San Pancracio se ve como una esperanza

| Miles de fieles concurrieron en la tarde de ayer fiesta del santo, además de desocupados y grupos sindicales

Una vez más los fieles, los curiosos y los buscadores de gangas se dieron cita en la parroquia Inmaculado Corazón de María, más conocida como iglesia de San Pancracio, como ocurre el día 12 de cada mes, y especialmente el 12 de mayo, fecha en la que el mártir fue decapitado en Roma, por no renunciar a su fe, en el año 305.

Pancracio se asocia al trabajo y son muchos los que acuden a pedir su intercesión para conseguir o mejorar el empleo. En la calle Inca se forma, como es costumbre en las festividades religiosas, una feria con toda clase de baratijas, como plantillas de corderito a 25 pesos, y también estampitas del santo a Voluntad.

También llegó a la fiesta una delegación del Sindicato Unico de la Construcción y Afines (SUNCA) y un grupo de desocupados de la zona de Migues y Montes. "Fíjese qué grande es la fe, que hasta los comunistas vinieron", sostuvo con orgullo Lucía Souza (81), refiriéndose a la delegación sindical.

Souza es vecina de la iglesia y devota del santo. Pero no concurre a pedir sino a dar: "Todos los meses vengo a traer un dinerillo, para los que necesiten el pan", relata.

Souza afirma que cada vez hay más gente en la fiesta. Ayer la iglesia estaba repleta en cada uno de los horarios de misa, y la feria también.

San Pancracio es un emblema de fe. Murió como un mártir en Roma, por no abjurar de su fe, a pesar de que sabía que su destino sería la muerte. Había nacido en Turquía, en una familia que desconocía el cristianismo, pero cuando viajó a la Roma imperial se dejó deslumbrar por la fe de Cristo, hasta su muerte por decapitación, según orden del emperador.

El culto a San Pancracio fue ya importante desde el mismo día de su martirio, muchos devotos fueron a venerar su tumba que se convirtió en un santuario de peregrinaciones llegadas no sólo de la ciudad sino también de todo el país.

A través de los siglos, el culto se hizo fuerte en muchos países, especialmente en España e Italia. Los inmigrantes trajeron la costumbre a Uruguay. Según una encuesta de la Consultora Datos para El País, el de San Pancracio es el segundo culto católico en importancia en Uruguay, luego de la Virgen de Lourdes.

El pregón de los vendedores era incesante, al igual que las voces plañideras de quienes pedían una ayuda monetaria en la puerta de la iglesia. Los fieles, dentro de la iglesia, fueron sometidos a examen por el cura párroco, quien pretendía que todos se convirtieran en verdaderos cristianos: "Yo soy la puerta; el que entre por mí se salvará", recitaba el cura del libro sagrado.

Afuera esperaba una promesa de buena fortuna, gritada a voz en cuello: "El 12, para hoy".

Cacho, de 65 años de edad, había llegado caminando, desde el Cerrito de la Victoria, como lo hace todos los 12 del mes, desde hace varios años. "Yo creo mucho y hoy es especial, porque es el día del santo", señaló.

Cacho entiende que no alcanza con pedir para recibir. El dice que es católico practicante y que por suerte tiene salud y también un empleo, "aunque no es una cosa del otro mundo".

El devoto cree que el santo cumple, porque si no, "¿por qué entra esa gente de rodillas a la iglesia, cada mes?". Cacho entiende que se trata de testimonios de plegarias escuchadas.

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