Una vidriera de lujo para jinetes y artesanos

En el Ruedo. Hasta ahora hubo un promedio de diez Vueltas de Honor por día

 20120403 600x442

Continúa la Semana Criolla del Prado sorprendiendo por el nivel de jinetes y tropillas, pero también por la variedad de propuestas comerciales que hacen confluir en la ciudad elementos tangibles de la cultura campera.

Hay cosas que de puro sabidas a veces se olvidan, decía Miguel de Unamuno. Por eso, durante el desarrollo de cada Semana Criolla hay que recordar que una cosa son los festivales de doma de potros, que en Montevideo no se ven, y otra, las jineteadas. Según ya lo dijo en 1833 Charles Darwin, éstas consistían, como hoy, en mantenerse sobre el lomo del bagual, o sea del caballo reservado, no domado, durante 6 o más segundos.

En el ruedo del Prado, 179 años después de la descripción hecha por el naturalista inglés, cada jineteada dura 8 segundos. Y es extraordinaria la mixtura de tradiciones que se consagra desde que el jinete monta el caballo retenido junto al palenque y suena la campana, hasta el fin de su performance. En ese tiempo, frente a los ojos de miles de espectadores, se reviven las destrezas gauchas por una lado. Y por otro, se oye la jerga campera del relator que, con su voz amplificada por parlantes ubicados en el propio ruedo pero también en todo el predio, debe emocionar a los presentes e igualmente ser muy preciso para sintetizar los aciertos y "macanas" del jinete y la bravura del animal. Como también intentan lograrlo a continuación los improvisadores, o sea los cantores que como solistas homenajean al competidor más allá de su fortuna, con versos que desde hace doscientos años pretenden acunar la querencia, en un estilo tonal agreste, de bordonas guitarreras graves y voces áridas, como de terrón. Hasta los que la sacan "barata" tienen su estrofa:

En este evento, también marca presencia la payada de contrapunto, cuando dos cantores amenizan los intervalos, que llegan a durar media hora entre una y otra de las cuatro categorías en que se compite. Estos hijos de Bartolomé Hidalgo también dan su pelea, desafían la desaparición del género, luchan para que perdure todo lo que él preserva de lírica periodística, visceral y trashumante.

El peso de la fiesta y la importancia del concurso llevan a que no resulte difícil encontrarse con campeones que sin embargo no se inscribieron para jinetear esta vez. Por ejemplo con el joven sanducero Federico Rodríguez, ganador en dos ocasiones en basto argentino y merecedor de otros premios durante los últimos ocho años. "Uno sufre un poco", dice, "pero por razones de trabajo no pude estar este año". El entrenamiento previo a la llegada a Montevideo exige asimismo restarle muchas jornadas al trabajo de todo el año. Sostiene Rodríguez: "lo común es montar todos los fines de semana, en fiestas distintas, acá y en Argentina, en Brasil. Después cada uno ve, unos corren, otros juegan al fútbol".

Sobre las objeciones que desde algunos sectores de la sociedad, sobre to-do capitalinos, se hace a esta actividad, considerada deporte en Uruguay desde 2006, el sanducero, oriundo de Corrales, acepta que el "aguijoneo" hacia el caballo que se practica con las espuelas, es una provocación. Pero agrega: "los caballos de las jineteadas, entran así, ya son así, nacen con el espíritu de ser rebeldes, no quieren ser mansos, y a veces pasan mejor vida que los que tenemos nosotros para andar todos los días. Trabajan ocho segundos y después se pasan diez o quince días en los mejores campos, comiendo los mejores pastos que hay. Si yo fuera caballo, me gustaría ser bellaco".

No hay ningún competidor que desconozca que participar en el Prado incrementa los cachets de los jinetes. "Con venir a montar, ya es otra cosa. Como que estás en la A del fútbol. Y si llegás a andar bien, te llueven las invitaciones", dice Rodríguez, que ha hecho lo mejor de su carrera en basto argentino, aunque compite también en basto uruguayo y en pelo.

"En pelo uno depende mucho de la fuerza de las piernas", comenta Rodríguez. "En las otras categorías juega la vista, el equilibrio, la baquía, la experiencia. Para lograr un puntaje alto hay que moverse mucho arriba del caballo. El basto argentino es muy rápido". Antes de montar, no bien el jinete y el bagual están cara a cara, ya se disputa buena parte del destino final. "El caballo se da cuenta cuando uno le tiene miedo, olfatea la adrenalina de cada uno de nosotros", agrega Rodríguez.

Según los baqueanos en estas lides, los quince segundos que demanda una jineteada, desde los aprontes junto al palanque de largada hasta su desenlace, equivalen a cuatro días de trabajo en el campo. Esto lo confirma Heber Benítez, quien cumplió tareas de campo hasta 1965 y luego aprendió el oficio de zapatero, además de jinetear de vez en cuando, por diversión. Benítez nació hace casi 60 años en Caraguatá, Tacuarembó, y se dedica a recorrer el país durante los fines de semana, durante el desarrollo de otras jineteadas o ferias diversas. En un stand del predio, ofrece botas de caña larga, desde $ 1.200 a $ 2.500, diversos productos de talabartería, camperas y chalecos fabricados en pecarí o piel de cerdo. Lo curioso en este caso, o no tanto, es que la materia prima ni es nativa ni ya se importa desde Italia. Proviene de China. "Uno se da cuenta por el tamaño de los cueros. Los de ahora son mucho más chicos", comenta Benítez.

Otro rubro que se destaca en materia de herramientas o accesorios es el de la cuchillería criolla. En el stand "Gardeliano", el propietario también tacuaremboense, Néber de los Santos, dijo a El País que las piezas que exponen están realizadas en acero carbono y acero inoxidable, con cabos de guampa y cabos de hueso. Hay piezas desde $ 450. En platería criolla, se ofrece rastras, hebillas, punteras y cabos de cuchillos. En esta empresa también pesa una tradición, la que iniciaron los abuelos en 1900.

Cotizaciones y precios criollos

A lo largo de toda la Semana Criolla del Prado, un jinete, aun no realizando buenas presentaciones, gana cerca de

$ 8.000. Si en cambio consigue sumar premios en las categorías, junto a la satisfacción de las vueltas de honor, puede obtener entre US$ 2.000 y US$ 3.000.

Entre diversos stands del Prado, hay una especie de Chinatown comercial en formación. En la escala de precios, se ofrecen desde sombreros de gaucho a $ 100 hasta zapatos a $ 390. Con materia prima china pero elaboración nacional, hay chalecos de cerdo a $ 1.000 y camperas a $ 3.500.

El valor promedio de los caballos que compiten en las jineteadas es de US$ 2.000, aunque los mejores llegan a duplicar ese precio. Equipar a cada bellaco no cuesta menos de $ 3.500. Aunque por supuesto que todas las cifras aumentan cuando los accesorios incluyen metales como plata y oro.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar