estambul El viaje de Be- nedicto XVI a Turquía que culminó ayer se anunciaba arriesgado y difícil, pero una oración simbólica en una mezquita y la defensa de los derechos de las minorías religiosas, logró un casi milagro. No solo descomprimió la tensión con los musulmanes, tres meses después que en un discurso pronunciado en Ratisbona relacionara a Mahoma con la violencia, sino que concretó un acercamiento con los cristianos ortodoxos.
El Papa llegó el martes a Turquía con la intención de congraciarse con los musulmanes que, a su entender, lo habían malinterpretado. Fue más allá: les regaló una imagen que habla por sí sola.
El jueves por la tarde, durante su visita a la Mezquita Azul de Estambul, Benedicto XVI y su anfitrión, el mufti Mustafa Cagrici, permanecieron inmóviles el uno junto al otro, ante el "mihrab", el lugar que indica la orientación de La Meca, con las manos cruzadas sobre sus vientres en una actitud de rezo clásica musulmana.
El jefe supremo de la Iglesia católica musitó allí "una oración íntima", según el Vaticano. Este gesto, el más significativo de su visita, caló muy hondo en Turquía, donde el 99% de la población es musulmana. "La oración" de Benedicto XVI es "más significativa aún que una disculpa", afirmó el mufti Cagrici.
Justo antes de emprender ayer el viaje de vuelta a casa, el Papa, de 79 años, confesó que dejaba "una parte de su corazón" en Estambul. AFP