La Policía incineró en la mañana de ayer 1.041 kilos de marihuana y 314 kilos de cocaína en un horno de cemento en la ciudad de Minas.
Los paquetes de drogas, requisadas en operativos llevados adelante en los últimos meses tanto en la capital como en el interior del país, fueron transportados desde Montevideo hasta la Cementera Artigas, en Lavalleja, bajo un fuerte operativo de seguridad.
El vocero del Ministerio del Interior, Fernando Gil, dijo a El País en la mañana de ayer que para el traslado fueron utilizados 40 efectivos de la Guardia Metropolitana.
Estaba todo dispuesto para que el convoy fuera vigilado desde el aire por la Fuerza Aérea pero la niebla de la mañana impidió la operativa aérea. El helicóptero solo pudo acompañar al convoy hasta la ciudad de Pando, dado que allí la niebla era más intensa.
El mayor Óscar Gabarrot, el oficial del Regimiento de Guardia Republicana que estuvo al frente del operativo, explicó que se realizó bajo fuertes medidas de seguridad ante la posibilidad de que el cargamento pudiera ser objeto de un intento de rescate. "Se prevén todos los medios de seguridad y se mantiene la operación en secreto hasta último momento", explicó Gabarrot.
Junto a los vehículos policiales viajó también una camioneta con personal técnico del Instituto Técnico Forense (ITF) del Poder Judicial, cuya misión es la de fiscalizar la operación de destrucción de la droga y controlar que su pesaje sea el previamente registrado.