ALEJANDRO NOGUEIRA
L a lengua siempre presta, de inusual motilidad, del ahora senador José Mujica, tiene ocasionalmente la virtud de aclarar lo que algunas usinas de la izquierda no se animan a decir sin ambages. "Yo soy clase media. Yo cobro $ 26.000 en efectivo. Es lo que me deja el MPP", dijo a El País el lunes, en medio de la movida de Paso de los Toros, comentando un debate que tiene a maltraer al Frente Amplio en relación al IRPF. "La mayoría de los uruguayos ganan $ 10.000 o menos. Entonces el que gana $ 40.000 o $ 50.000 no lo son. Como dijo (el ex presidente de Peñarol, Pedro) Damiani este no es un país de ricos sino de riquillos. El que gana $ 40.000 o $ 50.000 está bigote para arriba. Muy cómodo y que no moleste", advirtió.
Casi 70 palabras cargadas de un volumen de significado que no suelen tener sus cotidianas verborrágicas incursiones mediáticas.
Como legislador, más que cuando era ministro, Mujica tiene ingresos por bastante más de los $ 26.000 que destaca. Si la mitad o más se los lleva el MPP, es una opción libre del senador, como puede ser la de un mando medio, público o privado, o un profesional que tenga un ingreso similar y que pueden alegar que la mitad se le va en la educación de sus hijos y la peluquería de su esposa.
Y además, en el hogar de Mujica ingresa el doble de lo que canta, más lo que pueda rentar su chacrita. O sea que Mujica no es "clase media", ni siquiera es un "riquillo". Es, perdóneme, un "oligarquillo", según sus pautas.
La cuestión de la "clase media" damnificada por el IRPF se ha instalado con fuerza en el gobierno y el Frente Amplio a la luz de las encuestas. El equipo económico minimiza el asunto y alerta que los buenos izquierdistas se deben preocupar más por los pobres que por los acomodados. El presidente Vázquez también se inquieta y obliga a Astori a "dar una señal" amigable en este sentido. Y hasta los comunistas quieren proteger a las capas medias.
Pero para Mujica -y capaz que también para Astori y su gente- son personas que están "de bigote para arriba" y no deben molestar.
El mensaje es deletéreo, nocivo. Ganar el equivalente a unos US$ 2.000 dólares en Uruguay (lo que gana un empleado de supermercado en Europa), es ser peligrosamente "riquillo", motivo de baldón, razón de exacción tributaria justa y justificable. Estudiar, trabajar 14 horas diarias, progresar es ser un "riquillo" digno de desprecio. Con mensajes como éste ¿cómo no se van a ir del país los jóvenes calificados a razón de 20.000 al año en plena prosperidad económica y cuando, por fin, hay un gobierno de izquierda que se ocupa de los pobres? ¿Quién, si puede zafar de estas concepciones asentadas en el Estado, no querría irse a otra parte del mundo?
Grandes contingentes de las polémicas clases medias uruguayas han acompañado al Frente desde la primera hora: intelectuales, profesionales, gente en cargos jerárquicos han sido y son de izquierda (idealismo, sensibilidad social, cultura, desencantos múltiples) y es aquí donde hay conatos de rebelión y abiertos ataques de furia que inquietan a los contadores de votos que quieren evitar un balotaje. Ellos necesitan la "señal" que pide Vázquez desde su olfato político, probablemente porque se da cuenta que no podrá mostrarles al fin de su mandato que el castigo tributario sirvió verdaderamente para algo.
Sin embargo, lo que irrita casi tanto como el IRPF son comentarios como el de Mujica, ni líder, ni político, y menos estadista: politiquillo.