Hilton C. Mestre
Dos pescadores furtivos que pescaban en una laguna de la Punta del Chuy se llevaron el susto de sus vidas cuando vieron un animal, cerca de su embarcación, de gran porte "unos 70 centímetros de altura y más de un metro de largo", que les hizo pensar -según comentaron- que se trataba de "un chancho o un león".
Aterrorizados como estaban, tomaron un arma y sin dudarlo le dispararon al "bicho raro". Producto del pánico tal vez, el primer disparo no hizo impacto en la extraña criatura que se encontraba "a unos cinco metros".
Más asustados todavía y pensando que los iba a comer, dispararon nuevamente con un rifle para matarlo de un certero disparo en la cabeza.
Lo que estos pescadores no sabían era que el "bicho raro" se trataba de un aguará guazú (chrisocyon brachyurus), el cánido más grande de Sudamérica, que se encuentra en peligro de extinción y que es inofensivo para el hombre.
Su nombre es de origen guaraní y significa "zorro grande", aunque también se lo conoce como "lobo de crin" o "lobo rojo".
Este raro, pero hermoso ejemplar, vive en zonas de campo abiertas (inundables o inundadas) con pastizales y pajonales salpicados de isletas de monte fuerte y palmares.
Es un animal corpulento, de manos y patas largas, con un pelaje de color rojizo. En la garganta y en la punta de la cola presenta dos manchas blancas. La cabeza es alargada y los pelos llegan a medir de 9 a 10 centímetros, pero se han llegado a observar ejemplares con pelos de hasta 15 centímetros.
El aguará guazú es un animal tímido e inofensivo que tiende a alejarse de la actividad humana, más que alguna ocasional predación de aves de corral. Es víctima de un sinnúmero de leyendas y folklore por su presencia nocturna y su impactante aullido, motivo por el cual es aún perseguido, apresado para el comercio ilegal.
Se comunican entre sí a través de largas distancias con un aullido ronco, de tono bajo y de alto alcance que le ha dado la fama de "lobizón" en muchas regiones. Es muy solitario a no ser en las épocas de reproducción en que busca pareja.
Los pescadores llegaron a observar otro ejemplar luego de matar el primero. Presumen que se trataba de la hembra, la cual se alejó en un mar de aullidos, llamando a su ya extinto compañero, del cual solo quedó el cuero.