Se ofrecen jingles políticos por internet

| Muchos candidatos quieren percusión para verse populares. Como poetas, algunos trabajan en las letras de sus canciones

ANTONIO ALVAREZ

Usted es un hijo de vecino cualquiera. Tal vez sepa poco o nada de política. Pero es altamente probable, si es consumidor de radio o tevé, que pueda describir en dos o tres trazos a un candidato político.

En tiempos de elecciones, los partidos lanzan una batería interminable de recursos publicitarios —spots, pancartas, folletos—, que buscan seducir al público con las ideas y la imagen del candidato.

Gran parte de esa información es atribuible a los viejos y queridos jingles, esas canciones que constituyen la banda de sonido de la democracia uruguaya.

Muchas veces ese golpe de ojo sobre el político de turno ni siquiera está a nivel consciente en las personas.

En esa melodía que se va instalando secretamente en las entrañas está la principal magia de los jingles.

A través de músicas y letras sencillas, el candidato lo emociona, le devuelve la esperanza, lo convence que es la mejor opción.

Con viento en la camiseta por los últimos logros, la productora "Mezcal" salió a publicitar en internet sus servicios como ejecutora de jingles políticos.

Presidenciables de las recientes primarias como Jorge Larrañaga, Alberto Iglesias y Luis Alberto Lacalle pueden dar fe que sus canciones fueron eficientes motores de las respectivas campañas, más allá del resultado en las urnas.

"¿Te gustó la canción publicitaria de Larrañaga? Hoy todos los políticos coinciden en algo: Mezcal produce los mejores jingles", dice el mail que horas atrás comenzó a diseminarse en la red de redes.

Miguel García, director de Mezcal, explica que la publicidad sonora tiene su propia carrera electoral este año. En ese podio debe competir con al menos tres productoras de primer nivel.

"Las elecciones políticas es una zafra muy interesante para los creativos. Hay mucho dinero. De hecho los avances en mi casa ocurren cada cinco años. La política paga bien. Nunca me quedaron debiendo un peso", confiesa García.

Músico que dejó su repertorio de lado para dedicarse a los jingles, García dice que al tratarse de un negocio en el cual hay mucho dinero e intereses en juego, se trata de una gran posibilidad de trabajar con otros parámetros de producción.

"En la publicidad usual muchas veces no llamás a los músicos. Te arreglás con computadoras y discos de sesiones instrumentales que se compran hechos en Estados Unidos. Pero para la política podés gastar horas de estudio sin problemas y armar coros, trabajar con verdaderos músicos", dice García.

En algunos casos, las agencias llaman como a concurso. En las elecciones pasadas ganó un jingle para Luis Hierro López y a las dos productoras que perdieron les pagaron 2 mil dólares para compensar los gastos y el esfuerzo.

La mayoría de las veces esto no es así y el trabajo se encarga al jinglero de confianza. El 80 por ciento del trabajo viene de las agencias publicitarias. No siempre fueron tiempos felices como ahora.

"Hubo una época, hace un par de elecciones atrás, en que los jingles no estaban de moda. No sabría decir bien por qué. Parece que no era la onda para ganar premios en festivales. Se hizo una publicidad política más intelectual. Pero desde la elección anterior volvieron los jingles con todo y creo que está bien. Un jingle simplifica mucho la comunicación del candidato", dice el músico y creativo publicitario.

EL ROCK BLANCO. Candidato que ganó con la fusta debajo del brazo a caballo de su canción, la letra de Larrañaga llegó de la agencia con ciertos márgenes de libertad creativa. "Querían trasmitir la idea de un candidato joven, pujante. Por eso elegimos hacer más que un jingle una canción en dos tempos. El primero melódico y luego un rock potente", cuenta García.

Cuando tenía la base rítmica y la canción retocada, García llamó a la agencia para pedir una reunión. "Al rato apareció la plana mayor de Larrañaga y tuve que cantar el jingle yo solo ahí mismo. Fue un raro concierto", recuerda.

La música de Larrañaga requirió algunas instrumentaciones diferentes para piezas publicitarias en las cuales el candidato se dirigía directamente a los votantes.

"Era una música incidental más emotiva para encabezar los spots testimoniales. Vos te dabas cuenta que era el jingle pero en otro arreglo. Son para generar predisposición, sentimientos", señala García.

En el caso del presidenciable Alberto Iglesias el contacto personal ayudó mucho a la confección de la canción "Ahí está el presidente" que lanzó al neopachequista a la conquista de la interna colorada.

Para diseñar un jingle hace falta horas y horas de trabajo. En el caso de los jingles políticos, la discusión lleva días, a veces semanas. Grabarlos lleva unas tres a cinco horas. En el caso del jingle de Larrañaga —uno de los más complejos de la historia de Mezcal— llevó ocho horas de trabajo intenso y al menos doce personas cantando al mismo tiempo, entre ellos cuatro niños.

Mezcal tiene una gama de músicos y cantantes que se adaptan a las necesidades de los jingles. "Algunos eran niños cuando empezaron y hoy están casados y con hijos", dice García. Muchos son desconocidos por el gran público, pero otros trabajan en secreto.

CANTANTES SECRETOS. Un cantante de jingles debe tener muy buena dicción y, sobre todo, tiene que ser suficientemente dúctil para atravesar géneros y tonos. "Algunos deben saber dar más de un tono. Hay gente que canta con más de una voz", explica.

Muchos se preguntarán quién es la voz solista del jingle que identificó al candidato Jorge Larrañaga con ideas de un "nuevo país, un nuevo destino", a favor del "último de la fila" y otras democráticas ideas.

Esa voz con gusto a Eros Ramazzotti sorprendería a más de uno. Pero la verdad no saldrá a luz fácilmente.

"Es muy conocido porque integra una banda de rock importante", dice García para echarle más leña al fuego. "Pero no quiere que se dé su nombre", agrega con sonrisa enigmática.

¿Prejuicio o simple cautela? García afirma que es una "decisión artística" respetable. "Esto es un trabajo y los que lo hacemos lo tomamos como tal. Aunque parezca raro, uno se compromete con el trabajo puntual y nada más. Yo soy un tipo que no sé nada de política", confiesa.

Como músico profesional, García defiende la idea de ponerse la camiseta de quien lo contrate sin importar su voto personal ni el de sus ocasionales colaboradores.

"Hubo una época —afirma García— que nadie quería cantar ni tocar instrumentos en jingles de (Jorge) Pacheco Areco. No sé por qué pero era difícil encontrar gente".

Si le preguntan para quiénes no escribiría jingles jamás, él contesta sin pestañear: "a las religiones que engañan a las personas para sacarles dinero".

En el tintero le queda hacer un jingle para el Frente Amplio. "Nunca sabré —dice García— por qué nunca me llamaron en estos 20 años. Me gustaría mucho hacer un jingle para algún sector. Así como cambian las ideas, creo que la publicidad de la izquierda tiene mucho para dar. No sé, le quitaría el aire a canto popular", dice García y agrega: "tengo amigos del Frente que me relajan porque sus niños cantan la canción de Larrañaga".

Datos

LARRAñAGA. "Un día Larrañaga vino en persona para escuchar el demo. El cliente quedó satisfecho pero pidió para hacer algunos retoques a la letra. Le gustó el "amo la rambla, el mate", etcétera. Pero quería agregarle algunas cosas que él entendía que no estaban contempladas en la canción. La canción le pareció muy montevideana. Tal vez tuviera razón".

IGLESIAS. "Yo lo veía tan trajeado y engominado que pensé en otra cosa. Pero después en contacto personal comprendí quién era y cuál era su electorado. Por ejemplo, pidió que hubiera un poco más de percusión para darle una entonación más popular a la canción.

LACALLE. "No era la primera vez que la productora realizaba un jingle para el ex presidente Luis Alberto Lacalle y la Lista 71. La letra ya venía de la agencia con el "vamo arriba". Por eso se eligió un candombe con algo de murga. Y para eso trajimos verdaderos murguistas a cantar. Porque el registro, el tono, el color de la voz es fundamental. Si suena falso, comprometés la campaña".

Un trovador romántico descubierto en la tevé

Miguel García era poco más que un adolescente cuando se dio cuenta que tenía una facilidad melódica digna de otra atención. Se presentó en el programa televisivo "Estudiantina" en 1979 con sus propias canciones y arreglos. "Me gustaba una onda Carpenters y el rock melódico. Rock pesado, no", cuenta.

El show detectó el talento de García para hacer canciones y le ofreció trabajo. Entre sus descubridores estaban Leslie Muniz y Marga Fuentes, dos exponentes de la generación Discodromo.

"Dejé mi trabajo como perforador de tarjetas de computación y me dediqué por completo a la música. Una cosa que me quitaba el sueño era cómo vivir de la música sin morirme de hambre", recuerda.

En 1982, García fundó "La Jingloteca" su primer productora de sonido y pronto tuvo claro que su futuro estaba en la música a la carta para clientes exigentes. Entre sus hits está la primera banda de sonido de Nevada que aun se sigue utilizando remixada en "Tal como sos".

Otro de los éxitos de gran recordación es "Panchonello", la canción que compuso para una campaña de la empresa de chacinados Ottonello.

Según el músico, no hay nada más estimulante que escuchar uno de sus jingles cantado por alguien que no conoce. Y en especial los que tienen muchos años fuera de los medios. "Me ha pasado y es algo alucinante escuchar a un niño cantando un jingle de uno", sostiene.

Hace seis años, García se asoció con el pianista y compositor Alberto Magnone. "Yo me encargo más de los jingles y Alberto de músicas incidentales. Aprendí mucho con él. Gané una gran musicalidad", elogia García.

Cuando le preguntan cuándo vendrán sus propias canciones, García dice que por el momento las mismas tendrán que esperar.

"En realidad no siento necesidad de expresarme de otra manera. Estoy contento con lo que hago. De alguna manera es ser un músico popular. Tengo claro que hay creativos publicitarios y músicos que sienten vergüenza al decir que hacen jingles, mucho más si son de tinte político", concluye.

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