EFECTOS DE LA PANDEMIA

Cuando el "quedate en casa" es un infierno: una llamada cada 23 minutos por violencia de género

Desde que COVID-19 dijo presente en Uruguay y buena parte de la población se confinó en sus casas, la línea de orientación telefónica a víctimas de violencia de género duplicó su demanda habitual.

Depresión, violencia doméstica. Foto: Archivo El País
La violencia, según los psicólogos, suele ir en aumento hasta llegar a la muerte. Foto: Archivo El País.

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Una casa es, según la definición de la Real Academia Española, un “edificio para habitar, para vivir”. Pero para muchas mujeres, la consigna de “quedate en casa” durante esta pandemia ha significado de todo menos vida.

Desde que COVID-19 dijo presente en Uruguay y buena parte de la población se confinó en sus casas, la línea de orientación telefónica a víctimas de violencia de género (0800 4141) duplicó su demanda habitual. De hecho, este servicio de Inmujeres pasó a atender una llamada cada 23 minutos, cuando, previo a la pandemia, promediaba una cada 48.

“El confinamiento, si bien no fue obligatorio, tuvo un impacto en las situaciones de violencia que venían viviendo las mujeres”, dice Adriana Fontán, coordinadora del Sistema de Respuesta a la Violencia Basada en Género de Inmujeres. Tanto fue así que “las llamadas se dispararon más de lo que se preveía”, comentó.

Y eso que las llamadas son como la analogía de la “punta del iceberg”, apenas dejan al descubierto una mínima parte del escenario completo.

Micaela -de unos cuarenta años y cuyo nombre fue cambiado - sabe lo difícil que es reconocerse como víctima para luego recién pedir auxilio. Padeció “al menos” un lustro de agresiones de su expareja. Dice “al menos” porque antes, cuando ella pensaba que esa era la “normalidad”, se las ingeniaba para estar el mayor tiempo fuera de su casa sin saber el porqué. “Acompañaba a mi hijo a la práctica de fútbol, a las clases de inglés, a la escuela, a lo que fuera”. Aquellas “excusas”, en una cuarentena, “son un imposible y tu casa se convierte en un calvario, en un infierno”.

Hasta un plato de fideos con tuco, de esos a los que él le encontraba “un sabor extraño”, podía desencadenar un insulto, en tirarle la salsa sobre la ropa, tomarle del pelo o un piñazo contra las costillas, “donde no se ve”.

La “casa” y la “mujer” son, en ese espiral de violencia, sinónimos: una propiedad.

“Pasé a ser un objeto al punto que él podía decirme cómo me tenía que vestir, con quién podía hablar… y si algo le daba celos, ¡pumba!” Todo bajo el silencio cómplice que causaban las paredes de la casa. “Los vecinos no se enteraban y, tal vez en el fondo, pensaba que era mejor que no se enteraran porque tenía la esperanza de que él cambiaría”.

De eso se trata el “espiral de la violencia”: tensión-agresión-reconciliación-tensión…

¿Por qué un espiral si parece un círculo? Porque la violencia, aunque no parezca, va en aumento: el celar deviene en menospreciar, ridiculizar, luego en prohibir, más tarde en agredir y así hasta la muerte.

Uruguay es el séptimo país de América Latina con más femicidios cada 100.000 mujeres. Supera a sus vecinos Brasil y Argentina, incluso a zona con una violencia exacerbada como México.

Las denuncias por violencia doméstica crecieron notoriamente en los últimos años.
Foto: Archivo El País.

Y los datos preliminares de esta pandemia no son demasiado alentadores. El Ministerio de Interior constató, en mayo, dos femicidios y otros tres intentos de asesinatos a mujeres. Eso sin contar el violento comienzo de junio ni la marcha de llamadas de emergencia al 911 que la cartera se niega a publicar hasta que termine el semestre.

La primera vez que a Micaela la amenazaron de muerte, lo tomó como “un delirio más”. Hasta que se enteró que su entonces pareja estuvo merodeando el barrio en busca de un arma. Recién entonces escapó de su casa, del infierno.

Si bien la línea 0800 4141 de Inmujeres no es de atención a emergencias, durante la era COVID-19 “se quintuplicaron” las llamadas que se categorizan como “de riesgo”, explica Fontán. Eso hizo que se derivara el caso a la Policía o que se tuviese que encontrar un refugio inmediato para las víctimas.

Y eso que, como explica Yeliz Osman, de ONU Mujeres, la violencia de género no es por COVID-19 ni por la cuarentena, sino por las “masculinidades nocivas”.

INFORMACIÓN ÚTIL

Violencia doméstica en Uruguay

Línea para asistencia a víctimas de violencia doméstica:

Desde una línea fija 08004141
Desde celulares *4141

El servicio es gratuito, confidencial y anónimo y la llamada no queda registrada en la factura. En función de la situación y la demanda planteada se deriva a la persona a servicios y recursos públicos o privados especializados.
Horarios: Lunes a viernes de 8:00 a 24:00hs , sábados y domingos de 8:00 a 20:00hs.

¿Qué hacer ante una situación de violencia? (Red Uruguaya de violencia doméstica)

• Hablalo con personas de tu confianza: familiares, amigas/os, vecinas/os.
• Si decidís hacer una denuncia policial buscá antes el asesoramiento y apoyo de los servicios especializados en violencia doméstica que te dan el Estado y las organizaciones civiles.
• Irte de tu casa porque te maltratan no es abandono de hogar. Si decidís hacerlo dejá una constancia en la Seccional Policial.
• Si estás lastimado, recurrí a cualquier centro asistencial, policlínica o emergencia móvil y pedí un certificado por las lesiones constatadas.
• Evitá estar solo cuando percibas que pueden agredirte.
• Alertá a alguna vecina/o para que pueda ayudarte. Dejá alguna ventana abierta y la puerta sin llave.
• Si el agresor ya no vive en tu casa, no le abras la puerta y si insiste llamá al 911.
• Cuando visite a tus hijos/as evitar estar solo
• Cambiar las rutinas si te persiguen.
• Pedí que te acompañen al salir del trabajo, fijate si el agresor se encuentra en las cercanías para evitarlo y/o llamar a la policía.

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