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Una historia de esperanza

Vivía en la miseria hace 17 años, su madre pidió ayuda en El País para que estudiara y hoy cursa una maestría

Fue entrevistado por El País en 2006 cuando vivía en la miseria y tras esto un grupo de amigos le financió los estudios.

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Alejandro Ferreira trabaja como project manager en una empresa de software
Alejandro Ferreira trabaja como project manager en una empresa de software.
Foto: Darwin Borrelli

Por Rosina de Armas
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Corría diciembre de 2006. Con la visera para atrás y los ojos entrecerrados por el sol, Alejandro Ferreira posaba para la foto en el frente de su casa del asentamiento 3 de Enero, en Piedras Blancas. El niño de 11 años, su madre, su padre y sus dos hermanos colaboraban en la construcción de esta vivienda de emergencia, que formaría parte del primer plan masivo de obras de la organización Un Techo para mi País.

Alejandro no lo sabía entonces, pero esa foto le cambiaría la vida.

La imagen ilustraría una nota de El País, que contaría su historia y cómo su madre buscaba una beca para que continuara su formación en una institución privada. Es que Alejandro, abanderado del pabellón nacional en la Escuela 119, tenía “capacidades por encima de la media esperada para su edad” y el equipo profesional que lo rodeaba entendía que podía explotar más su talento si seguía este camino.

A la familia Ferreira le llovieron las ayudas de particulares a partir del artículo. Una de ellas fue la de un grupo de amigos que se ofreció a pagarle los seis años de formación secundaria, que fue la que terminó escogiendo.

Alejandro Ferreira durante la construcción de su vivienda, retratado por El País
Alejandro Ferreira durante la construcción de su vivienda, retratado por El País.
Foto: Archivo El País/Darwin Borrelli

Casi 17 años después de aquel día cálido en Piedras Blancas, Alejandro cursa la Maestría en Gestión de la Innovación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Con 28 años se recibió de psicólogo, también se formó en Buenos Aires y es project manager de una empresa de software. Movilizado por su presente, ayer Alejandro compartió en Twitter la nota de El País, que se titulaba “Potencial escondido en la miseria”.

“Lo logré, estudié y voy a seguir estudiando. Saludos y gracias a los que fueron parte. No se rindan nunca”, fue el mensaje del ahora licenciado, hijo de una madre que estaba desempleada y de un padre que trabajaba en la construcción, oriundos de Artigas.

La agenda de Alejandro está cargada, en medio de reuniones y cursos. Ayer, por ejemplo, recién se liberaría a las 22 horas. Pero aun así atendió por teléfono a El País, para contar cómo fue esta historia de final feliz, que cree que tiene como moraleja que “no hay que rendirse nunca” y que debe haber más oportunidades para superarse.

Ciudades, antigua sección de El País en la que fue retratado el niño Alejandro Ferreira
Ciudades, antigua sección de El País en la que fue retratado el niño Alejandro Ferreira.
Foto: Archivo El País

“Tenía 11 años, no tenía ni idea del impacto que podía tener esa entrevista y tampoco tenía claro que era una entrevista sobre mí”, dijo.

Alejandro, a quien la directora de su escuela lo describió en 2006 como un niño creativo y “muy inteligente”, recuerda que prácticamente no tenía juguetes. Cuando llegó a Montevideo desde el departamento más al norte del país ni siquiera había televisión en su casa. Entonces, como además era inquieto, su madre le incentivaba la lectura para matar dos pájaros de un tiro: se entretenía y a la vez se formaba.

Así se enteró de que existía la profesión de bioquímico, una de las primeras respuestas que dio cuando le preguntaron qué quería ser de grande. “Mis padres me habían convencido, muy acertadamente creo yo, de que podía ser lo que quisiera”, reflexionó ayer.

Después de que su historia conmocionara a los lectores, el niño logró una beca educativa
Después de que su historia conmocionara a los lectores, el niño logró una beca educativa.
Foto: Archivo El País/Darwin Borrelli

La joven promesa cursó los seis años de liceo queriendo ser ingeniero. Pero cuando llegó al aula universitaria del Parque Rodó se dio cuenta de que se aburría “terriblemente”. Y por eso dejó atrás la vocación que creía que tenía para formarse en Psicología, un área que entiende que, como la matemática, se basa en la resolución de problemas complejos.

Si bien la integración al liceo privado se dio sin mayores sobresaltos, Alejandro tenía otros desafíos que sus compañeros. Su primer “trabajo” fue a los ocho años, vendiendo maníes en un puesto callejero, y en la adolescencia acompañó a su padre haciendo changas.

Sin embargo, incluso cuando tenía 14 años, aseguró, tenía claro que estos empleos eran “el pan de hoy” y que el estudio sería “el pan de mañana”. Y los Ferreira, que en estos años sumaron un cuarto hermano, lo acompañaron y alentaron en el camino.

Alejandro Ferreira, el joven que una crónica periodista le cambió la vida
Alejandro Ferreira, el joven que una crónica periodista le cambió la vida.
Foto: Darwin Borrelli

“Creo que no hay mejor forma de entenderlo que haberlo vivido y hay que darle voz a esa gente que capaz que no tiene la oportunidad pero sí tiene capacidad”, planteó Alejandro, que ha practicado distintas formas de voluntariado y aseguró que quiere seguir involucrado en estas causas que “tienen un sentido y aportan”.

Aunque se independizó con 18 años, todavía vuelve al asentamiento 3 de Enero, donde aún viven sus padres. Solo que ahora, el poste donde se sentó para inmortalizar la construcción de la vivienda es parte de la cocina, después de varias refacciones que hizo la familia en estos 17 años que pasaron. “Es el lugar donde me crié, donde crecí y le tengo un cariño importante”, dijo el estudiante, que a todas luces completará la maestría.

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