FALLECIÓ ESTE MARTES

Canessa sobre el arriero: "En el mundo tiene que haber muchos más Sergio Catalán"

Canessa, junto con Parrado, fueron encontrados por el arriero chileno en 1972, después de caminar 10 días atravesando las montañas en busca de auxilio tras el accidente de avión. 

Parrado y Canessa junto al arriero chileno Sergio Catalán.
Fernando "Nando" Parrado y Roberto Canessa junto a Sergio Catalán. Foto: Archivo El País 

Roberto Canessa, uno de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, contó a El País este martes cómo se enteró de la muerte de Sergio Catalán, el arriero chileno que en 1972 los encontró a él y a Fernando "Nando" Parrado y que falleció hoy a los 91 años

Parrado y Canessa habían caminado durante 10 días para atravesar las montañas hasta que fueron encontrados por Catalán, lo que permitió rescatar al resto de la delegación que los esperaba en el lugar donde el avión se había accidentado. 

Paula Catalán, una de las mellizas hijas de Sergio que nació después del accidente, me mandó un mensaje diciendo que había fallecido su padre. Para mí especialmente, Sergio es un ejemplo de vida, un hombre que no dejaba nunca en esa época la cordillera porque nacían los terneros, la producción de todo su año, y se los comían los pumas. Sin embargo, por nosotros, unos desconocidos, se subió a su caballo tres horas y después le pidió a un camión de vialidad que lo llevara al destacamento de San Fernando para dar la noticia. Y desde Santiago les dijeron “es imposible, no puede haber sobrevivientes, ese hombre está borracho”. Pero él tenía la carta que le había escrito Nando (Parrado). Pregunto yo, ¿cuántas veces vamos por la calle y cae alguien medio muerto y tratamos de que no nos contamine o no se nos acerque? Tenemos que ser más solidarios, en el mundo tiene que haber muchos más Sergio Catalán y la vida sería mucho mejor. ¡Un beso grande, Sergio, donde estés, que sé que nos seguís mirando!

Además, Canessa recordó cómo años atrás ayudaron a Catalán cuando necesitó una prótesis de cadera y cómo, después de eso, los sobrevivientes lo invitaron a Uruguay. 

Un día me acuerdo, llegando de un viaje, me llaman por teléfono, creo que era de la agencia Reuters. Me dicen “está don Sergio Catalán, que lo han olvidado y necesita un reemplazo de cadera”. “Bueno, recién me entero, denme un tiempito”, respondo. Ahí llamamos a José Campiotti, a Johnson & Johnson, que nos dio una prótesis de cadera. Uno de los jugadores de rugby de Chile, que es traumatólogo, le cambió la cadera. Ahí pudo volver a andar a caballo. Fue hace como 20 años, pudimos mínimamente devolverle el favor que nos había hecho. Después lo trajimos a Uruguay, fuimos al campo de (Roberto) Francois y él decía “puuuh, qué se ve lejos acá”. Claro, como no hay montañas se veían los llanos de Uruguay. Pasamos muy bien, quedó muy contento de venir con la familia. Con Virginia Toros, su mujer, una compañera de todos los tiempos que educó a esos hijos desde la máxima humildad pero con grandes principios y valores. Sergio tuvo una compañera perfecta.

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