Mitos y realidades

Hace 60 años comenzaban los archivos X en Uruguay

La fundación del Ciovi, un grupo pionero de investigación en Sudamérica.

El 29 de abril de 1958 el Ciovi se reunió por primera vez. Foto: archivo El País
El 29 de abril de 1958 el Ciovi se reunió por primera vez. Foto: archivo El País

Hace 60 años un grupo de veinteañeros uruguayos formó una institución pionera en América del Sur en el estudio del fenómeno ovni. El Centro de Investigación de Objetos Voladores Inidentificados (Ciovi) se mantuvo activo durante prácticamente medio siglo. Y de hecho los dos sobrevivientes del grupo fundacional, Milton Hourcade (quien vive desde hace muchos años en EE.UU.) y Germán Vázquez, con 80 años en promedio, continúan atentos a lo que ocurre en el mundo con el fenómeno, que todavía es muy taquillero para Hollywood.

"Teníamos un interés juvenil de explorar algo que aparentemente estaba ocurriendo en el Norte y en otros lugares del mundo, y que era un gran misterio. En definitiva, después pudimos determinar que estaba un poco inflado y que en cierto modo se estaba usando para ocultar alguna que otra cosa que se estaba haciendo por ahí, como para distraer la atención. Además, estábamos incentivados por el cine de la época, que era nuestro hobby", comenta Vázquez a El País.

El 29 de abril de 1958, el Ciovi se reunió por primera vez. Lo que para muchos era una utopía, fue abordado de forma seria y metódica por este grupo de muchachos que más de una vez fueron tildados de "locos". Tan en serio se lo tomaron, que el sistema de investigación del Ciovi sería adaptado, años después, por la Fuerza Aérea Uruguaya, donde funciona, desde fines de la década de 1970, la Comisión Receptora Investigadora de Denuncias Ovni (Cridovni), que todavía hoy estudia casos de avistamientos y cada tanto emite comunicados explicando los fenómenos.

Hoy quedan dos sobrevivientes de aquel  grupo fundacional: Milton Hourcade y Germán Vázquez. Foto: archivo El País
Hoy quedan dos sobrevivientes de aquel grupo fundacional: Milton Hourcade y Germán Vázquez. Foto: archivo El País

"Prendimos la mecha de algo que después se iría expandiendo y que se nos fue un poco de las manos, porque la cosa se hizo demasiado grande y nos vimos comprometidos a cumplir. Nos habíamos metido en un campo que poca gente conocía, tuvimos que partir prácticamente de cero. En esas épocas la mayoría de los grupos o de la gente que se dedicaba a eso lo hacían buscando trascendencia o algún tipo de beneficio personal. Desde el primer momento, cuando salimos por primera vez en la prensa, nos comprometimos a tener un enfoque serio. Tuvimos que elaborar métodos de investigación, formularios de registro y prepararnos en alguna que otra disciplina", recordó Vázquez.

El grupo original hizo después una convocatoria por radio para que ingresaran otras personas. Se fijó una reunión que se llevó a cabo en la Asociación Cristiana de Jóvenes, a la que concurrieron más de 40 personas. Al final, el Ciovi quedó constituido por un Consejo Directivo (que integraban los fundadores) y otro conjunto de interesados en el tema.

Primeros pasos.

El grupo fue muy numeroso al inicio, pero al poco tiempo se decantó. A fines de los 50 y comienzos de los 60, era todo mucho más difícil.

"Si teníamos que ir a Artigas por un caso, había que hacerlo en tren o en algún avión que consiguiéramos, o en ómnibus que era más lento todavía. Todo eso nos demandaba muchísimo esfuerzo; hoy día, con lo que se ha avanzado en las comunicaciones, sería todo mucho más fácil", reflexiona Vázquez.

"Quedamos poco más de diez personas, que estuvimos trabajando en el tema por más de 20 años. Nos complementábamos muy bien, porque cada uno de nosotros tenía una especialización distinta. Fuimos a todos los lugares que había que ir, entrevistamos a toda la gente que veía cosas, y arrancamos de cero, porque no había criterios de investigación en Uruguay y prácticamente en América tampoco. Creamos nuestros propios sistemas de investigaciones, nuestras fichas, e hicimos contactos dentro y fuera del país", recuerda.

"También creamos un Consejo Consultivo en el que participaban técnicos de distintas áreas. Por ejemplo, si el caso ameritaba consultar a un especialista en aviación, lo hacíamos. Si encuadraba dentro de lo que podía ser un fenómeno meteorológico, recurríamos a un técnico específico. Si había marcas o huellas, consultábamos a la Facultad de Agronomía", añade. Y recuerda que "de cada 100 casos que investigábamos en Uruguay, 99% eran explicables. Y el restante 1% quedaba con el rótulo provisorio de Ovni, es decir, Objeto Volador No Identificado".

La seriedad en el abordaje del tema, a diferencia de algunos "cuentamusas" que vivieron explotando el fenómeno, fue una característica del Ciovi durante toda su existencia. Milton Hourcade publicó 50 años después, como resumen de toda una vida de dedicación al tema, el libro Ovnis, la agenda secreta, una investigación que según la opinión de Vázquez "no se vende porque es seria y no habla de imaginaciones".

Imagen fraudulenta, un ovni ingresando a los bañados de Rocha (“armada” con un tapón de goma, un alambre y algo de arena mojada). Foto: archivo El País
Imagen fraudulenta, un ovni ingresando a los bañados de Rocha (“armada” con un tapón de goma, un alambre y algo de arena mojada). Foto: archivo El País
SIGLO XX

La euforia y el negocio en torno a los "marcianos"

Cuando se le pregunta al exintegrante del Ciovi Germán Vázquez si existen los alienígenas, no duda al responder: "Es muy probable que existan, eso para mí es un hecho casi innegable. Pero sobre contactos y abducciones, por ejemplo, no hay nada probado".

El mito de los "platillos voladores" comenzó en Estados Unidos el 24 de junio de 1947, cuando el piloto civil Kenneth Arnold avistó desde su avioneta nueve objetos reverberantes que, velozmente, "picaban" y subían entre los picos de Mount Rainier, en el estado de Washington.

Un mes después del avistamiento de Arnold, el llamado "incidente Roswell" sacudió al mundo. En las cercanías de Roswell, en Corona, estado de Nuevo México, el 3 de julio de 1947 un objeto desconocido explota produciendo extraños escombros en una finca rural. La prensa publicó que había caído un plato volador, aunque después el gobierno salió a desmentirlo. Se han escrito muchos libros y rodado películas sobre los presuntos sucesos, tanto novelas de ficción como informes serios y elaborados. Y en Roswell todo gira en torno a los ovnis y los extraterrestres, como en Orlando ocurre con Mickey Mouse.

El mito de la estancia La Aurora de Paysandú

Una noche a mediados de la década de 1970 un estanciero de Paysandú salió de su casa creyendo que el gallinero se estaba incendiando. Se dirigió con sus hijos hacia el lugar y vio que las aves estaban a salvo, pero alborotadas porque un viejo ombú estaba en llamas. Aparentemente, había un perro muerto y otras señas curiosas en el terreno, como un generador de electricidad quemado y un conjunto de cables retorcidos. Todo hacía suponer que la caída de un rayo había causado tal desorden. Pero según narraron el hombre y sus hijos después, algo absolutamente fuera de lo normal había ocurrido: una fuerte luz pendular de unos tres metros de diámetro descendió del cielo para, segundos después, ascender verticalmente e introducirse en otra de mayores dimensiones con forma de triángulo isósceles. Se dice que mientras la luz se alejaba, ocurrió un apagón en la ciudad de Salto, ubicada a diez kilómetros de distancia.

El mito de la estancia La Aurora, ubicada entre Salto y Paysandú. Foto: archivo El País
El mito de la estancia La Aurora, ubicada entre Salto y Paysandú. Foto: archivo El País

El estanciero en cuestión era Ángel María Tonna y su estancia La Aurora, una propiedad que se transformaría pronto en una auténtica romería extraterrestre.

Según los exintegrantes del Ciovi, este hecho que durante décadas se asoció a los extraterrestres y a los platillos voladores nada tiene que ver con el fenómeno y la posibilidad de vida inteligente en otros planetas.

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