El incómodo nuevo presidente de alemania

Decisión. Merkel debió ceder a las presiones de la oposición y aceptar a Joachim Gauck

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Aplacado ya el enojo y tragado el sapo de su derrota, la canciller Angela Merkel ordenó dar fumata blanca y convocó a la prensa para anunciar que Joachim Gauck será el próximo presidente federal de Alemania.

La Asamblea Federal elegirá a Gauck el 18 de marzo. Esta semana lo presentaron conjuntamente los líderes de cuatro formaciones parlamentarias. Merkel, por los democristianos (CDU); Philipp Rösler, por sus socios liberales del FDP; Sigmar Gabriel, por el Partido Socialdemócrata (SPD), y Claudia Roth y Cem Özdemir, por Los Verdes, sonreían para celebrar el acuerdo, que solo deja fuera a la Izquierda (Die Linke).

Pero todas esas sonrisas de alivio, de compromiso o de victoria, según el caso, también intentaban disimular el otro consenso: en realidad, Joachim Gauck no satisface del todo a ningún partido. Es así: el undécimo presidente federal de Alemania se perfila como una figura incómoda.

Empezando por lo más obvio: Merkel y su Unión Demócrata Cristiana (CDU) no querían que Gauck fuera presidente, porque fue el candidato de la oposición hace año y medio. La Asamblea Federal es un órgano compuesto por la Cámara baja legislativa y representantes de los Estados federados. Con una mayoría escuálida desde 2011, la coalición de centroderecha está abocada a pactar un candidato de consenso con la oposición.

En 2010, CDU y FDP aún tenían fuerza suficiente en la Asamblea para imponer a un candidato propio: Christian Wulff (CDU). Pero SPD y Los Verdes se sacaron de la manga al conservador Gauck, el pretexto ideal para que muchos críticos de Merkel le dieran un toque de atención desde su propia bancada. CDU y FDP acababan de perder el estratégico gobierno de Renania del Norte-Westfalia y los desembolsos millonarios de las primeras ayudas a Grecia levantaban ampollas entre los conservadores. Así que muchos democristianos y aún más liberales no quisieron privarse de votar al viejo anticomunista y pastor luterano Gauck. Forzaron una segunda y hasta una tercera ronda de votaciones.

Con los nervios a flor de piel, en 2010 Merkel consiguió una pírrica victoria para Wulff. Sus dificultades arrojaron dudas sobre el liderazgo de Merkel, que tardó en superar. El propio Wulff se ha encargado de actualizarlas con un escándalo de corrupción que culminó en su renuncia hace tres semanas.

Riesgo. Los mismos testigos que describen el "ataque de ira" de Merkel durante las largas negociaciones cuentan que el FDP amenazó a los democristianos con romper la coalición si no aceptaban a Gauck como candidato con SPD y Los Verdes. El dramático pulso reveló que la coalición está muy lejos de superar las diferencias internas.

La designación de Gauck encierra un riesgo más, pero Merkel podrá compartirlo con los otros partidos que votarán por él el 18 de marzo. El candidato ha demostrado que será un presidente incómodo y que no se plegará a compromisos con ninguno de los cuatro grupos implicados en su designación. Un editorial del semanario liberal Die Zeit señala que Gauck sacudirá "el consenso multicultural y feminista en el que se han movido todos los partidos" democráticos. El debate político alemán podría experimentar un auge "sin peligro de que caiga en el populismo o en el ataque a las minorías". La presidencia federal es un cargo de representación sin atribuciones ejecutivas.

Rigidez. Gero Neugebauer, experto en partidos políticos del Instituto Otto Suhr en Berlín, ha expresado sus reservas contra Gauck. Critica "su conservadurismo y su convicción de estar siempre en lo cierto". En el Partido Verde, cuyo dirigente Jürgen Trittin fue uno de los principales promotores de la candidatura de Gauck, ya se han alzado diversas voces críticas. El parlamentario Memet Kilic, por ejemplo, aseguró que no votará por él en la Asamblea. El jurista de origen turco explica con calma que Gauck "decepcionó a muchos inmigrantes cuando alabó a Thilo Sarrazin". Fue en una entrevista concedida al diario suizo Neue Zürcher Zeitung, donde Gauck dijo que el autor de Alemania se Suprime, un polémico libro de contenido racista, "ha demostrado coraje" al publicarlo.

Pero también se relativiza su peso. SPD y los Verdes "podrán distanciarse o criticar sin problemas a Gauck, que tampoco es ningún extremista", dijo Neugebauer. Más preocupantes le parecen otras carencias, como "su ignorancia en asuntos de extrema actualidad": la citada inmigración, pero también la Unión Europea y el funcionamiento de estructuras financieras.

Aquí habla el viejo disidente de la RDA, que militó a última hora para evitar que el régimen socialista se recobrara en sus estertores. Una de las críticas más duras llega del verde Hans-Jochen Tschiche, fundador del movimiento Nuevo Foro y compañero suyo en el primer parlamento libre de la RDA. Tschiche acusa en el semanario Der Freitag: "Gauck solo abandonó los muros protectores de su iglesia a finales de 1989", cuando el régimen ya estaba hundido. Lo acusa de falsear su pasado y engalanarse "con honores que no le corresponden". El propio Gauck ha dicho en diversas ocasiones que admira "a los que se enfrentaron con la cárcel".

Nacido en Rostock en 1940, Gauck no conoció directamente los horrores de la II Guerra Mundial. Ha insistido en que sus experiencias personales con el régimen no fueron determinantes en su posterior actividad política. Creyendo que no le permitirían dedicarse al periodismo, Gauck decidió estudiar teología. Queda constancia de que la Stasi vigiló sus actividades como pastor en una colonia de torres residenciales en las afueras de Rostock.

Uno de los mayores méritos de Gauck fue contribuir a que la unificación de 1990 no supusiera la liquidación de la memoria histórica. Defendió la conservación científica del archivo de la Stasi y abogó por que cualquier alemán tenga derecho a conocer su propio pasado en la dictadura.

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