RESTAURACIÓN

Invirtieron US$ 350.000 para recuperar 136 años de religión y arquitectura en Montevideo

La capilla del colegio Santo Domingo fue inaugurada en 1883. En 2011, cerró sus puertas por problemas en la estructura a causa de filtraciones de agua.

Trabajos de restauración de la capilla del colegio Santo Domingo. Foto: Leonardo Mainé
Los trabajos apuntan a devolver a la vida a la antigua capilla e incorporarla nuevamente a la actividad del colegio y el barrio. Foto: Leonardo Mainé

Unos pocos metros me separan de la entrada. Entro. La pesada puerta de cedro queda a mis espaldas. Cada hoja se cierra lentamente. A mi derecha y a mi izquierda, un santo me observa. Bajo su mirada, reflexiono sobre qué hice en mis cuatro décadas de vida.

No soy una persona religiosa, pero los más de 100 años de rezos y espiritualidad que se acumulan en el lugar me hacen sentir sereno. Respiro profundamente y me invade una paz interior que no altera ni el golpe de los martillos o los obreros que trabajan sin cesar para devolver el esplendor de una antigua capilla de Montevideo.

Eso fue lo primero que sentí cuando conocí la capilla del Colegio Santo Domingo, ubicada en Acevedo Díaz y Rivera. Desde 1883, esta hermosa estructura de estilo neogótico de una sola nave ha sido testigo de los cambios de un barrio que siempre está modificando su fisonomía.

Objetos y personas sufrimos el paso del tiempo. Y si bien la capilla lleva con firmeza su centenaria edad, el paso de las décadas comenzó a dejar su huella. Era necesario intervenir, arreglarla, hacerla partícipe una vez más de la vida del colegio. 

Un poco de historia.

Desde sus inicios, el templo oficializó la mayoría de las celebraciones religiosas de la institución. Allí se celebraban la misa de inicio de cursos, la de Santo Domingo (patrono del colegio), las misas de cada grupo. "Era un espacio privilegiado para la oración, ya fuera comunitaria —al iniciar el día— o individual si alguien quería rezar en un lugar especial", explicó a El País Patricia Durdos, directora de Pastoral del colegio.

La capilla se desarrolla en 275 metros cuadrados en planta y un coro de 42 metros cuadrados en un segundo nivel. Tiene una altura máxima de 14 metros.

A mediados del siglo XX se desarrollaba allí la misa dominical, que era abierta a toda la comunidad educativa y a los vecinos del barrio. Con el paso de los años, esta celebración religiosa fue cediendo paso a la misa que se realizaba en la parroquia. La capilla, entonces, quedó para servicios especiales que se realizaban con y para los alumnos.

El altar de mármol en todo su esplendor. Foto: Gentileza colegio Santo Domingo
El altar de mármol en todo su esplendor. Foto: Gentileza colegio Santo Domingo

En sus inicios, la capilla estaba decorada con pinturas en techos y paredes. Los vitrales que adornan las paredes y dejan entrar la luz (y que aún existen) fueron fabricados en Bélgica y representan escenas de la vida de Santo Domingo, el patrono de la congregación. Tres de ellos, iluminan un gran altar de mármol, ubicado sobre la pared norte de la nave.

Con el paso de las décadas fueron necesarias algunas reformas, que llegaron en la década de 1950. "Se eliminaron las pinturas, parte de la decoración del altar, se abrieron dos alas laterales y se eliminó el púlpito, entre otras", agregó Durdos. Los años y los rituales siguieron su curso.

El agua maldita.

Llegó el año 2003 y con él el primer desprendimiento de trozos de la bóveda, a causa de filtraciones de agua por la obstrucción de los desagües. "En ese momento solicitamos a una empresa que realizara un informe del estado del techo para saber si existían riesgos. Tras el estudio y con las recomendaciones de la empresa, se resolvió realizar trabajos exteriores, porque al reparar el techo, la penetración de agua iba a detenerse y la situación no empeoraría", explicó Durdos.

Misa realizada en la capilla del colegio Santo Domingo. Foto: Gentileza Santo Domingo
Misa realizada en la capilla del colegio Santo Domingo. Foto: Gentileza Santo Domingo

En 2005, el colegio y la Asociación de Exalumnos solicitaron a la empresa Collet y Neri un proyecto para la reparación total de la capilla. Durante la evaluación detectaron que algunos vitrales estaban muy deteriorados y con riesgo de perderse. Fueron desmontados, restaurados y vueltos a su lugar. "El deterioro del paso del tiempo, la exposición a la intemperie y la continua radiación solar tienden a que las uniones de plomo de los vidrios se venzan y que el cristal se vea cóncavo o convexo", explicó el arquitecto Diego Neri a El País.

El estudio de Collet y Neri para la reparación total del templo fue presentado a la Institución Adveniat, una organización benéfica de la Iglesia Católica alemana que apoya proyectos pastorales en América Latina y el Caribe, para su financiación, ya que el colegio no estaba en condiciones de enfrentar el costo final de la obra.

"Desafortunadamente la solicitud nos fue denegada. Se nos respondió que la institución (Adveniat) ya no colaboraba" con este tipo de proyectos, recordó Durdos. "En el 2011 resolvimos clausurar la capilla ya que el deterioro era muy importante", agregó. Y desde ese entonces, sigue sin poder utilizarse.

Misa realizada en la capilla del colegio Santo Domingo. Foto: Gentileza Santo Domingo
Ceremonia religiosa en el templo. Foto: Gentileza Santo Domingo

Desde Roma llegó la ayuda.

Dos años después del cierre, el colegio le solicitó al arquitecto Neri una actualización del proyecto de 2005. Esta nueva propuesta fue enviada esta vez al gobierno General en Roma para informar a la Congregación sobre el estado de la capilla y lograr, a través de algún otro medio, obtener la ayuda económica. "Nunca perdimos la esperanza de tener la capilla abierta otra vez", afirmó Durdos.

Finalmente llegó la respuesta esperada. El proyecto tenía luz verde. "Se financió entre la Congregación, que aportó la mayor parte, y el colegio y ascendió a US$ 350.000".

Comienza la restauración.

Las tareas generales de la restauración de la capilla comenzaron en enero de este año y se dividieron en tres etapas. Las dos primeras se realizaron en forma simultánea a lo largo de cuatro meses consecutivos. 

Los trabajos fueron ejecutados por artesanos de la empresa Port Belnaud Construcción, bajo la dirección de Neri y la obra a cargo de la arquitecta Rosina Urroz. En la restauración trabajaron 18 personas, tanto en el lugar como en áreas externas vinculadas al trabajo.

La primera etapa consistió en la construcción de una nueva cubierta metálica en toda la extensión de la capilla, la reimpermeablización de una cubierta lateral, el saneo integral de parámetros interiores y cielorrasos y la evaluación del estado de los vitrales existentes. En la segunda etapa se trabajó en la confección integral de todo el cielorraso con placas de yeso, el revoque interior de los parámetros verticales, la impermeabilización del techo a dos aguas del acceso, la intervención contra las humedades de cimientos en la base de los parámetros y la reconstrucción del pavimento en damero del atrio, explicó Neri.

La entrada de la Capilla cuando comenzaron los trabajos de restauración. Foto: Leonardo Mainé
La entrada de la Capilla cuando comenzaron los trabajos de restauración. Foto: Leonardo Mainé

En mayo se inició la etapa 3, que como la 1 y 2, se desarrollaron a lo largo de cuatro meses. Aquí se trabajó en la terminación: iluminación general y de destaque, recomposición de molduras interiores faltantes, construcción de la instalación eléctrica y de audio a nuevo, restauración de vitrales comprometidos, protecciones exteriores para los mismos, pintura y mantenimiento de otras áreas de la estructura.

Las infiltraciones de agua en el techo de la capilla, humedades de cimientos, bajadas pluviales y a través de las ventanas "se resolvieron mediante procedimientos exitosos durante el proceso de obra", aseguró Neri.

Así quedó la fachada de la capilla del Santo Domingo tras la restauración. Foto: Alejandro Mendieta
Así quedó el frente tras la restauración. Foto: Alejandro Mendieta

El trabajo del arquitecto y su equipo tuvo sus desafíos. "Cada intervención en el patrimonio es un desafío en sí mismo. Está signado por gran cantidad de incógnitas a resolver en cuanto a lo histórico, lo proyectual y lo edilicio", explicó. 

"Hay una serie de interrogantes previas, que se resuelven directa o indirectamente en la solución a aplicar, por lo que siempre hay un grado de incertidumbre que se va diluyendo en el correr de las obras: este es el desafío", finalizó.

Durdos afirmó que es "fundamental para nuestra comunidad recuperar este espacio privilegiado. En las nuevas pedagogías del siglo XXI se busca desarrollar la dimensión interior de la persona y la dimensión espiritual, además de la dimensión religiosa. Nuestro colegio tiene como misión promover en los alumnos la formación integral de la persona, de acuerdo a la concepción cristiana del ser humano, de la vida y del mundo. La formación integral implica el desarrollo de todas las dimensiones de la persona, dentro de éstas la interiorioridad. En este sentido, consideramos que es vital contar con un espacio como la capilla".

Todavía no no se tiene una fecha confirmada para la reapertura. Durdos dijo que se espera poder hacerlo antes de fin de año.

María y Sofía, dos "hermanas" centenarias
Las campanas de la capilla tienen un lugar especial
Campanas de la capilla Santo Domingo. Foto: Alejandro Mendieta

En la recorrida que realicé junto a la directora Pastoral, Patricia Durdos, hubo una persona que nos dio una grata sorpresa: Miguel Laurenza, maestro herrero y una de las piezas del equipo que trabajó en la capilla. 

Este artesano, apasionado del hierro y entrenado en Alemania por especialistas de ese país, tuvo, entre otras tareas, devolver a la vida a las rejas de la entrada de la capilla y encontrar un lugar especial para María y Sofía, las campanas que sonaron durante décadas en lo más alto del templo.

Laurenza nos llevó hasta el techo mismo del colegio, donde nos reveló las hermosas obras de arte. Ni Durdos sabía que las habían logrado recuperar y que estaban allí esperando ser parte de la restauración. 

Al observarlas, notamos que cada una tenía grabada un nombre y una fecha. La más grande, a la izquierda en la imagen, fue bautizada como "María" con la fecha 1883. La otra, con fecha 1884, fue nombrada "Sofía".

"Algún lugar especial le vamos a encontrar. Porque no van a volver a su posición original", explicó Laurenza. Finalmente, quedaron colgadas al costado de la puerta de acceso a la capilla, ubicada en el patio del colegio.

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