El apartamento se inundó de la inconfundible voz del cantante argentino Charly García. La mujer apuró la copa de vino que tomaba sentada en el comedor.
Tomó con extrañeza el revólver calibre 22 y subió muy alto el volumen del audio, nadie se extrañaría porque a ese volumen solía escucharlo Ernesto, su hijo, y por eso ya habían tenido problemas con varios vecinos que se habían quejado.
Caminó hasta el cuarto donde Ernesto dormía. Tuvo que ponerse de cuclillas porque el colchón estaba tirado sobre el piso. Escuchó la respiración de su hijo por última vez. Arrimó el cañón del arma al oído de Ernesto e hizo lo que un año atrás había decidido hacer.
Con el primer disparo su hijo todavía agonizaba, así que rápidamente le efectuó otro disparo en el corazón y aún otro en la sien izquierda.
Luego se quedó a su lado, velando la agonía, para asegurarse que moriría. En el comedor terminó la botella de vino mientras escribía una carta en la que explicó por qué había tomado la decisión de matar a su hijo Ernesto Darío Da Cunda Pirez de 23 años, enfermo de esquizofrenia paranoide.
La mujer de iniciales D.C.P. de 55 años, psicóloga de profesión, salió sobre las 24 horas del martes del apartamento 203, ubicado en el Block C calle E al 3961 de un complejo de viviendas emplazado entre las calles Santiago Rivas y Andrés Aguiar, en el Buceo.
Se dirigió hasta el puesto de vigilancia del servicio 222. Por el camino pasó junto a una volqueta en la que tiró el arma homicida. Frente a los dos policías allí apostados les dijo que acababa de matar a su hijo porque: "no lo podía ver sufrir más".
PREMEDITADO. De inmediato los policías dieron aviso a sus pares de la Seccional 11a. y al lugar llegaron los detectives junto a dos ambulancias, pero poco había para hacer. Encontraron a Ernesto con la cabeza orientada al sur, tapado con una sábana blanca y azul, acostado en un colchón empapado en sangre. Los médicos constataron su fallecimiento.
Trasladada a la Seccional 14a. perteneciente al Distrito de la Costa, D.C.P. confesó que hacía un año planeaba la muerte de su hijo esquizofrénico. También confesó sin ambages que había comprado el arma en una armería ubicada en el Centro. La psicóloga contó que cerca de las 23.30 había llegado del supermercado con la decisión de darle muerte.
Ernesto Darío vivía con su padre, pero cuando se descompensaba y tenía problemas con él, se iba a la casa de su madre. Si bien varios vecinos consultados por El País expresaron que el joven era consumidor de drogas y que comúnmente golpeaba a su madre, fuentes policiales consultadas aseveraron que, más allá de algún episodio de pelea entre ellos, no eran esas las causas de una muerte que fue con un sentimiento de "piedad" de parte de la psicóloga. La profesional ahora será sometida a una pericia psiquiátrica solicitada por el juez Penal de 18vo. Turno, quien también dispuso que la homicida volviera en el día de hoy a su despacho.
ESQUIZOFRENIA. "Es una psicosis crónica, pero contrariamente a lo que se puede popularmente creer, los esquizofrénicos paranoides, como parece este caso, no son violentos, no son más violentos que cualquiera de nosotros los "normales". Sí son muy proclives al suicidio sino están debidamente atendidos", dijo a El País el psiquiatra forense Gustavo Curbelo.
"El paranoide puede escuchar voces que hablan de él o se ríen de él o confabulan contra él. Es primordial la contención emocional que pueda darle la familia, si esta parte fracasa, fracasará todo el tratamiento", indicó Curbelo.