto entre los dos países, era el momento de hacer una demostración de fuerza, sin concesiones. Por eso, Biden reveló que entregó a Putin “una lista de 16 infraestructuras críticas que van del sector de la energía hasta los sistemas de distribución de agua”, los que son, a su juicio, “intocables”.

“Le expliqué que tenemos una importante capacidad cibernética”, indicó. “Si Rusia viola determinadas normas fundamentales, responderemos. Él lo sabe”.

“No hay garantía de que se pueda cambiar el comportamiento de una persona o de su país”, admitió Biden. “Los autócratas tienen un poder enorme, y no tienen que responderle al pueblo por sus acciones”.

“Acusación infundada”, afirma Putin

El presidente Vladimir Putin se niega a reconocer que Rusia utiliza ciberarmas en absoluto, y sugiere que las acusaciones forman parte de una gigantesca campaña de desinformación liderada por Estados Unidos.

“Hemos sido acusados de todo tipo de cosas”, dijo Putin en una entrevista con la cadena de televisión NBC, dos días antes de la cumbre con Joe Biden. “Interferencia electoral, ciberataques, y un largo etcétera. Y ni una vez, ni siquiera una sola vez, se molestaron en presentar algún tipo de evidencia o prueba. Solo acusaciones infundadas”.

De hecho, sí se han presentado pruebas, aunque son mucho más difíciles de mostrar, y sobre todo de explicar, que las fotografías de misiles soviéticos en Cuba que el presidente John F. Kennedy reveló en televisión en un momento crítico durante la crisis de los misiles en 1962.

Sin embargo, Putin tiene razón en una cosa. La facilidad con la que puede negar conocimiento alguno de las operaciones cibernéticas -algo que Estados Unidos también ha hecho, incluso después de realizar ataques considerables contra Irán y Corea del Norte- demuestra por qué los elementos de disuasión que mantuvieron una tensa paz nuclear durante la Guerra Fría no funcionarán con las amenazas digitales.

Durante el gobierno de Barack Obama, una exitosa iniciativa rusa para penetrar los sistemas de correo electrónico no clasificados de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Estado Mayor Conjunto nunca fue atribuida públicamente a Moscú, a pesar de que todos, incluyendo el entonces vicepresidente Biden, sabían lo que indicaba la inteligencia.

La débil respuesta al esfuerzo ruso para influir en las elecciones de 2016 se produjo solo después de que se dieron a conocer los resultados. La reacción de Obama fue leve en comparación: la expulsión de diplomáticos rusos y el cierre de algunos complejos diplomáticos.

Luego llegó el periodo de Trump en el cargo, en el que el mandatario hizo eco, con aprobación, de las negaciones poco creíbles de Putin sobre la interferencia electoral. Estados Unidos perdió cuatro años en los que podría haber intentado establecer algunos estándares globales, lo que Brad Smith, presidente de Microsoft, llama los “convenios cibernéticos de Ginebra”.

Rusos y cibernética: experto dice que es imposible confiar y verificar

Impedir los ciberataques es mucho más complejo que el primer intento de control de armas nucleares que el presidente Dwight Eisenhower abordó con Nikita Khrushchev en Ginebra hace 66 años, justo antes de que la Guerra Fría se convirtiera en una aterradora carrera armamentista y, siete años después, en un enfrentamiento nuclear en Cuba.

El presidente Ronald Reagan dijo: “Tenemos que ‘confiar, pero verificar’”, señaló Eric Rosenbach exjefe de política cibernética del Pentágono, quien ayudó a transitar los primeros días del conflicto cibernético con Rusia, China e Irán cuando Biden era vicepresidente. “Cuando se trata de rusos y cibernética, definitivamente no se puede confiar ni verificar”, estimó Rosenbach.“Los rusos han violado repetidas veces los términos de cualquier acuerdo sobre cibernética en la ONU, y en la actualidad tratan de atar a Estados Unidos de manera sistemática” en un pantano de problemas legales internacionales “mientras atacan nuestra infraestructura crítica”. Estimó que el cibersecuestro de datos le da a Biden una oportunidad.

“En lugar de centrarse en ‘reglas tradicionales’ ingenuamente abstractas, debe presionar con fuerza a Putin para lograr acciones concretas, como detener el flagelo de los ataques de cibersecuestro de datos contra la infraestructura crítica de Estados Unidos”, dijo. “Putin tiene una negación plausible y es probable que la amenaza de sanciones adicionales logre convencerlo de tomar medidas silenciosas contra” los grupos responsables de los ataques.

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