ALEJANDRA VARTIAN
Al mes de haber cumplido 15 años, a Cecilia Pereyra (17), le colocaron su primer "piercing". Le atraviesa la oreja por medio de dos agujeros en el cartílago, unidos por una barra de acero quirúrgico. Al cumplir los 16, le llegó el turno a su nariz. Cuando concurrió al local donde realizan las perforaciones, nadie le preguntó si tenía diabetes, antecedentes hemofílicos o alergias a los metales, ni si había sufrido problemas de epilepsia o tomaba medicación anticoagulante. Esas son algunas de las preguntas de rigor en aquellos países donde existe una normativa.
La doctora Mónica Lowinger, dermatóloga, del Servicio de Enfermedades Infectocontagiosas del Ministerio de Salud Pública (MSP), explicó que los diabéticos poseen más probabilidades de tener infecciones y dificultades en la cicatrización. "Al perforarse la piel, se perforan vasos y el hemofílico, que tiene un trastorno en la coagulación, puede comenzar el sangrado. El procedimiento puede provocar nerviosismo, actuando como estímulo para disparar una crisis epiléptica".
Lo que sí le ofrecieron a Cecilia fue suministrarle anestesia local, y aceptó. Pero utilizar anestésicos es tarea de médicos y puede provocar reacciones alérgicas. Por esos motivos está prohibido en los países donde existe una regularización.
Justamente, con el fin de proporcionar mayores garantías, en junio se creó la Asociación Uruguaya de Artistas Corporales (Audac), integrada por 25 tatuadores y "piercers". "En todo el mundo hay leyes y acá también tiene que existir un control. Queremos que todos trabajen con los materiales adecuados. Hoy cualquiera puede abrir un local, aún sin condiciones de higiene. En otros países está prohibido el uso de pistolas, pero aquí hay gente que las utiliza. Las piezas deben ser de acero quirúrgico", precisó Eduardo Sasia, presidente de la Audac.
NORMAS. Respondiendo a las inquietudes de Audac, hace tres meses el Ministerio de Salud Pública creó la Comisión de Normativas para Tatuajes y "Piercings", abocada a la elaboración de normas de bioseguridad. "La comisión está formada por un representante del Programa Nacional de Sida, de epidemiología, de toxicología y un dermatólogo, entre otros. Estamos analizando los pigmentos que se usan en los tatuajes y los materiales que se utilizan en los "piercings" para recomendar aquellos que no sean perjudiciales para la salud", explicó la doctora Margarita Serra, integrante de la comisión y directora del Programa de Lucha contra el Sida.
Luego de la elaboración de la normativa, se llevará a cabo la habilitación de los locales constatando que cumplan con los requisitos de sanidad, y se creará un registro de tatuadores y "piercers". "Implementaremos un curso de bioseguridad para la capacitación. No se autorizará el uso de anestesia porque tiene riesgos", agregó la doctora.
RIESGOS. Las perforaciones que no se realizan en las condiciones de asepsia adecuadas pueden provocar alergias y enfermedades. "Tanto los tatuajes como los "piercings" realizados con materiales inadecuados pueden generar problemas de alergia, por eso se recomienda el acero quirúrgico. Si se utilizan materiales que estuvieron en contacto con sangre o secreciones de otra persona y que no se esterilizaron, puede provocar la infección por hepatitis B, hepatitis C y en menor proporción el VIH. Usando materiales no tóxicos y esterilizados ese daño no existe", puntualizó Serra.
La revista "Mayo Clinic Proceedings" publicó una investigación que concluyó que casi uno de cada 5 jóvenes que se coloca un "piercing" sufre alguna complicación. El estudio reveló que el 52% de los estudiantes tenían un "piercing", que un 17% había experimentado infecciones y que un 18% se lo había quitado".
En Uruguay, Tatiana Bellón (16) debió sacarse el "piercing" de su ceja. "Me lo hicieron a los 13 y sólo me duró un año. La piel empezó como a morirse y el "piercing" quedó como agarrado de un hilito".
Gastón Berger, de Elefante Tattoo, promotor y socio de Audac, precisó que hay profesionales que hacen las cosas bien. "Queremos que haya una inspección periódica. Tiene que prohibirse la colocación de "piercing" o tatuajes en una feria, en la calle, en el baño de un local. Queremos que exista una legislación para que los menores necesiten autorización. Siempre exijo que la tengan, aunque pierda el trabajo".
La comisión aún no tomó una decisión con relación a los menores. "Hay países que exigen autorizaciones de los padres, y en otros no se les permite ni siquiera con autorización", explicó Serra.
Un ritual urbano
El "piercing" ha existido en las distintas culturas como un rito o una señal de pertenencia a un grupo. Las mujeres Masai deforman su cavidad bucal con discos para aumentar de tamaño la boca; los esquimales desarrollaron la técnica de los "labrets" (en el labio inferior) que señalaban la transición al mundo adulto; los mayas se perforaban labio, nariz y orejas con joyas. Hace tres décadas resurgió en Occidente con los punks.
En la actualidad el uso de "piercings" adquiere nuevos significados. "Además de rito pasa a ser algo para llamar la atención. Hay una búsqueda, los jóvenes quieren tener nuevas sensaciones", opinó Berger de Elefante Tattoo.
Para Cecilia Pereyra hacerse las perforaciones trasciende lo estético. "Me gusta la sensación: nervios y adrenalina, dolor y ansiedad. Después te sentís diferente".
Una perforación sale entre 150 y 300 pesos y los "piercings" oscilan entre 200 hasta los 1.000.
Resulta imposible cruzarse con Juan Falcone, "piercer", y no detenerse a observar los 13 aritos que lleva en su rostro. "Es algo propio, un estilo y una opción estética. Hace 5 años me encontré con un viajero que tenía un "piercing" en el caballete. Le compré uno y me lo coloqué en la ceja. El aprendizaje me llevó 2 años. Aquí no hay quien te enseñe: me formé practicando sobre mí y algún amigo como conejillos de indias".