ENTREVISTA
Destacó la postura que tuvo Uruguay al rechazar contundentemente las elecciones presidenciables del 7 de noviembre y afirmó que fue un gesto de "solidaridad con el pueblo nicaragüense".
Carlos Chamorro es periodista de investigación independiente, nicaragüense, fundador y editor de Confidencial. Es hijo de la expresidenta de su país, Violeta Barrios de Chamorro, y de Joaquín Chamorro, director de La Prensa asesinado a tiros durante el régimen de Somoza en 1978. Carlos Chamorro es actualmente una de las voces más críticas al Gobierno de Daniel Ortega, ha sido galardonado con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, entre otros reconocimientos. Entre el 1 y 4 de diciembre vino a Uruguay para participar como ponente en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (Colpin 2021), organizada por IPYS, con el apoyo de la Intendencia de Canelones.
- ¿Cuál es su situación actual en el exilio en Costa Rica?
- Yo salí de Nicaragua en junio para preservar mi libertad y evitar una captura eminente, después de que mi Redacción del Confidencial, el medio que he dirigido por más de 25 años, fue asaltada por segunda vez por la policía el 20 de mayo. Mi casa fue posteriormente allanada, yo ya no estaba en Nicaragua. Oficializaron una orden de captura contra mi persona, fui acusado por el régimen sin ningún fundamento, supuestamente por delitos criminales como lavado de dinero, me acusaron en un juicio en ausencia. En Nicaragua hubo una escalada represiva de capturas de líderes políticos, cívicos, precandidatos presidenciales, defensores de derechos humanos. Hacer periodismo desde el exilio cada vez es más difícil, porque todas las fuentes están amenazadas, sean abogados, expertos, sacerdotes, ciudadanos. El politólogo José Antonio Peraza, el ex Embajador de Nicaragua ante la OEA Edgard Parrales, el periodista Miguel Mendoza, están presos por opinar, o por brindar información. En esta nueva ola represiva han salido al exilio más de 20 periodistas y antes, en 2018, habían salido como 80. Yo regresé a Nicaragua a finales de 2019 después de mi primer exilio de once meses en Costa Rica, pero este año tuve que volver al exilio.
-Su hermana, Cristiana Chamorro, candidata a la presidencia, fue puesta bajo arresto domiciliario; también su hermano el exministro Pedro Joaquín fue detenido. ¿Dónde están ahora?
- En Nicaragua hay más de 160 presos políticos. Entre mayo y noviembre sumaron más de 40 presos políticos, de los cuales 36 están en la cárcel de El Chipote y cuatro bajo arresto domiciliario, entre ellos, mi hermana Cristiana. Pedro Joaquín está en la cárcel de El Chipote, en la que hay otros cinco precandidatos a la presidencia de la República. Entre esos 36 presos, está Dora María Telles, ex comandante guerrillera sandinista, y Ana Margarita Vigil, Suyen Barahona y Tamara Dávila, todas pertenecientes a Unamos, el antiguo movimiento renovador sandinista. Ellas permanecen en celdas de confinamiento solitario. Son casos claros de tortura de estas mujeres reas de conciencia.
- ¿Cabe la posibilidad de que los presos políticos sean liberados, dado que las elecciones pasaron?
- No hay ninguna señal de que eso vaya a ocurrir. El 8 de noviembre, un día después de las votaciones, Ortega dio un discurso virulento, lleno de odio, hacia los presos políticos. Dijo literalmente que eran “los hijos de perra del imperialismo” y que sería bueno que Estados Unidos se los lleve. Lo que Ortega podría llegar a hacer es desterrarlos, o expatriarlos. Hay que aclarar que Ortega no solo anuló las elecciones, sino que también descabezó el movimiento de protesta civil en el país.
- Muchos gobiernos han condenado al régimen de Ortega, ¿eso podría generar un cambio?
- Ortega está aislado internacionalmente, pero el desconocimiento de su gobierno tiene que traducirse en otro tipo de acciones de presión política, y la principal es que se recupere el derecho y las libertades de los nicaragüenses, el derecho de la libertad de reunión y movilización.
Lo que quiero decir es que en Nicaragua no habrá algún cambio solamente como resultado de la presión externa. Se necesita que se recuperen las libertades, que se suspenda el estado policial. Se necesita máxima presión para llegar a un punto en el que se vea obligado a negociar su salida del poder.
- ¿Considera que se puede negociar con las dictaduras?
- Se puede negociar con las dictaduras, el problema es que Ortega no cumplió los acuerdos. En Nicaragua hubo dos diálogos nacionales, uno en mayo de 2018 y otro en marzo de 2019. Ninguno fue respetado. En 2019 negoció una delegación del gobierno, encabezada por el canciller Denis Moncada, con la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia que representaba a diferentes sectores de la oposición, y llegaron a dos acuerdos.
El primero fue que el gobierno se comprometió a liberar a todos los presos políticos en un plazo de 90 días. Y liberó a 200 presos políticos, pero quedaron otros 120 en la cárcel. En un segundo acuerdo, el gobierno se comprometió a restituir todas las libertades constitucionales: libertad de reunión, de prensa, de expresión, de movilización, pero en cambio Ortega fortaleció el estado policial. Como testigos de los acuerdos estaban el delegado de la OEA, el señor Luis Rosadilla, y el Nuncio Apostólico. Entonces, sí se puede negociar con una dictadura, pero tienen que existir los mecanismos de garantías para obligar que los resultados de la negociación se cumplan. Ese fue un fracaso de la comunidad internacional, de la OEA y del Vaticano, que no garantizaron el cumplimiento de los acuerdos de esa negociación.
- ¿Qué piensa del gobierno de Uruguay en el contexto regional?
- Uruguay se ha pronunciado de una manera inequívoca en la OEA, en solidaridad con el pueblo de Nicaragua. También se ha pronunciado de una manera contundente rechazando las votaciones del 7 de noviembre, que no tienen legitimidad. Los nicaragüenses tienen un reconocimiento con todos los gobiernos de América Latina que son solidarios con Nicaragua.
- En el pasado, usted apoyó al movimiento sandinista; estuvo a cargo de la publicidad de la campaña presidencial de Ortega en 1984 y fue director del diario oficialista Barricada hasta 1994. ¿Cómo ve su participación en retrospectiva?
- El compromiso que adquirí sobre todo en 1978 y 79 en la lucha para derrocar la dictadura de Somoza es parte de mi historia, parte de mis convicciones, fui parte de ese movimiento que condujo al derrocamiento de la dictadura de Somoza. La revolución en Nicaragua tuvo mucho consenso en los primeros momentos, en los cuales se abrió una gran esperanza de democracia y justicia social. Por otro lado, la revolución se radicalizó tempranamente y, como resultado de esa radicalización del contexto de la guerra fría que se vivió con la administración Reagan, ese proceso desembocó en una guerra fratricida. Ese es el mayor fracaso de la revolución nicaragüense. Hubo una oportunidad de una transición democrática que se inició en 1990, precisamente cuando mi madre, Violeta Chamorro, ganó la presidencia. Ahora estamos viviendo una regresión autoritaria con Ortega. Yo asumo mis responsabilidades de aquella época y también los errores de los que fui parte en la revolución de 1979, pero he asumido de manera consistente un compromiso con la democracia en Nicaragua.
- ¿A qué errores se refiere, específicamente?
Entre otras cosas, el periodismo que se hizo en la revolución fue un periodismo sometido, atado a una visión partidaria, la guerra y la propaganda deshumanizaron el periodismo. La censura tuvo un efecto extremadamente negativo en Nicaragua y en el periodismo, y yo soy parte de esos errores. Uno tiene que reconocer esos errores y asumir una conducta, una corrección por la vía de los hechos. Salí expulsado del periódico Barricada y hace 25 años fundé Confidencial, que es un medio independiente, que se propone fiscalizar el poder, tomamos partido por las víctimas de la represión.
- ¿Piensa que habrá revueltas, como las de 2018?
La policía está aplicando un método parecido al que se practica en Cuba, de una represión preventiva. Antes de que se produzca una protesta, se establecen cordones de control de casa por cárcel, de facto, y los activistas o ciudadanos son detenidos de antemano. Bajo esas condiciones de estado policial, no es viable que se produzcan protestas masivas como las de 2018. Pero los estallidos son impredecibles.
Lo que hay es miedo. Los nicaragüenses están votando con los pies, en el sentido de que están emigrando. Este año van a migrar más de 100.000 personas. Ven que el futuro es migrar, o aguantar con resignación. Pero lo que hace de esto un problema regional es el incremento masivo de la migración.
- ¿Qué reflexión le merece la libertad de expresión en la región?
-Los periodistas en América Latina estamos pasando por un momento de crisis, pero también hay que reconocer que es un periodismo de resistencia, de resiliencia, de calidad, y que se está haciendo también en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Nicaragua ha tenido mucha atención de los medios de comunicación a propósito de las votaciones del 7 de noviembre, pero la historia no es lo que pasó ese día, sino lo que va a pasar en los días, meses y años siguientes. La prensa internacional debe mantener el radar en Nicaragua y no aceptar la normalización de la violencia y de la dictadura.
- ¿Cómo proyecta la economía de Nicaragua, en un futuro próximo?
- “Hay una gran incertidumbre sobre lo que va a pasar con la economía y con los nicaragüenses. Hay que ver qué pasa el 10 de enero cuando Daniel Ortega tome posesión de su nuevo mandato. Ya hay señales muy claras de que habrá un alto desconocimiento internacional, hay que ver cuánto, en qué grado, y cómo eso impactará en el país.
La antigua alianza que Daniel Ortega llegó a tener con los grandes empresarios y con el sector privado está sepultada. Incluso en las cárceles de la dictadura están detenidos cinco líderes empresariales, entre ellos el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, el vicepresidente y el ex presidente de esa organización. El CEO de uno de los principales grupos económicos, el grupo Promerica, Luis Rivas, también está preso.
En esas condiciones, hay una especie de paro de las inversiones en el país. La economía nacional no se desploma por sí sola. Actualmente la economía nicaragüense tiene el estímulo de la demanda externa, de las exportaciones y de las remesas.
De hecho, este año por primera vez, después de tres años de recesión, la economía tendrá números positivos, pero eso no es sostenible, no hay una expectativa de salida. Lo que predomina es una situación de incertidumbre, en la que hasta hoy el régimen no tiene ninguna propuesta económica, ni social, ni nada más que el vivir en el día a día, mantenerse en el poder hoy y ver de mantenerse mañana”.
“Me siento orgulloso del legado de valores de mis padres”
El hijo de Violeta Chamorro destaca su pasado familiar.
- ¿Qué reflexión le merece su madre, Violeta Chamorro, quien fuera presidenta de Nicaragua (1990-1997) y sobre su padre, asesinado por el régimen de Somoza en 1978, quien marcó un hito en su país?
- Mi madre está en una condición de salud extremadamente delicada, tiene Alzheimer desde hace más de una década y sufrió un derrame cerebral en 2018, de manera que está en una condición hospitalaria muy delicada, en Nicaragua, retirada de la vida pública. Me siento muy orgulloso del legado de mis padres, porque es un legado de integridad, de valores, de democracia para el país. Estoy seguro de que en la reconstruc- ción democrática de Nicaragua, que se va a dar cuando termine la dictadura, algunos de los pilares de esa reconstrucción estarán asociados a esos valores de integridad, democracia, justicia social. Siempre he creído que ese legado no es patrimonio exclusivo de mi familia, es un legado nacional que Ortega y Murillo no lo pueden enterrar, ni ocultar. Ese legado es fundamental para la reconstrucción de la nueva Nicaragua.
- Este es un momento de polarización en la región y de mucho peso de la izquierda, con Fernández en Argentina, López Obrador en México, Maduro en Venezuela, Xiomara Castro en Honduras, es probable que en Brasil vuelva Lula. ¿Piensa que el péndulo de la región se va hacia la izquierda?
- Yo no creo que exista un movimiento pendular. Ciertamente hay tendencias en algunos países donde movimien- tos de izquierda democrática están gobernando y en algunos otros podrían también gobernar. La pregunta que uno se hace es porqué la izquierda autoritaria, que es la que gobierna a Cuba y a Venezuela, es una izquierda que le brinda un apoyo incondicional a Ortega. Sin embargo, también hay una izquierda democrática en América Latina que ha denunciado a la dictadura de Ortega, que ha denunciado las atrocidades y violaciones a los derechos humanos.
- Hace pocos días se reunieron mandatarios de países de la región y de España, integrantes del Grupo de Puebla, en México...
- El Grupo de Puebla emitió una declaración vergonzosa, que no se atreve a condenar las violaciones los derechos humanos en Nicaragua. Esa declaración dice que “esperamos que Nicaragua recupere la paz y la estabilidad, que se superen las disputas que polarizan el país”. Pero en Nicaragua no hay una disputa, lo que hay es una agresión de una dictadura contra la población, y esas cosas tienen que llamarse por nombre y apellido. Yo creo que la izquierda democrática de América Latina debe encarar esa realidad. Cuando digo esto, estoy hablando del gobierno de Alberto Fernández y del gobierno de Manuel López Obrador.