Es que, pese a proceder de una familia humilde y no tener más estudios que los escolares, su ingenio para proteger el ambiente desde su posición de panadero ha sido, para ellos, ejemplar.
Hace ya siete años, Sarraute comenzó a preocuparse por el uso de las bolsas de nylon. "Empecé a escuchar que hacían mal al ambiente, y si lo dicen, así debe ser. A mí me gusta mucho el arroyo, y no me gusta ver bolsas tiradas en los ríos. Pero, por atender bien, les daba a mis clientes muchas bolsas. Me empecé a sentir cómplice de la suciedad", contó.
Soluciones. "El problema era cómo hacía para no molestar a los clientes", señaló. Entonces, fabricó bolsas de tela con el logo de la panadería y se las regaló a los compradores, con la idea de que la llevaran siempre que fueran a comprar pan. Pero los clientes se dejaban la bolsa en sus casas.
Pasó el tiempo, vio que en Nueva Helvecia o en Valdense estas iniciativas funcionaban, y volvió a intentarlo. Esta vez calculó que las 1.000 bolsas de nylon le cuestan $ 320, y propuso cambiarlas por masitas.
Hoy en día, quien lleva su propia bolsa a la panadería, es anotado en un cuadernito y participa en un sorteo semanal por un kilo de masas finas, en premio de su conciencia ambiental.
Ahora sí, los clientes quedaron encantados con la propuesta. Cada semana hay más de 700 vecinos apuntados para el sorteo, que se decide con la lotería nacional. Lo que no ha logrado ha sido que otros comercios se sientan atraídos por la propuesta e implementen sistemas similares, dijo.
A la campaña, incluyó una nueva tanda de bolsitas de tela, con el logo de la panadería y una leyenda relativa al cuidado del medio ambiente, que pronto comenzará a entregar a los clientes asiduos.
Además, para agosto, fecha en que la panadería cumple su aniversario y festeja el día del niño con bizcochos y juegos en la calle, quiere traer a un tallerista para que motive a los niños a hacer manualidades con bolsas de nylon, reutilizándolas en vez de convertirlas en desechos. Sarraute, todo un líder medioambiental.