ARGENTINA

Cambio económico tuvo un elevado costo social

Carlos Menem aplicó plan de convertibilidad y privatizó íconos argentinos. El expresidente aseguró a Julio María Sanguinetti que si Perón estuviera vivo, también privatizaría.

Carlos Menem. Foto: archivo El País.
Carlos Menem. Foto: archivo El País.

Fueron diez años de una política económica que marcaría a fuego a varias generaciones y cuyos efectos aún perduran.

Carlos Menem llegó a la Casa Rosada en julio de 1989 con la promesa de la revolución productiva en medio de una hiperinflación desbocada que sepultó el sueño alfonista, y dejó el poder en 1999 en un escenario dominado por una economía estancada y crisis explosiva de la deuda y del empleo. En el legado económico de la década menemista confluyen el triunfo sobre la inflación, la conquista de la estabilidad como base de las reglas de juego, la apertura de la economía y las privatizaciones con la duplicación de la desocupación y de la deuda externa, el aumento y la consolidación de la pobreza estructural y la concentración de la riqueza.

Hubo que esperar 22 meses de un gobierno sin rumbo hasta que en abril de 1991, Domingo Felipe Cavallo -su cuarto ministro de Economía desde 1989- lanzó el Plan de Convertibilidad, que terminó con la inflación y la inestabilidad cambiaria e inauguró un período de transformaciones estructurales del sector público, privatizaciones y cambio en las reglas de juego de la economía privada. Ese programa sepultó al austral y dio nacimiento al peso. Desde entonces, un peso sería igual a un dólar y así se mantendría hasta la explosión de la crisis de diciembre de 2001.

Ese cambio rompió con el estancamiento económico de los ochenta y registró un crecimiento sin precedente, pero, sobre todo, devolvió la sensación de estabilidad a los argentinos. La alta adhesión popular al Plan de Convertibilidad le dio el respaldo necesario para instrumentar aquellas medidas. Como consecuencia de ello, la economía creció y el PBI aumentó un 52,6% (1990-1999), pero no se alcanzó el desarrollo que se prometía. En cambio, se fraguó a fuego lento una sociedad desigual mientras el país contraía una elevada deuda, que lo dejó muy vulnerable frente a los shocks externos.

La agresiva política de privatizaciones incluyó la venta de empresas de servicios públicos ineficientes (teléfonos, gas, agua, electricidad, correo), petroquímicas, ferrocarriles, medios de comunicación, astilleros, fábricas militares, hipódromos, y también la disolución de empresas estatales deficitarias u organismos que en el nuevo esquema de desregulación carecían de sentido, como la Junta Nacional de Carnes y de Granos. En ese período pasaron a manos privadas, se concesionaron o desaparecieron algunos íconos, como Entel, Aerolíneas Argentinas, YPF, Gas del Estado.

Julio María Sanguinetti recordó a la agencia Efe el diálogo que tuvo con Menem sobre las privatizaciones. Estimó que la irrupción en la vida política de Menem “muy marcante” ya que cambio “radicalmente” lo que era la tradición peronista en cuanto ulanzó programa “muy fuerte” de privatizaciones.

“Una vez me visitó cuando recién fue electo y yo estaba en la presidencia y me cuenta su programa de privatizaciones y regulaciones y yo le digo, ¿pero, Carlos, vos sos peronista, te votaron como peronista, y me estás hablando de privatizar lo que el general Perón nacionalizó?”, expresó. “Luego me dice, sí, porque si el general Perón estuviera vivo hoy también estaría con la privatización. Él hizo lo que había que hacer en aquel momento y yo voy a hacer lo que hay que hacer en este momento”, relató.

La contracara de las transformaciones económicas fue el aumento de la desocupación y la consolidación de la pobreza estructural en los cordones superpoblados de las grandes ciudades, en especial en el Gran Buenos Aires. Esta nueva fisonomía de la sociedad desigual ha permanecido invariable hasta la actualidad. La reconversión del Estado por medio de las privatizaciones y el cierre de fábricas expulsaron a miles de trabajadores que no fueron reabsorbidos por la nueva matriz económica. El desempleo pasó de 7,6% de la población económicamente activa en 1989 a 14,3% una década después. Un tercio de la población, alrededor de 13,4 millones de personas, era pobre al final del mandato de Menem, según estudios del Banco Mundial.

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