DÉBORAH FRIEDMANN
Cuando era niño Pablo Atchugarry se escondía en las reuniones y aparecía cuando todos se habían ido. El mismo Pablo, 50 años después, recibió sonriente y conversador a 300 personas que fueron a la inauguración de su Fundación en Manantiales.
Es que en este medio siglo, mucho ha cambiado. Pablo Atchugarry se hizo un lugar destacado en Europa. Sus obras se cotizan y muy bien: una de sus esculturas se vendió en Londres a U$S 160.000.
En lo personal, algo de su timidez persiste, pero con el tiempo aprendió "a disfrutar" de situaciones que implican muchos ojos posándose sobre él. Sobre todo, aclara, cuando implican reencontrarse con viejos afectos, como le sucedió el sábado. Esa tardecita, Atchugarry hizo realidad un viejo sueño: tener su taller en Uruguay y a la vez una fundación para promover a artistas locales.
"Es un proyecto, un sueño de muchos años. Implica poder volcar al país, hacia mis orígenes, toda mi experiencia en Europa y en el resto del mundo. Creo que ha llegado el momento de dar y esta es una forma de dar", dice en su flamante fundación y taller.
¿Qué es dar? Para Atchugarry es transmitir valores. "Que no hay que perderse, que hay posibilidades y que se pueden dar en este mundo", sostiene. En sus palabras está presente el recuerdo de su padre, Pedro, quien frecuentó el taller de Torres García, pero nunca se dedicó profesionalmente al arte.
"Era un pintor de sábado y domingo. Eso me sirvió a mí para decir que yo no podía ser absorbido por otra profesión".
Atchugarry se recuerda muy joven en viaje de una ciudad a otra de Europa, durmiendo en trenes y tomando la guía telefónica para empezar un recorrido por una y mil galerías.
Ese camino de "vagabundear por el mundo con tantas dificultades" se propone hacérselo más fácil a otros.
Es así que la fundación realizará en los tres meses de verano exposiciones con obras de artistas uruguayos. Además, darán una beca para que jóvenes viajen a Europa y cada año harán un concurso de literatura y de artes plásticas para niños. "Tendrá un premio material para que el o los ganadores puedan tener una consideración familiar, en el sentido de que la expresión artística puede ser un camino de expresión y también de vida", dice Atchugarry.
Mármol. La ubicación del Taller y Fundación Pablo Atchugarry es más que privilegiada: en El Chorro, Manantiales. Llegar es fácil: hay que tomar la ruta 104 -nace en Terrazas de Manantiales - y avanzar exactamente cuatro quilómetros y medio. La sala de exposiciones fue realizada especialmente para ese fin, y se nota. En sus 500 metros cuadrados se puede caminar a gusto y observar cómodamente. Si bien Atchugarry prefiere no revelar cuánto invirtió, es evidente que fueron cientos de miles de dólares.
Por estas horas, hay obras de Atchugarry (esculturas y pinturas de sus primeras épocas), de su padre Pedro y también una exposición de arte abstracto uruguayo con creaciones de artistas como María Freire, Nelson Ramos y José Pedro Costigliolo. Se puede visitar entre las 18 y las 23 horas.
Atchugarry se instalará allí cada temporada, de diciembre a marzo, con sus inseparables piezas de mármol. Esas que él elige personalmente en Italia. Cuando comenzó su carrera iba con los trabajadores a aprender los secretos del mármol de Carrara. Trabaja el estatuario, el mismo que usaba Miguel Ángel. Seleccionarlo es una cuestión "de ojo, de sonido y de tacto, pero sobre todo tiene que tener una gran luminosidad", detalla.
El proceso creativo de Atchugarry pasó por varias etapas. Comenzó con la pintura, sobre todo figurativa, cercana al expresionismo. Después, por síntesis, fue llegando a la abstracción. "Hacía composiciones de grupos de rostros y los fui uniendo. No me interesaron más los detalles figurativos y me fui quedando en la esencia", cuenta. Ahora, en general, realiza trazos sobre el mármol y va descubriendo la imagen por el camino. Sus esculturas tienen como característica la verticalidad. "Es para mí una especie de sueño, de ideal, de que no tienen límites, de que podría continuar", señala.
Además, varias de sus obras se encuentran en espacios públicos de diversos países, como Italia, Uruguay y Mónaco.
Para el artista es especialmente importante el contacto "directo de sus creaciones con el público. Cuando la obra está en un lugar, significa que una madre distraída con su hijo puede estar topándose con ella, la va absorbiendo y se establece una relación".
Artistas para ver en Punta del Este
La sala de exposiciones de la Fundación Pablo Atchugarry (Ruta 104, kilómetro 4.500) presenta obras del escultor y también una exposición de arte abstracto uruguayo.
La galería Del Paseo (ruta 10 kilómetro 162) expone las esculturas de Ricardo Pascale. Entre el 12 y el 18 de enero se realizará una muestra de fotografía contemporánea de la argentina Tamara Burlando y de maestros fotógrafos europeos que vivieron en Argentina y Uruguay.
En Galería Sur (Ruta 10, parada 46, La Barra) están abiertas las muestras de los artistas Octavio Podestá, esculturas y maquetas y de Martín Chambi, Visiones del Cuzco.
En Daniel Maman Fine Art (Calle 29 y 18) se presenta una muestra de Diana Chorne.
En Trench Gallery (Ruta 10 kilómetro 161) exponen Carolina Antoniadis, Martín Reyna, Mariana Guerrero, Manuel Cancel, Javier de Aubeyzon y Fernando Goin. A partir de mañana estarán Cristina Trovato, Patricia Linenberg, Rodrigo Suárez, Marcelo de Angelis, Natalia Orlowski y Mario Grillo.
Galería Los Caracoles en el Hotel Mantra (Saiz Martínez y Los Biguá) presenta una muestra de Miguel Fernández y desde el 12 tendrá a Philip Davies.
Quienes deseen ver la obra del artista Carlos Paez Vilaró pueden ir a Casapueblo o en Solís N° 720, en la Punta.
Gustavo Tejería Loppacher (Avenida Pedragosa Sierra esquina San Cira, parada 5) presenta la muestra "Las vanguardias irrumpen en los 50" de María Freire y José P. Costigliolo.
Cien toneladas de mármol para un homenaje
Cuando Pablo Atchugarry regrese a Italia, donde reside, comenzará un proyecto para la Universidad de Cambridge en homenaje a los docentes de ese centro de estudios. Para ello, ya tiene encargadas 100 toneladas de mármol.
En general Atchugarry no realiza bocetos de sus esculturas, aunque por la magnitud de la obra hará una maqueta.
Para el escultor el hecho de trabajar por encargue -modalidad en que realiza el 50% de sus piezas- no limita su creatividad. "Estas obras monumentales que llevan años no se pueden hacer de otra manera", sostiene. En estos casos, dice, lo fundamental es la "confianza" entre las partes. Conversan sobre la obra, sobre el lugar y así se va definiendo la escultura.
Para su trabajo, la resistencia física es fundamental. Utiliza un martillo que pesa 1,8 kilos y si bien hay máquinas que ayudan en el proceso, tienen varias contras: son pesadas, generan mucho ruido y una gran nube de polvo.
Atchugarry admite que empieza a sentir "un poco de desgaste", que se manifiesta en dolores en sus rodillas o en que no puede estar tanto tiempo de pie como antes.
De todos modos, piensa en escultores, como Miguel Ángel, que trabajó hasta los 89 años, y eso le da esperanzas.
En Italia trabaja con horarios estrictos (de 7 a 20 horas, con un descanso para almorzar). Tiene ayudantes que lo asisten en la terminación y en darle movimiento a las obras, pero él es quien hace "la base del trabajo". "Hay quienes hacen el modelo y mandan a hacer la escultura. No creo en eso, la escala cambia. Yo mismo defino las obras", sostiene.