EE.UU. mira nostálgico al antiguo sueño americano

Pasado. La realidad cambió, aunque hay pocas protestas

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DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE

No disminuye el alto desempleo, ejecutivos conducen taxis, hay pesimismo en la gente y todo lleva a suponer que la recuperación será lenta. Hay millones sin trabajo, pero son pocas o inexistentes las protestas agresivas y casi nadie levanta la voz.

Basta pasar a diario, con paso tranquilo, observando hacia un lado u otro y el panorama se repite, unos están en abierta expresión de apoyo, otros de protesta y la mayoría son turistas, con sus cámaras y posando en la foto histórica del viaje a Washington. Sólo una lluvia muy intensa o una gran nevada opera como factor disuasivo para que esos centenares de disímiles personas, portando carteles, banderas, fotografías gigantes, a veces entonando estribillos a favor o en contra, suavemente, sin gritos, no integren diferentes grupos frente a las puertas de la famosa Casa Blanca, en la avenida Pennsilvania 1600.

El viernes, unos manifestaban su adhesión al Dalai Lama y pedían que lo dejaran llegar al Tíbet, epicentro del terremoto que acaba de asolar China. Eran, lógicamente, casi todos asiáticos, aunque también se sumaba alguna ama de casa que habitualmente se integra al grupo que le despierta mayor simpatía y disfruta un rato la tarde y también de una desconocida compañía que le evita el doloroso problema de la soledad.

China es el centro de las quejas, los numerosos residentes del barrio de la calle 7ª se alternan para hacer oír su queja contra el gobierno totalitario de turno de la gran potencia de Asia. Los veteranos de guerra son también habituales, los inmigrantes, en general centroamericanos, los desempleados. Todos conforman un conglomerado que se ve con regularidad, aunque no intercambian demasiados saludos. Llegan alrededor de las 9 o 10 de la mañana y se van a mediodía y otros están a esa hora y se retiran a las 17 como si firmaran el reloj de una oficina. Doblan los carteles o las banderas, se miran y caminan en perfecto orden hacia algún punto cercano.

Están tan acostumbrados a esas protestas pacíficas y organizadas que se ubican frente a la Casa Blanca en un lugar que no dificulte la visión de los turistas o paseantes o la toma de la foto o del video. Nadie se mete con nadie y todo transcurre en completa paz.

Muy pocas veces se aprecia alguna queja más agresiva, se oye algún grito o se lee un cartel con fines de agraviar. Últimamente con la crisis, el aumento del desempleo (inamovible en 9,7% desde hace cuatro meses), la desesperanza de los ilegales, la encarnizada puja entre el oficialismo demócrata y el republicanismo, de pronto asoma algo que quiebra esa tranquilidad habitual.

Hemos visto, aunque fugazmente, algún cartel, no de grandes proporciones, con la foto de Obama y debajo la palabra "¡Socialista!" u "Obama, bla, bla, bla, ¡basta de impuestos!" No más allá de esos ataques. Pero ¡cuidado!, no hay tampoco alusiones a favor de los republicanos. Por el contrario, de vez en cuando surge alguna crítica a George W. Bush.

Este cuadro pinta en parte el espíritu americano. Con más de 15 millones de personas sin trabajo y un buen número con empleo zafral precario, con aumento de "homeless" en las calles y colas para la comida de alguna ONG en las plazas, miles de inmigrantes que han quedado desocupados y no logran los papeles que le faciliten las puertas laborales, gente que ha perdido sus casas por la "explosión" de la burbuja inmobiliaria y una baja en la enseñanza pública, especialmente en la zona donde habitan afroamericanos, por falta de recursos reparar los locales o los salarios docentes, rara vez se escucha o se observa una reacción de protesta violenta , gritos o insultos desmesurados.

Es, sin duda, un pueblo que procura no agitar las aguas y "vivir y dejar vivir" al vecino, al transeúnte, a todo aquél que, sin distraerse mucho, va por las calles sin rozar a nadie y evitando llamar la atención.

En cinco años de residencia en Estados Unidos, nunca vi un acto de violencia. Eso no significa que no los haya, no hay que olvidarse de las reacciones de desequilibrados, depresivos o desesperados, que de pronto "barren a balazos el entorno". Pero normalmente son excepciones en un país de 307 millones de habitantes.

Hay soledad en la gente. Y muy grande. Se los ve sentados en un banco de la plaza solos, sin hablar con nadie o tirando pan a las palomas o con el perro de la cadena. También en restoranes, en las barras, donde, acomodados en la butaca y "pegados" a otros que llegaron a su entorno y miran los gigantes televisores, o están aislados en una mesa y de pronto intercambian alguna frase con el mozo o la moza, normalmente jóvenes estudiantes.

¿Por qué esa soledad? La familia se mantiene más o menos unida hasta que los jóvenes ingresan a la Universidad. Allí se alejan a otro estado o aún en el mismo viven en las residencias universitarias o en apartamentos o casas que alquilan entre varios. Los estudios les absorben el día y, si tienen tiempo libre, tratan de "hacer algún trabajo" que les permita ayudar a pagar los estudios de alto nivel, muy caros por cierto, que van desde 25 o 30 a 40 mil dólares anuales. Hay préstamos, pero la cuota mensual no es baja.

Esta es una etapa tan difícil que muchos estudiantes deciden tomar un "año sabático para trabaja full time" y financiar el año siguiente universitario. Existen becas y no pocas. Por altas calificaciones de las etapas previas, por deportes, por buenos antecedentes si se es extranjero con buena conducta y mejor inglés. Pero desde esta etapa comienza la separación familiar. Acá los traslados son a distancias enormes, casi como un viaje desde Europa o América del Sur. Y poco a poco la relación se convierte en telefónica, por correo electrónico y en encuentros cuando festejan "Thanksgiving (Día de Acción de Gracias) o Navidad.

La realidad actual estadounidense exhibe grandes dificultades económicas y sociales y con la seria sombra de los conflictos internacionales.

Hay mucha gente que empieza a dudar del famoso y tradicional "sueño americano". No ve rápidas mejores y especula que culminando una preparación, estudios, tecnología, largas horas de trabajo, es mucho más dificultoso y cuando no imposible, llegar a "muy buen estándar de vida". Con constancia, aún con comienzos muy humildes, es difícil alcanzar posiciones encumbradas sin intervención a favor o en contra de factores de raza o religión. Antes valían sólo los méritos individuales, antes que la "vinculación o la recomendación".

Pero la realidad económica ("se ha salido de la recesión, pero la recuperación será lenta", acaba de señalar el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke) es bastante negativa. Seguirán los tasas de intereses bajas -entre 0 y 0,25%- desalentando el consumo, hasta ahora el verdadero motor de la economía. Y el déficit fiscal continúa creciendo, se situó en febrero en 221.000 millones de dólares, un récord, 14% superior al año anterior.

Hay profesionales que ocupaban altos cargos a lo largo y ancho del país que, despedidos durante el comienzo de la crisis, no han logrado reubicarse y sólo concretan trabajos temporales de taxistas o guías turísticos. Un drama que observé directamente en dos ejecutivos argentinos que tenían importantes puestos en una petrolera y en una financiera en Wall Street. Hoy viven en un modesto apartamento en Nueva Jersey esperando tiempos mejores. Numerosos inmigrantes han perdido el empleo y están haciendo las valijas para volver al país de origen.

No todos miran el lado negativo. Las últimas encuestas en el exterior detectan una notoria mejoría de la opinión de los europeos: 46% afirma que la actual política exterior estadounidense es positiva y 34%, que es negativa. Hasta hace escasos meses los números eran radicalmente contrarios.

Casi todos la ven como un triunfo clave de Obama la aprobación del Seguro de Salud por el Congreso, pero las expresiones del hombre de la calle se dividen. Temen que la financiación descanse en un abultado aumento de impuestos. Se discute en estos momentos la reforma financiera, se regulará la función de los bancos y financieras en forma rigurosa. Pero se "tocan" grandes intereses y los rozamientos en el Congreso abundan, y ni que hablar en Nueva York.

Sin duda, un panorama confuso domina hoy todo Estados Unidos. Los más optimistas ven un retorno a los dulces tiempos de una economía floreciente en dos o tres años, en tanto los pesimistas creen que el gigante podrá respirar y reducir deudas, incrementar exportaciones y crecer de nuevo tecnológicamente después de 2015. En noviembre, se llevarán a cabo elecciones parciales del Congreso (Diputados en pleno y un tercio del Senado), el resultado será el "jokey" del "Yes, we can!" de Barack Obama o el retorno a mayorías republicanas.

Manifestaciones: A diario se reúnen frente a la Casa Blanca por muy variados motivos.

Exterior: Las últimas encuestas señalan que para el 46%, la política externa es buena.

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