HÁBITO GENERALIZADO

Consumo de marihuana continúa al alza en Uruguay, aunque se retrasa la edad de inicio

El alza en el consumo de esta droga ha sido en todos los niveles: los que probaron alguna vez, los que lo hicieron en los últimos 12 meses o lo últimos 30 días.

Generación de millennials es la que más consume marihuana
Más de la mitad de los uruguayos de entre 15 y 65 años consumió cannabis alguna vez en su vida. Foto. archivo

Cuando piensa en un uruguayo fumando marihuana, ¿cuál es la primera imagen que se la aparece? ¿Un hombre de rastas, joven, de pantalones holgados y con hedor a bosque quemado? Existe la falta idea de que el porro “es cosa de gurises” o una “moda pasajera”. Pero la última encuesta de prevalencia de consumo de cannabis rompe el tabú.

Más de un tercio de los uruguayos de entre 15 y 65 años consumió cannabis alguna vez en su vida.

Eso significa que más de medio millón de los jóvenes y adultos que se cruza por la calle (los que visten corbata y los que no, las de minifalda y las que no) probó marihuana. 

El alza en el consumo de esta droga (se septuplicó desde comienzos de siglo) ha sido en todos los niveles: los que probaron alguna vez, los que lo hicieron en los últimos 12 meses o lo últimos 30 días. Y a la par que se dio este aumento, también se acortaron las brechas entre Montevideo y el interior, y entre hombres y mujeres (aunque ellos siguen consumiendo más por una distancia de 22 puntos porcentuales).

Pero de los datos que presentó ayer la Junta Nacional de Drogas surge un indicador que puede revertir la tendencia: cada vez son más los uruguayos que consideran que el consumo de marihuana es riesgoso.

En Uruguay mueren cada año entre 32.000 y 35.000 personas. Menos del 1% de esos fallecimientos está asociado directamente al consumo de droga (el año pasado fueron 268) y ninguno de esos decesos parece relacionado (al menos bajo la lógica de causa-efecto) a la marihuana.

Evolución del consumo de marihuana en Uruguay
Evolución del consumo de marihuana en Uruguay

El alcohol sigue siendo, con creces, la sustancia más letal: ocho de cada diez muertes por consumo de drogas.

Pero que el cannabis no haya provocado muertes, no significa que su consumo sea inofensivo. Más allá de las consecuencias cognitivas y la pérdida de reacción que dificulta el manejo de vehículos y máquinas, el 1,2% de los ingresos hospitalarios son por la ingesta de esta sustancia. Dicho de otro modo: cada tres días hay una hospitalización por consumo de “faso”.

“Todo consumo de sustancias psicoactivas tiene alteraciones en el desarrollo del cerebro”, dijo Diego Olivera, secretario general de la Junta Nacional de Drogas. “Por eso es una buena noticia, desde el punto de vista sanitario, que se haya retrasado la edad de inicio de consumo de cannabis”. Los uruguayos declaran haber dado inicio al consumo poco después de los 20 años (en 2011 era poco después de los 18).

Mercado regulado.

Hace seis años, poco antes del brindis de Noche Vieja, el Parlamento uruguayo aprobó la ley que regula la importación, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y distribución de la marihuana y sus derivados. Desde entonces, y hasta fines del año pasado, el narcotráfico clásico se redujo cinco veces.

El narcotráfico clásico es lo que, en la jerga, se dice “venta prensado paraguayo”. A fines de 2018, solo uno de cada diez consumidores de marihuana admitía seguir acudiendo a ese producto y al mercado negro. Eso no equivale a que todo el resto acceda al mercado regulado.

Según los cálculos del Observatorio Uruguayo de Drogas, el 27% del cannabis que se consume en el país proviene del mercado legal.

En las farmacias se venden dos variedades de marihuana. Foto: Fernando Ponzetto
En las farmacias se venden dos variedades de marihuana. Foto: Fernando Ponzetto

La regulación del cannabis, explicó el sociólogo Héctor Suárez en la presentación de ayer, ha captado mayormente al consumidor habitual, ese que lo hace asiduamente. Entre la gente que se fumó porro en la última semana o lo hace diariamente, el 60% está registrada para la compra legal.

Las farmacias de expendio, pese a ser solo 17 en todo el país, siguen siendo la vía preferida por los consumidores: más de 38.000 se inclinaron por esta forma de acceso al producto. Desde que se habilitó esta vía, el 19 de julio de 2017, el número de adquirentes no ha parado de crecer.

La oferta, sin embargo, no siempre acompañó esa demanda. Tómese el ejemplo extremo: si todas las personas registradas para comprar en farmacias adquiriesen los 40 gramos que les corresponde en un mes, se acabaría casi la mitad de toda la marihuana que se vendió en farmacias hasta ahora.

El Observatorio midió la cantidad de transacciones que hubo hasta el 31 de octubre. Se vendieron en farmacias 3.351 kilos de cannabis. Ese volumen, sin embargo, no fue a parar solo al comprador: la cuarta parte dice compartir el producto.

Una sustancia que, a juzgar por la gente registrada, es consumida por personas de más de 30 años en promedio. El porro ya no es “cosa de gurises”.

El consumo en adolescentes.

Mito. “Si algo es legal, no es dañino. Y si la marihuana se legaliza, los adolescentes pensarán que no pasa nada y consumirán cada vez más”. Este argumento, uno de los usados como oposición a la regulación, parece haber quedado sepultado tras conocerse los nuevos datos de la VIII Encuesta Nacional en estudiantes de educación media sobre consumo de drogas. Desde 2011 venía en aumento el consumo en esta población y se detuvo (incluso hubo cierta caída entre los consumidores recientes).

Sexo. La marihuana era una droga bastante masculinizada. La brecha se ha ido acortando. Entre los adolescentes consumidores, la diferencia directamente desapareció. Ellas y ellos consumen por igual: un 25% experimentó alguna vez, un 20% consumió durante el último año y un 11% lo hizo el último mes.

Límite. El 13% de los estudiantes adolescentes que consumió cannabis en los últimos 12 meses presenta riesgo alto de configurar un uso problemático. Ese guarismo trepa al 80% de quienes consumen semanalmente o todos los días. Un problema asociado es que, a diferencia de la población adulta, en los jóvenes viene a la baja la percepción del riesgo. Solo el 8% de los que consumieron “alguna vez” perciben la existencia de un riesgo para la salud.

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