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Radioterapia: la mayoría de los equipos son "obsoletos" y su recambio tardará "un año", dijo jerarca de Industria

El físico médico Gabriel González, director del organismo que fiscaliza el sector, celebró la renovación de los aparatos de tratamiento de cáncer, pero advirtió que tiene que haber también un "cambio cultural" en el sistema.

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Gabriel González
Gabriel González.
Foto: Darwin Borrelli

Por Joaquín Silva
Daniel Salinas declaró semanas antes de abandonar el cargo que el panorama de la radioterapia en Uruguay, tal como quedó reflejado en un informe internacional, era “catastrófico”. Palabras “muy elocuentes”, opinó ahora Gabriel González, el primer director formal de la Autoridad Reguladora Nacional en Radioprotección.

En entrevista con El País, este físico médico que ha sido crítico en los últimos años con el estado de la de radioterapia uruguaya se mostró optimista con las renovaciones tecnológicas que ahora están haciendo clínicas. Pero advirtió que eso no será “de un día para el otro” y que estima en “en un año” el tiempo de transición para que los equipos actuales dejen ser “obsoletos”.

-El informe que hizo recientemente una misión internacional coordinada por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el estado de situación de la radioterapia en Uruguay arrojó un “diagnóstico catastrófico”, según dijo Daniel Salinas. ¿En qué se basó el exministro para concluir eso?

-La misión Impact evaluó la actuación del país en relación a las enfermedades oncológicas en todas las áreas. Y eso significa prevención, cirugía, gobernanza, políticas, planificación, imagenología, terapias, quimioterapia, inmunología, radioterapia y medicina nuclear. Y en base a ese informe, que se hizo en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud y la OIEA, surgen recomendaciones. Vinieron varios expertos de distintas áreas y elaboraron un reporte que es para el país y que había solicitado el ministro de Salud Pública. Las palabras del ministro fueron muy elocuentes, muy fuertes y dan cuenta de que, en ese informe, una de las áreas que necesita mayor esfuerzo y que el país tiene que mejorar en forma muy importante es la radioterapia.

-¿Qué dificultades se encontraron?

-El informe dice varias cosas que yo diría que ya son sabidas. El equipamiento es muy viejo. Es obsoleto. Está fuera de los plazos de uso.

-¿En todos los casos?

-La antigüedad general de los aceleradores (los equipos que irradian pacientes) que hay en Uruguay es de 18 años. En el sistema público es aún mayor. Pero además del equipamiento, el informe también señala la falta de formación de recursos humanos y la capacitación de los mismos, y la falta de estimación de costos: cómo funciona el sistema en el cual no se saben cuáles son sus costos fue otra cosa que preguntaron. Entonces no parece haber planificación y a las propias autoridades les falta construir un sistema que apoye la gobernanza en áreas que son además muy particulares y muy técnicas como las aplicaciones radiantes en medicina.

-¿Ese informe se va a hacer público?

-Le corresponde al Ministerio de Salud Pública (MSP) divulgarlo. Es un informe que lo han recibido muchas personas que han participado en la misión.

-¿Tiene una fecha estimada para ser difundido a la sociedad?

-No, no. Pero es un informe de utilidad para todo el país. Abarca muchísimas instituciones. Entonces el MSP lo leerá atentamente y verá cuáles son las políticas que va a implementar siguiendo las recomendaciones del informe, que espero se le dé a publicidad porque beneficia a muchas instituciones y se hace corrientemente en todos los países, y en todos los casos se divulga.

-Antes de esta misión, usted ya había dicho públicamente que cuando asumió al frente de la ARNR se encontró con un organismo que no estaba en condiciones de cumplir con su rol, que básicamente es fiscalizar todos los centros donde se produzcan radiaciones ionizantes. ¿Cambió en algo con este gobierno?

-Yo diría que sí cambió muchísimo. Para empezar, increíblemente esta autoridad no tenía director porque no existía ese cargo. Eso se creó en la Ley de Presupuesto y en algún sentido yo soy el primer director. Esta autoridad tampoco tenía un sistema de gestión, no tenía procedimientos escritos y le faltaba personal con distintos perfiles. Había además escasez de personal, en números y en diferentes capacidades y había quizás una debilidad política e institucional muy importante que hacía muy difícil el cumplimiento de su misión. Porque si hay que regular y, aunque sea lo último que se quiera hacer, sancionar y buscar cumplir la normativa, se enfrentaba a situaciones que eran muy complicadas y para las cuales hacía falta cierto nivel de decisión y de apoyo político.

-¿Usted entiende que el gobierno de Tabaré Vázquez no priorizó o no atendió como se debía, desde la gestión pública, a la radioterapia como tal?

-A ver, ¿esta situación es fruto de los gobiernos anteriores? Sí. Pero esta construcción, esta institucionalidad respecto al uso de la radiación ionizante quizás no solo es fruto de los tres gobiernos anteriores sino de toda la historia del Uruguay. Es cierto que en los últimos 20 años la Autoridad Reguladora ha sido muy débil, pero por otro lado se han creado y aprobado las normativas. O sea que se han hecho algunas cosas. Ahora, referente a las prácticas de salud, creo que está claro que no había planificación y que la situación de los servicios públicos estaba muy, muy comprometida. No solo por la edad de los equipos, también en la forma en que se compró, al final del período anterior, varios aceleradores sin componentes esenciales. Ahora hay espacio para mejorar, pero no se logra tomando una decisión en un día, sino planificando, formando recursos humanos y teniendo una mejor gobernanza.

-Al asumir en 2020 observó también que durante el último quinquenio las 10 clínicas de radioterapia que hay en el país habían operado sin estar habilitadas en algún momento, y que algunas incluso no tenían todavía licencia. ¿Cambió al día de hoy esta situación?

-Cuando asumí los hospitales públicos que practicaban radioterapia no tenían licencia de operación. Esa fue la primera situación seria que vi, que abordamos y solucionamos. Fue un proceso. No fue simplemente que se emitió un carnet al día siguiente. Los hospitales tienen que demostrar una cierta competencia y apego y verificación de las normas para obtener su licencia. Hoy en día todos los hospitales públicos tienen licencia y la habilitación correspondiente. Hay otros que dos por tres no funcionan por la razón del estado de los equipos.

-¿A cuáles se refiere?

-Bueno, el hospital de Clínicas ha tenido diversas situaciones, al igual que el Pereira Rossell y el Instituto Nacional del Cáncer.

-Dejan de operar porque se rompen.

-Exacto.

-¿Y qué otras condiciones pueden ser excluyentes para mantener una licencia?

-Las clínicas tienen que demostrar que los equipamientos están en forma para ser utilizados en pacientes. Y que tienen recursos humanos suficientes y entrenados en ese equipamiento en particular.

-Decía que, en promedio, el nivel tecnológico de los equipos que utilizan aquí las clínicas de radioterapia es de obsolescencia. ¿Las renovaciones que están habiendo en algunos centros va a cambiar el panorama?

-Sí, están habiendo renovaciones. Pero la primera gran renovación fue la compra que se hizo en el gobierno anterior, porque se compraron tres aceleradores para hospitales públicos.

-Estamos hablando de 2018.

-Sí. Se entregaron en 2019. Pero se compraron en condiciones que son conocidas. Para el Pereira Rossell ni siquiera había un búnker donde colocar el acelerador. Se compraron los equipos sin el software para ser utilizados, que es lo que se llama Sistema de Planificación. Se compraron sin los equipos de medida que permiten saber qué hace esa máquina cuando funciona. Todo eso hubo que ir comprándolo y adecuándolo.

-Y todo eso recién en este gobierno.

-Sí. ASSE ha hecho grandes esfuerzos y ha comprado. La OIEA ha hecho donaciones muy importantes. Por otro lado, la pandemia también ocasionó enormes atrasos en la entrega de equipamiento. Y además la normativa prevé que los equipos tienen que tener mantenimiento preventivo, que es lo que ahora está en proceso.

-¿Esto último es lo que estaría faltando para activar los equipos, que ya llevan cuatro años esperando para funcionar?

-Sí. ASSE está firmando ese contrato y va a ser la primera vez que los servicios públicos del país tendrán mantenimiento preventivo para los aceleradores. Porque eso era una situación increíble. Y además, al haberse hecho por separado de la compra inicial, con lo cual hay que volver a negociar con la misma empresa, el costo terminará siendo mayor.

-¿De qué manera explicaría que se perjudica hoy un paciente oncológico que se atiende en estas condiciones todavía vigentes?

-Bueno, que en Montevideo hubiera cuatro aceleradores y hoy funcionen dos implica más demoras, más tiempo en la gestión del tratamiento del paciente, eventualmente listas de espera. Es evidente el perjuicio que algo así tiene para el paciente. Pero de esta situación yo creo que se va a salir rápidamente ahora con la incorporación de estos aceleradores y porque en el sector privado se van a abrir dos o tres clínicas nuevas con equipamiento muy avanzado como en Uruguay no existía. Así que se espera un cambio enorme en la tecnología, aunque tiene que ir acompañado de un cambio cultural, que involucra todo lo demás que también señala el informe Impact.

-¿Y cuánto tiempo estima que pasará para que Uruguay deje finalmente de tener un promedio de equipos que hoy son, todavía, calificados como “obsoletos”?

-En términos del equipamiento yo creo que de aquí a un año el panorama va a ser radicalmente diferente.

-¿Y cómo está Uruguay en comparación a la región y el mundo?

-Muy atrás, pese a que se están haciendo mejoras. Brasil y Argentina, por ejemplo, han hecho la renovación tecnológica hace varios años. Y la continúan haciendo. Y han generado recursos humanos de muy buen nivel y también lo continúan haciendo.

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