El 26 de diciembre de 2004, el día que se desató el maremoto sobre el sudeste asiático, millones de personas vieron por televisión una catástrofe tan desproporcionada como difícil de asimilar. Una de esas personas fue Gladys Martirena. Ese día, frente al televisor, Gladys vio encada rostro, en cada cuerpo, en cada prenda de vestir, la imagen de su hijo. "Todos los cadáveres que veía, en cada uno de ellos, veía a Martín", recuerda.
Martín es Martín González (27), su hijo, quien desde el 8 de diciembre se encuentra en Indonesia, el país que más ha sufrido las consecuencias del Tsunami que arrasó hasta ahora con las vidas de más de 150 mil personas.
"Estaba en el trabajo, no pude hacer nada, no pude hablar. Todos los muertos eran mi hijo. Allá son todos morochitos, Martín es morochito", dice Martirena. "Hasta la ropa que veía me parecía que era la de él". El, Martín González, y otros cuatro compatriotas, están en Kuta, ciudad costera de Bali, una de las 13.000 islas que componen ese gigantesco archipiélago —el más grande del mundo— que es Indonesia. "Llamé a los padres de los demás muchachos que están allá, y me dijeron que no me preocupara, que estaban bien, que estaban lejos de la zona del maremoto". Pero igual, los nervios y la angustia le envenenaron la sangre. Hasta que telefoneó su hijo. "Martín llamó el domingo de noche y me aseguró que estaba bien —dice—, que todos estaban bien". Los datos fueron confirmándose entre los padres de los cinco uruguayos que juegan al fútbol en Indonesia: Alex Cabrera, Cristian González, Marcelo Moreno, Adolfo León, y Martín González, el hijo de Gladys.
DIA DE ENTRENAMIENTO. El 26 de diciembre, cuando la Tierra tembló, los futbolistas uruguayos hacían lo de siempre: entrenaban. Y como siempre, lo hacían en el mismo lugar: en la playa.
"Ese día —recuerda González— fuimos a practicar a la playa, como hacemos siempre. Notamos que el mar estaba crecido, los que están desde hace más tiempo que yo decían que estaba bastante crecido, pero no teníamos idea de la magnitud del fenómeno, no sabíamos que ocurría lo que estaba ocurriendo". Fue la televisión la que se encargó de ofrecerles una idea. "Cuando volvimos y vimos las imágenes por televisión, no lo podíamos creer", cuenta con asombrosa calma. "Inmediatamente hablé con mi familia".
En Uruguay, su madre, su abuela y sus hermanas, como gran parte del planeta, también vieron la catástrofe por televisión. Y como gran parte del planeta, tampoco lo podían creer.
Gladys recibió aterrada el llamado de su hijo, que intentó de inmediato tranquilizarla, explicándole su situación, dónde se encontraba y cómo estaba. Y estaba lejos. O casi. Bali se encuentra a unas dos horas de vuelo de Sumatra, el epicentro de la tragedia, el punto donde se inició el seísmo que dio paso a los violentos maremotos. "Ellos sintieron apenas un pequeño temblor", comentó Gladys. "Están lejos de la zona del desastre".
Lejos de lo que se veía en la televisión, porque las islas de Indonesia —todas— se ubican sobre una zona de intensa actividad sísmica y volcánica conocida como El Anillo de Fuego del Pacífico. Por eso es que hoy en todo el archipiélago todavía se vive en estado de alerta. Incluyendo los uruguayos.
"Tenemos el equipaje preparado, estamos alertados, listos para partir en caso de una evacuación", afirma el futbolista. Si algo ocurre, tres vehículos están a disposición de los jugadores para trasladarlos hacia las tierras altas de Bali, donde permanecerán a salvo. Por eso es que González suena tan tranquilo. "Nuestro manager nos cuida", dice.
"Después de los maremotos nos prohibieron bajar a la playa para entrenar". La prohibición, recuerda, fue impuesta a todos los habitantes de la paradisíaca Bali. "Durante los 10 días que siguieron al Tsunami practicamos en un gimnasio. Volvimos a la playa hace poco. Y ya hay gente que se está animando a bajar, pero es poca". Hasta ahora, el maremoto se ha tragado más de 100.000 vidas en Indonesia, siendo el país más perjudicado por la catástrofe (el total de víctimas supera la cifra de 150.000). De todos modos, más allá del hecho en sí, a González le llama la atención el tratamiento del mismo, y de sucesos vecinos, en la prensa y la televisión. Además de los cuerpos que dejó el seísmo, los crímenes, contó González, por lo general son presentados de una manera muy gráfica.
"En los diarios, en la televisión, te muestran cadáveres, personas degolladas, por ejemplo, con total naturalidad", dice sin disimular su desconcierto. "Sin embargo, no ves ni un beso".
ALERTA. Los pedidos de ayuda son constantes. En los diarios, en las radios, en la televisión. Sobre todo en la televisión. "Todo el tiempo", dice González. "Aquí la gente está tan concientizada como temerosa". Y ejemplifica: "Por cuestiones religiosas antes se rezaba cinco o seis veces. Ahora los rezos se duplicaron".
Así como las concepciones de la vida y la muerte, del sexo y la religión son diferentes, el entusiasmo por el fútbol en esta zona del mundo no se parece demasiado a como este deporte se vive en otras regiones. Es que también existen, se sabe, otras preocupaciones.
Una carrera ascendente en Bali
Martín González comenzó desde muy temprano en la Escuela de Fútbol de Defensor Sporting, luego jugó ocho años en Nacional, estuvo una temporada en Atenas, Grecia, y de regreso en Uruguay pasó por Racing. Estudiaba medicina, estaba en tercer año pero debió suspender por un tiempo los estudios ahora que está en Bali. Cuando termine su carrera futbolística en esta isla de Indonesia piensa volver a sus estudios de medicina y recibirse.
El contacto surgió por intermedio de otro uruguayo, Alex Cabrera. Ambos, como otros tantos jugadores latinoamericanos que participan del fútbol de Indonesia, llegaron hasta allí para entrenar y competir alternándose en diferentes equipos deportivos. En este mes, González ha pasado por Perseden y Persecaba, dos cuadros de la segunda división, y seguirá pasando por otros planteles.
De eso se trata, ese es el mecanismo: los jugadores practican en distintos equipos, son observados por técnicos y autoridades de estos equipos, quienes luego decidirán si los integran o no a sus filas. De esta manera, si las cosas le ruedan bien, Martín podrá terminar su estadía en Bali luego de militar en alguno de los cuadros de primera.
Restan menos de diez días de entrenamiento. Y González se muestra optimista en cuanto a sus posibilidades.
Contactos
Martín González se comunica con su familia todos los domingos por medio del programa Messenger. Su contacto con Uruguay estuvo marcado además por la preocupación acerca del estado de salud de su colega Germán Hornos.
Los lazos futbolísticos se extienden un tanto más. Cuenta Gladys Martirena, su madre, que el mismo día de la catástrofe, los deportistas Richard "Chengue" Morales y Gustavo Varela telefonearon a la familia de Martín para ponerse a disposición ante cualquier eventualidad.
Darinka
Víctor Pedroso buscaba a un amigo entre las listas de heridos que se actualizan en Internet. Encontró a una uruguaya entre las víctimas en Tailandia: Darinka Popovic. Junto a ella, otras dos con el mismo apellido figuraban en el Bangkok Phuket Hospital, Maja y Vladimir, de nacionalidad yugoslava. Ellos fueron dados de alta, quedando internada Darinka, siempre etiquetada como uruguaya. El País consultó al Consulado de Tailandia, donde negaron tener datos de algún compatriota entre los heridos. Ceñidos a lo que brinda el Ministerio de Relaciones Exteriores de Tailandia, en Uruguay no hay información que confirme o desmienta si Darinka Popovic es uruguaya.