LA LUCHA CONTRA LA PANDEMIA

Vacunas contra el COVID-19: las claves que Uruguay puede aprender de Israel

Israel lidera la vacunación contra el coronavirus. La celeridad de su campaña empieza a arrojar datos que al resto de países les sirve como guía.

La desconfianza en las autoridades israelíes “es un problema para la vacunación voluntaria”. Foto: AFP
La desconfianza en las autoridades israelíes “es un problema para la vacunación voluntaria”. Foto: AFP

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A 11.842 kilómetros de Uruguay, en un territorio del tamaño de Tacuarembó en el que caben 9.4 millones de habitantes, más de la mitad de quienes podrían vacunarse contra el COVID-19 ya lo ha hecho. Y el pasado martes terminaron de recibir las dos dosis la totalidad de los adultos que viven en residenciales.

Israel lidera la vacunación contra el coronavirus. La celeridad de su campaña empieza a arrojar datos que al resto de países les sirve como guía, y desde la comisión que asesora en vacunas en Uruguay se está monitoreando de cerca. ¿Qué puede aprender Uruguay?

La mejor noticia llegó con los resultados de esta semana: las vacunas funcionan. Entre los mayores de 60 años, Israel llevaba unas 700 hospitalizaciones diarias por COVID-19 y se redujo a casi la mitad pasada la segunda dosis. Las muertes, también en esa población de mayor riesgo, bajó de 300 a dos. “Todavía no sabemos si las vacunas reducen la transmisión comunitaria, pero ya está claro que disminuyen los casos más graves de la enfermedad”, explicó a El País Jaim Rafalowski, uno de los integrantes de la Mesa Nacional de Crisis Coronavirus, responsable del manejo de esta emergencia sanitaria en Israel.

Uruguay cuenta con una particularidad: tiene menos porcentaje de niños y, por consiguiente, más población con chances de ser vacunada. Dentro de la diversidad israelí, las familias árabes y religiosas judías tienen muchos hijos. Un tercio de la población es menor de 15 años. “Eso significa que, incluso vacunando a todos los israelíes que pueden recibir la vacuna, jamás se alcanzará la inmunidad de rebaño”, advirtió Rafalowski.

Al mismo tiempo que se inició la vacunación, Israel atravesaba su tercera ola de contagios. Llevaba un promedio de 10.000 nuevos infectados por día, y más de 1.100 personas cursando la enfermedad en cuidados intensivos. “Es la ola más grave. Pese al confinamiento y el cierre de fronteras, durará al menos un mes más. Y si no fuera por las vacunas, el sistema sanitario estaría colapsado”. Rafalowski sabe a qué se refiere porque es magíster en Gestión Pública y representa al Maguén David Adom (versión israelí de la Cruz Roja y que oficia de servicio de atención emergencial).

En buena medida la ola de contagios responde a la expansión de la variante británica del virus, la que ya fue encontrada en Uruguay y que en Israel es detectada en siete de cada 10 positivos. He aquí otro aprendizaje: por más vacunas, hay que mantener la protección.

Rafalowski es enfático: “Esta es una emergencia sanitaria, pero el combate no le corresponde solo a la salud. Una vez que me administran la vacuna, no me puedo ir de fiesta. En algún momento, estimo que menos de un año, vamos a irnos de fiesta. Pero todavía falta”.

Los israelíes llegan para recibir la vacuna Pfizer/BioNtech de COVID-19 en un gimnasio en el Israel. Foto: AFP.
Los israelíes llegan para recibir la vacuna Pfizer/BioNtech de COVID-19 en un gimnasio en el Israel. Foto: AFP.

Si le pregunta cuál es la clave para el acceso universal y rápido a vacunas, el experto es categórico: “Su sistema de salud, con seguro médico obligatorio y un Ministerio de Salud que centraliza todas las compras y distribuye equitativamente”.

Este aprendizaje cobra sentido en la mayoría de países sudamericanos -incluyendo Chile, donde nació Rafalowski- que carecen de un sistema integrado. Uruguay es una excepción. Cuando reformó su sistema de salud, en 2007, se basó en el modelo israelí.

“Con María Julia (Muñoz) viajamos a Israel y quedamos maravillados: todos aportaban a un fondo común y todos tenían acceso a la prestación de salud de calidad”, cuenta el hoy senador Daniel Olesker, quien en su momento lideró la reforma. “Incluso queríamos imitar aún más el sistema israelí, del que también tomamos la estructura de cápita por sexo y edad: queríamos unificar instituciones. Israel tiene cuatro grandes cajas para más de 9 millones de personas; en Uruguay hay casi 40 para 3 millones”.

Pese a esa similitud del sistema, para la etapa de vacunación Israel dispuso una descentralización mayor a la que prevé Uruguay: allí se establecieron 417 puntos vacunatorios. Unos 10.000 voluntarios, en su mayoría técnicos, fueron capacitados para administrar las dosis. Y los enfermeros especializados en vacunación asumieron el rol de supervisión.

“Para el 98% de la población, el acto técnico de poner la vacuna es sencillo, toma tres segundos y es sumamente seguro. Entonces a los enfermeros más capacitados se les asignó la tarea de filtrar a aquellas pocas personas que puedan ser alérgicas o que necesiten una atención especial en los centros médicos”. Esta estrategia, dijo Rafalowski, agiliza la vacunación y la hace más efectiva.

Eso viene acompañado de un dogma: “Así como no se tira comida del plato, tampoco se desperdicia una dosis”. Cuando en la botellita del líquido que fue descongelado queda volumen para dos o tres dosis, “se le ofrece a la población de la zona, aunque no sea parte del grupo prioritario”.

Los efectos secundarios de la vacuna “fueron leves y hasta en menor proporción que la vacuna contra la gripe”. Por eso -y porque la variante británica del virus hizo que ocho embarazadas estén hoy en CTI-, Israel incluyó a las embarazadas en la vacunación. Uruguay, por ahora, las dejó fuera de la campaña.

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