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Remedios llegan a Margarita el sábado; hay más pedidos

Algunos uruguayos postergan la vuelta a la espera del cambio; otros están demasiado arraigados. Foto: EFE

Crisis en Venezuela

Uruguayos en Venezuela deben recurrir al mercado negro o a familiares.

José Rodríguez es de Punta de Rieles pero hace más de 40 años que vive en Venezuela. Hoy necesita del dinero que le envía su hijo que vive en Utah (Estados Unidos) y de los medicamentos que le lleva su hija, que es venezolana pero que vive en Montevideo. Rodríguez está en Guarenas, una ciudad "satélite" de Caracas, en el Estado Miranda, con su madre que tiene 93 años. "Cuando mi hija viene a visitar a su abuela nos trae los medicamentos en bolsas "ziploc" como si fueran para su uso personal. Por eso no tenemos problemas pero sé que la situación es crítica, con los antibióticos, con los medicamentos para la hipertensión. Yo soy socio de la Hermandad Gallega que tiene servicios médicos y por suerte no tengo que ir a un hospital", contó a El País. "Mi hija cuando trae dice que es para uso personal. Nunca se lo han quitado pero a veces deja algún dólar porque este es un país de malandreo", dice hablando muy rápido y recurriendo a muchos "venezolanismos".

El próximo sábado por la mañana llegarán funcionarios de la Cancillería a Porlamar, en la Isla Margarita y entregarán medicamentos para siete uruguayos que los necesitan, informó el presidente del club de la colectividad allí, Hugo Galín. Otros uruguayos ya se han acercado a interesarse por la posibilidad de acceder a medicamentos pero todavía no están cuantificados, dijo Galín. "Ninguno de los pacientes está urgido, urgido", aseguró Galín. Es- ta semana falleció una mujer uruguaya hipertensa por un accidente cerebro-vascular que había tenido problemas para acceder al medicamento Valsartán.

Los medicamentos fueron trasladados por una misión uruguaya encabezada por el director de Asuntos Consulares, Jorge Muiño. El País intentó contactarlo pero no respondió los mensajes. Ayer la cancillería informó en un comunicado que el listado de medicamentos requeridos le llegó el 10 de febrero. "Se está estudiando la manera de instrumentar el mecanismo del uso de una posible franquicia, así como la habilitación de la misma por parte de las autoridades venezolanas, para la remisión regular de medicamentos para aquellos compatriotas que no logran acceder por diversos motivos a la medicinas", dice el comunicado. Los medicamentos fueron provistos por ASSE.

Esperando el cambio.

Víctor Illescas es montevideano pero prácticamente toda su vida vivió en el estado de Barinas, donde nació Hugo Chávez. Tiene tres hijas y está casado. Un hermano vive en Montevideo y él pensó en emigrar pero no es tan sencillo porque tiene una familia y dice que tiene la esperanza de un cambio de gobierno. "He pensado en emigrar pero estoy esperando. Yo creo que sí va a haber un cambio", dice. Su padre tiene párkinson y le consigue medicamentos pero los paga a precios caros en Venezuela o los tiene que traer de la cercana Colombia.

Rodríguez también ha pensado en regresar a Uruguay pero "no me dan los números, chamo (muchacho)" porque cree que tendría que malvender lo que tiene. "Acá tengo mi casita, mi carro, mi fondito. Mi hermano me dice que en Uruguay una cabaña de 30 metros cuadrados sale US$ 22.000", explica. Rodríguez consigue alimentos pero son "bachaqueados". Los "bachaqueros" ya no son solamente los contrabandistas sino también quienes compran en el supermercado y revenden en el mercado negro. "Compro mucho bachaqueado, chamo, pagando hasta 100% más el valor real. La harina Pan (con la que se hace la típica arepa venezolana, un bien de consumo básico) no está en los pequeños negocios y hay que comprarla a más del 100% de su valor real, por una cifra que supera el salario mínimo", se quejó. "Es que acá no se produce nada, chamo", explica.

No se atreve a pronosticar cuál será el desenlace de la crisis venezolana. "Está trancado el juego de dominó", explica.

Javier Brassesco, es un periodista uruguayo nacido en Las Piedras, pero se siente venezolano y vive en el barrio caraqueño de San Bernardino. En 2017 estuvo 8 meses en Montevideo por motivos profesionales pero dice que la ciudad le pareció "muy triste" y el uruguayo "quejón" por lo que se volvió a vivir en Caracas "pese a que había una posibilidad de un puesto fijo". Ayuda que como trabaja para el exterior cobra en dólares. Un colega, también uruguayo, Nicolás Ramallo, que trabajaba en "El Universal" sí regresó a Montevideo.

El padre de Brassesco falleció hace un año. Tenía alzhéimer y ya entonces era complicado conseguirle los medicamentos. Su madre tiene problemas de hipertensión y le consigue medicamentos aunque "es algo complicado, fastidioso".

Brassesco dice que su padre se fue de Uruguay escapando de la dictadura y la postura uruguaya de hoy frente al gobierno de Nicolás Maduro le parece "vergonzosa, blandengue", "Esto es a todas luces una dictadura militar. Maduro no tiene ningún apoyo en ningún lado", sostiene convencido. Agrega que, como periodista ha comprobado que ya no tiene respaldo en las zonas populares.

A Brassesco, de todas formas, no le gusta hacer pronósticos porque dice que ya en 2014 pensó que el gobierno venezolano caería. Y tampoco quiere vaticinar qué pasará el 23 de febrero cuando la oposición venezolana pretende que ingrese asistencia humanitaria desde Colombia, desde Brasil y por mar. Dice que ya ha visto pasar muchas fechas que supuestamente iban a marcar un cambio. Sí dice que se ve mucha más gente hurgando en la basura, y que en el centro y oeste de Caracas hay un virtual toque de queda. En la zona este, más acomodada, sigue habiendo algunos restaurantes abiertos pero los cines, circunscriptos a los centros comerciales, dan su última función a las 19.30. "Hay poca vida nocturna, hay un toque de queda no declarado", dijo. Aunque el turismo está "por el piso" siguen abiertos hoteles importantes del este de la ciudad como Altamira Suites y el Eurobuilding.

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