La declaración de intención que firmaron en Buenos Aires los mandatarios de Argentina y Brasil pudiera no haber presentado muchos detalles específicos, pero sí emitió un claro mensaje: los países sudamericanos se resistirán a los esfuerzos de Estados Unidos con miras a socavar su unidad en reuniones regionales y mundiales de comercio.
Es probable que el mensaje conjunto no pase desapercibido en Washington, en particular a medida que los negociadores de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en Ginebra, luchan por rescatar lo que pueden del desastre de la reunión de la OMC en Cancún, y EE.UU. alberga la esperanza de que una reunión, la cual se llevará a cabo el mes entrante en Miami, acerque al Hemisferio Occidental a un acuerdo sobre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que se extendería desde Alaska hasta la Antártida, el cual supuestamente debería ser creado para enero del 2005.
Recurriendo a un lenguaje extremadamente severo, diplomáticos de Estados Unidos responsabilizaron a Brasil por el fracaso de Cancún, afirmando que mostró demasiada obstinación en la defensa de las demandas de los países en desarrollo, relativas a dar fin a los subsidios agrícolas en los países industrializados.
Después de las conversaciones en Cancún, el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert B. Zoellick, calificó a Brasil como el líder de los países que dicen "no", y advirtió que Estados Unidos podría optar por lograr acuerdos bilaterales con naciones que digan "sí".
Desde entonces, el grupo de 22 países en vías de desarrollo, entre los cuales se cuenta a Brasil, China, India y Sudáfrica, se redujo a 12. Todo parece indicar que los desertores, que incluyen a Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala y Perú, cedieron bajo la presión estadounidense.
Incluso sectores favorables a las empresas y algunos funcionarios gubernamentales en Argentina y Brasil vacilaron, dejando entrever que sus negociadores deberían adoptar una postura más conciliadora en Miami.
En vez de ser así, los dos presidentes, Néstor Kirchner, de Argentina, y Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, firmaron la declaración conjunta, conocida como el Consenso de Buenos Aires, mezcla de una política de economía de libre mercado y austeridad fiscal.
En la firma de la declaración, asesores del Presidente da Silva restaron importancia a las críticas estadounidenses, diciendo que el Presidente meramente está haciendo lo que siempre hace el Presidente George W. Bush: defender los intereses nacionales de su país.
"Un país de 176 millones de habitantes no puede ser aislado", afirmó Marco Aurelio García, asesor de política exterior de Lula, "y si un país tiene una sólida alianza con Argentina, Sudáfrica y la India, incluso menos".
Describió los esfuerzos de Estados Unidos con miras a mermar la alianza de países en desarrollo como "chantaje político", aunque insistió en que, "Con nosotros, no funcionará".
En Kirchner —quien adoptó una postura beligerante en contra de grandes empresas, en particular las de servicio público y bancos, acreedores extranjeros y el FMI desde que asumió la presidencia, en mayo— Lula da Silva ha encontrado un firme aliado.
No sólo es que ambos tengan gobiernos afines ideológicamente, sino que los dos son superpotencias agrícolas —juntos produjeron más soja este año que Estados Unidos— y tienen un número creciente de intereses en común.
De manera similar, dependen menos de Estados Unidos y la Unión Europea que en años pasados, ahora que China está abriendo su economía y necesita comprar alimento.
"Antes, Brasil y Argentina tenían que bailar al son del G-7, ya que en esos países estaban los sus únicos mercados para sus productos, pero todo eso está cambiando", aseguró Walter Molano, economista en jefe de América Latina en BCP Securities. Actualmente, dijo, "Sudamérica se está percatando de que el futuro no se encuentra en Estados Unidos, sino en el otro extremo del Pacífico, donde existe la demanda de alimento".
No obstante, algunos observadores temen que los sudamericanos pudieran andar con más cuidado cuando se trata de lidiar con Estados Unidos.
"Brasil está luchando por tener acceso igualitario al mercado y esa es una lucha justa", dijo Eliana Cardoso, catedrática que está de visita en la Universidad de Georgetown, en Washington. "Sin embargo, la confrontación directa no ayudará al Brasil".
Si bien presiden de manera conjunta las reunions de libre comercio para las Américas, Brasil y Estados Unidos tienen opiniones divergentes con respecto a cuál debería ser la conformación de una zona de libre comercio. Confrontado con la negativa de Washington en repetidas ocasiones de incluir a la agricultura, Brasil dice que no admitirá normas de inversión propuestas por Estados Unidos.
Quizás no es de causar sorpresa que las conversaciones se hayan atrasado con respecto a su programa. No obstante, García pronostica que, al final, se alcanzara un acuerdo que sea aceptable para ambos.
"Sí, existen puntos reales de conflicto", afirmó. "Pero, ¿quién desea realmente una política de confrontación con Estados Unidos en Brasil o con Brasil en Estados Unidos? Nadie".
© "The New York Times"