El Uruguay cantado, más poético e imaginario que el real, está integrado por una cartografía dibujada en las voces de los artistas y en las canciones que ellos han escrito sobre su pago.
En algunos casos el protagonista es el cantor y la geografía es solo una excusa para desmentir el refrán: algunos son profetas en su tierra. En otros, lo que se traza es un mapa sin límites ni accidentes geográficos, a lo sumo casualidades, circunstancias sorprendentes y mucho talento. Ese mapa, impreso en nuestra topografía de penillanuras se mezcla con la geografía y reinventa lugares que, gracias a la poesía y a la música, es imposible olvidar.
Aquí recopilamos algunas de las maravillas de ese paisaje musical y una lista de cantores que representan a su tierra.
PAYSANDÚ. El mapa musical uruguayo se mezcla con el río Uruguay y desciende por su cauce junto con las notas de la canción Río de los pájaros de Aníbal Sampayo.
Si es imposible pensar el Uruguay ignorando su río, también resulta imposible recordarlo sin tararear un fragmento de la canción con que este sanducero eternizó el litoral.
"El Uruguay no es un río/es un cielo azul que viaja./ Pintor de nubes: camino/ con sabor a mieles ruanas".
Ese tema, reconocido en 1964 como mejor canción en el Festival de Cosquín, es una de las composiciones más conocidas de este poeta, músico, guitarrista e investigador de la música folclórica.
TACUAREMBÓ. "Nosotros somos norteños, las influencias que tenemos no se tienen en el resto del país", dice el poeta Washington Benavides. Sus canciones resuenan en el canto popular uruguayo, en la música de Numa Moraes, Alfredo Zitarrosa, el dúo Larbanois-Carrero, Carlos Benavides y de Eduardo Darnauchans. Junto a algunos de ellos y otros, Benavides integró el Grupo de Tacuarembó y sintetizó la influencia de la tropicalia proveniente del Brasil con los ritmos de chamarritas y polcas de las provincias litoraleñas.
"Tacuarembó está en lo más profundo de mis entrañas, desde que en las calles de tierra rojiza veía pasar la vaquita de ordeñe hasta ahora, que son de asfalto y pasan las camionetas 4x4 y el vértigo de las motos".
El trabajo de Benavides y otros del grupo rescata a Tacuerembó en temas como Canción de San Gregorio I y II, Jazmín del país y El gallo Azul, pero con otro foco.
"Nosotros nos habíamos planteado reivindicar las pequeñas poblaciones de pueblos perdidos", explica Benavides. "Hay todo un cancionero que el grupo creó con personajes como la Padilla o Frankiliano López que son reales".
COLONIA. Vivió en Villa Pancha con su primera mujer y Chiquillada es el relato de su infancia en Juan Lacaze. Las canciones de El Sabalero son muy uruguayas, pero nacieron en Colonia, como La sencillita:
Rumbeando pa` la Colonia/ a tres arroyos de distancia/ me le volqué pa` la zurda/ y me la topé acostada./ Miren si será cerquita/ que allí lo que sobra es agua/ no sé si me habrá entendido/ yo le hablo de Villa Pancha.
LAVALLEJA. "Soy fruto de los cerros. Mi cuna fue de piedra y mi tumba será también sin duda algún rincón soleado de la sierra", así recitaba Santiago Chalar, en una de sus últimas canciones.
Nacido en Montevideo, pero minuano por adopción, suya es la canción Minas y abril, que eternizó el paisaje de sierras del lugar donde vivió y que dice: "Minuano donde tú vayas/ no te canses de decir/ que si Dios baja a la tierra/ por el altar de las sierras/ baja en Minas y en abril".
SALTO. En el canto popular, los naranjales de Salto se juntan con la nostalgia del pago y el saber popular.
"Adiós mi Salto te dije un día mirando el último naranjal/ desde una rama del alba verde/ me despedía triste un sabiá".
La canción, antes de ser famosa en la voz de Los Olimareños, fue un poema tímido en el libro Poemas del Salto Oriental del salteño Víctor Lima.
Lima, como retrata la canción, se fue de Salto, atravesó Tacuarembó y Cerro Largo y llegó a Treinta y Tres. Allí, su colaboración con Rubén Lena sería vital para el cancionero de Los Olimareños. Pero para hablar de ellos es necesario cambiar de departamento.
TREINTA Y TRES. "Hay ríos que hoy son ausencia/ en mi destino de andar y andar/ pero ninguno me dio esa cosa/ que solo tiembla en el Olimar".
El río, en esas tierras, es una presencia ineludible. Nace en la Cuchilla Grande y rodeado de monte nativo muere en otro río, el Cebollatí. En esos cinco mil kilómetros que recorre aprovecha para abrazar a la ciudad de Treinta y Tres.
El dúo de Braulio López y José Luis "Pepe" Guerra cristalizó en sus interpretaciones la noción de folclore como pocos otros autores. Las letras de Rubén Lena y de Víctor Lima mezclan la cotidianidad del hombre de campaña y la pertenencia a la tierra, eso que en Treinta y Tres resume El Olimar.
También el poeta y compositor Eustaquio Sosa, de voz áspera y temperamental, le cantó a su departamento:
Un día me fui muy lejos/ del viejo pago de mi niñez./ Cayendo la tardecita/ me fui muy lejos de Treinta y Tres.
SORIANO. Ahora, cuando canta Vientos del Sur, ya no nombra a Montevideo. Gastón Ciarlo, más conocido como Dino, le canta a Dolores.
"Hice varias canciones sobre esta ciudad" y canta: "Lugar tranquilo, campos y flores, mi campesina y tierna Dolores".
Durante los años que vivió en Europa nada lo inspiraba y no tocaba la guitarra. "Me parece bien que me haya pasado eso, porque Europa no tenía nada que ver conmigo. Allá los paisajes son hermosos, pero uno no es parte del paisaje".
"Acá -dice refiriéndose a Dolores- son menos de 20 mil personas, a veces me puedo cruzar cinco o seis veces en pocos minutos con mis amigos, y siempre nos saludamos. La gente tiene otro ritmo. Es como chocarse contra un colchón".
CERRO LARGO. En mi pago hay una sierra/ que no es sierra sin embargo/ sino que es un cerro largo/ que le da nombre a mi tierra..., reza la letra de La leyenda de Cerro Largo, que sonó como un himno en la voz del tempranamente desaparecido Tabaré Etcheverry.
Acaso la referencia más emblemática a este departamento fronterizo se recuerda en la canción de un poeta, escritor e investigador nacido en Montevideo y que vivió su infancia en Durazno: Osiris Rodríguez Castillo. Hay un camino en mi tierra/ del pobre que va por pan./ Camino de los quileros/ por las sierras de Aceguá.
SAN JOSÉ. "Hay cosas como la forma de hablar", dice Malena Muyala cuando se le pregunta por su origen maragato. Sus tangos no confiesan el origen departamental (aunque sí la huella del compositor Francisco Canaro) pero esas raíces están presentes en la interpretación de sus canciones. "La canción Madreselva me hace acordar mucho a mi niñez, a mi barrio, porque la escuchaba allá. Y si el barrio y la niñez están presentes, está presente San José", dice.
RÍO NEGRO. "Vamos a las Cañas a ver quién se baña/ vámonos en bici a la Playa Ubici/ Y hasta La Ensenada que no pasa nada/ Siento en la camisa que sopla una brisa/ Ya me voy Fray Bentos que me lleva el viento". Así dice la última canción que Carlos "Pájaro" Canzani le escribió a Fray Bentos, su ciudad natal, y que es parte de un disco que aún no salió. Allí vivió hasta los 17 años, cuando todavía todo giraba en torno al frigorífico Anglo. "Es la fuente, la materia prima de la existencia con todas sus emociones, historias, mitos y los valores que constituyen la proyección de la existencia de un creador", dice desde París cuando se le pregunta por su tierra.
RIVERA. Dos grandes compositores son oriundos del departamento norteño. Agustín Bisio escribió "Caminitos de tierra colorada/ no los hay donde quiera/ Caminitos de tierras coloradas son propios de Rivera", y marcó con esa letra una de las características del departamento, que en la voz de Alán Gómez, Zitarrosa o Los Olimareños conocerían incluso quienes nunca lo hubieran visitado.
Otro de los aportes del departamento son las letras de Enrique de Mello, quien acostumbraba a colaborar con Alfredo Zitarrosa.
MONTEVIDEO. Las calles, la vida del murguista, el sentimiento del carnaval: Jaime Roos retrata en sus canciones al hombre de la capital y buena parte del paisaje cultural urbano. Pero Montevideo tiene un himno oficial: la canción Viene a amar, de Mauricio Ubal.
"Hay toda una zona cancionística que identifica a Montevideo y que solo puede escribirse si uno es montevideano", afirma Ubal.
"Eso te da una especie de identidad. Hay cosas que solo pueden ser desde acá, por eso me parece muy fuerte la identificación con el candombe, con lo murguero, con lo tanguero o la milonga. La milonga flota entre toda una montaña de sonidos, de géneros de acá o que llegan. Flota y se transforma, está ahí".