PANDEMIA, TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN

Leandro Folgar: "El Plan Ceibal cambió; hoy llega a 800 mil usuarios"

El presidente del Plan Ceibal sostiene que la pandemia aceleró una gran cantidad de planes que tenían para el quinquenio.

Plan Ceibal. Foto: Archivo El País
Plan Ceibal. Foto: Archivo El País

Es magíster en Innovación Tecnológica y profesor de la Universidad Católica, y desde 2020 preside el Plan Ceibal. En entrevista con El País, Leandro Folgar sostiene que la pandemia aceleró una gran cantidad de planes que tenían para el quinquenio. Y que hoy prácticamente la totalidad de alumnos y docentes de centros públicos y privados forman parte de las plataformas del Ceibal. En abril se conectaban 400.000 usuarios por día y ahora son en promedio 200.000 por jornada, cuando antes del coronavirus difícil era llegar a unos 100.000. Sostiene que de acá en más el objetivo es generar un mayor vínculo con la ANEP para poder trabajar en conjunto con los docentes.

-¿Con qué se encontró al asumir el pasado año la presidencia del Ceibal?

-Es una organización que ya conocía de cerca desde otro vínculo, por algunos proyectos puntuales. Sabía cuál era el potencial y las áreas a mejorar. Lo claro era que el Plan Ceibal tenía que crecer y que las líneas estratégicas que impulsaríamos serían distintas a las de antes. Esto no implicó giros de 180 grados, sino correcciones. Después pasó lo que pasó. Obviamente el contexto de pandemia no estaba en nuestros planes.

-¿Cuáles son esos énfasis de su gestión que antes no estaban tan acentuados?

-Tiene que ver con una interdependencia estratégica más intencional entre los actores de la educación. En concreto, un acercamiento a la ANEP y al MEC, y una atención más acentuada con la demanda y no con la oferta. Es decir, conocer a nuestros docentes, saber lo que necesitan, para luego generar estrategias para ayudarlos a brindar mejores experiencias de aprendizaje. Esto implica una nueva manera de entender a la organización y a sus beneficiarios.

-Desde que Ceibal se creó, muchas veces se puso sobre la mesa la existencia de una especie de divorcio entre el sistema educativo y lo que las computadoras les ofrecían a los estudiantes. ¿El plan es corregir esto?

-Eso es algo que tiene un correlato concreto en el acompasamiento de las estrategias formativas con tecnología y el currículum nacional. La ANEP ha presentado un programa para trabajar en esto. A veces se habla de la brecha digital como si fuera una sola, y en realidad son varias: está la brecha de acceso, la de uso y la de calidad de uso. Ceibal tiene un rol importante en proveer infraestructura, servicios y dispositivos para atender a la brecha de acceso. Después está la brecha de uso: cómo la usan los estudiantes y para qué. Y luego la calidad de uso: qué logran producir nuestros estudiantes y para qué. Por eso tiene que haber una alineación con el currículum nacional, con estándares nacionales, con rúbricas de evaluación.

-El pasado año fue atípico, debido a que la pandemia obligó a mantener más activa la comunicación online entre estudiantes y docentes. ¿Cómo los agarró esta situación y qué cambios tuvieron que llevar adelante para que esto funcionara?

-El año se sintió como eterno, pero al mismo tiempo pasó muy rápido. Todo el año tuvimos que ir mejorando el sistema desde el punto de vista holístico. Por un lado, hubo que cuadruplicar la capacidad de servidores y el poder de cómputo para que sucedieran todas las interacciones que tenían que suceder a nivel electrónico.

Por otro lado, hubo que desarrollar software específico para poder dar soporte al servicio y al crecimiento exponencial del uso de las plataformas. Hubo que mejorar la capacidad de conexión en diferentes espacios, porque se garantizaba la conexión en los centros educativos pero los alumnos estaban en sus hogares, entonces hubo que hacer acuerdos con telefónicas.

Hubo que integrar una herramienta de videoconferencia en la plataforma Crea, por la cual con un click un profesor podía empezar una clase con sus estudiantes. Eso trajo desafíos adicionales, porque en el momento en que se comenzaron a usar más las videoconferencias se empezó a notar que una conexión a internet con un ancho de banda básico no era suficiente.

Hubo que multiplicar los actores que estaban en la producción de contenidos. Hubo que desarrollar guías de acompañamiento socioemocional. Hubo que virtualizar Jóvenes a Programar y las clases de inglés, y otros programas que están bajo el paraguas del Plan Ceibal. Y a todo esto se le sumó el trabajo remoto en la organización. Ha sido el año más intenso sin duda de Ceibal, en el que pudimos madurar y mostrar el potencial.

-En cuanto a la tasa de conectividad de alumnos y estudiantes, ¿qué modificaciones hubo?

-Pasamos de tener un universo anecdótico de usuarios, a un universo total de la educación uruguaya. Estamos en los 800.000 usuarios, que prácticamente son la totalidad de estudiantes y docentes del país, tanto públicos como privados. A este número llegamos si miramos el login único a las plataformas del Plan Ceibal. Pero otro dato para darse cuenta del incremento es que allá por el 1° de abril estábamos superando los 400.000 accesos diarios. Una vez que empezó a volver la presencialidad, eso se estabilizó en unos 200.000. Es un número interesante si tenemos en cuenta que: el punto más alto de uso de 2019 es 15.000 usuarios más bajo que el punto más bajo de 2020, que fueron las vacaciones de julio.

Estamos hablando de que en el punto más bajo de 2020 tuvimos 100.000 usuarios usando las plataformas. Esto demuestra que lo que cambió fue el comportamiento de los estudiantes y docentes uruguayos. Incluso un sábado o un domingo hay veces que se conectan 200.000 usuarios. Si tenemos en cuenta que una buena parte son docentes que pueden estar preparando sus clases para la semana, deberíamos sacar a unas 40.000 o 50.000 personas de ahí, y el resto son estudiantes.

Si miramos lo que creció la entrega de tareas de manera virtual, estamos hablando solo en Secundaria de un incremento de 3.000%. Las interacciones de alumnos y docentes crecieron 1.500%. Son números que antes eran inimaginables. Y esto sucedió en un año de emergencia, entonces lo que creo es que hay un potencial muy grande para trabajar de ahora en más.

Leandro Folgar
Leandro Folgar

-La biblioteca del Ceibal triplicó en 2020 su número de usuarios, llegando a ser 194.516. ¿Qué cambió para que se lograra esto?

-La plataforma de la biblioteca hay que seguirla trabajando, porque es muy buena. Es como Amazon, me dan un préstamo y después desaparece el libro de mi catálogo de lecturas para que yo pueda usar la licencia que tengo para descargar otros. Se triplicó el uso; y cada usuario, en promedio, leyó tres libros. Eso dice que la plataforma ha podido trabajar con el objetivo que nos propusimos: que la gente lea más libros. Lo que nosotros estamos haciendo es generar carruseles o lecturas temáticas para fomentar el uso. En la conmemoración de la Shoah, por ejemplo, se recomendaron textos y lo que pasó fue que El diario de Ana Frank terminó siendo el segundo libro más leído de 2020 en la plataforma; el primero fue El Principito. Ahora lo que queremos hacer es mejores acuerdos con editoriales. El objetivo es que la gente sepa que los textos que están allí son muy valiosos, que vale la pena leerlos.

-¿Cómo ha funcionado en 2020 Jóvenes a Programar y cuáles son las expectativas para este año?

-Fue otra de las buenas noticias en medio de la pandemia, porque hubo 3.600 interesados y 2.500 que pudieron pasar la primera fase, y se graduaron de testers o programadores 700 jóvenes. El desafío estuvo en que hubo que pasarlo un 100% a la virtualidad, algo que fue todo un tema porque es un programa que implica un seguimiento muy cercano por parte de los docentes.

-Un problema común es el de las ceibalitas que se rompen. ¿Cómo pegó este problema en 2020, dada la alta tasa de conectividad?

-Durante 2020 la tasa de roturas disminuyó de manera interesante. Se mandaron menos computadoras a centros de reparación. Tal vez pueda haber sido porque la movilidad estaba limitada, pero con el uso tan intensivo que necesitaron los dispositivos no consideramos que haya sido por esto. Creemos que hubo un mayor mantenimiento y atención sobre el objeto, porque era preponderante para estar conectado. Creo que nunca, antes de esta pandemia, las personas habían entendido el peso que tienen las computadoras en los aprendizajes. Hay algo que tiene que quedar claro: las computadoras, las máquinas, fallan, se rompen y tienen defectos. Por eso lo que hay que encontrar es un buen mecanismo para ponerlo en circulación, y para que los estudiantes puedan repararlo cuando sea necesario. Cada dos o tres años nosotros siempre renovamos los dispositivos.

-¿Cómo está Uruguay hoy en cuanto a la conectividad? Durante la pandemia se hicieron conocidos algunos casos de docentes que usaban las radios locales para enviar tareas, porque no podían conectarse.

-Lo que hoy se puede hacer mediado por tecnología digitales en Uruguay es muchísimo, pero sigue habiendo limitaciones. Lo que constatamos al inicio de la crisis es que en algunos centros rurales el ancho de banda no era suficiente para poder usar las videollamadas, entonces lo que hicimos fue mejorar algunas conexiones. De unas 80 conexiones que se mejoraban por año, pasamos en 2020 a unas 320. Eso hace que todas las escuelas rurales tengan conexión de alta performance y Antel está generando antenas para solucionar el problema en los lugares en los que no se pudo hacer.

-¿Qué pasaría si por el aumento de casos de COVID-19 se volviera a necesitar una conexión masiva de estudiantes y docentes?

-Hoy todo está mucho mejor armado que cuando esto nos sorprendió en marzo. Va a ser muy distinto, porque lo que pasó en 2020 fue que hubo que reparar el avión en vuelo. Contamos con un Ceibal mucho mejor, más robusto, con más capacidad.

-Crimen Organizado investigó situaciones de usurpaciones de identidad en el Ceibal, ¿en qué quedó esto?

-Desde mayo no hemos tenido más notificaciones, pero igual estamos trabajando mucho en ciberseguridad para poder garantizar los mejores estándares. No quiere decir que no vuelva a pasar; la gente es creativa, y a veces no para bien. Tenemos que ser usuarios muy cuidadosos, porque la usurpación de identidad siempre es algo que está a la orden del día. Cuando entramos a la plataforma Crea estamos entrando al aula. La clave de ingreso es nuestra llave del aula y hay que entender que no se la podemos dar a cualquiera.

-También se manejó la posibilidad de poner un “botón de pánico” para que niños puedan denunciar situaciones de abuso intrafamiliar. ¿Eso se efectivizó?

-La imagen del botón de pánico implica una funcionalidad específica que no es lo que sucede aquí. Lo que sí hay es la posibilidad de que cada estudiante pueda hablar de manera privada con su docente y contarle lo que le parezca pertinente. De hecho, se han dado casos de denuncias de esta manera.

-El intendente de Canelones, Yamandú Orsi, propuso que a las ceibalitas se les pase a llamar “tabarecitas”, en homenaje al fallecido expresidente Tabaré Vázquez. ¿Qué le parece?

-Los dispositivos tienen nombres de constelaciones, y es algo en que nos costó ponernos de acuerdo, así que mejor dejarlo así (ríe). Lo de “ceibalitas” es un nombre coloquial, que podría cambiar si la gente las empieza a llamar de otra manera. 

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