La historia de los “therians” uruguayos que revolucionaron la Plaza Independencia por una tarde

Desde la psicología y antropología se le quita dramatismo al fenómeno que causa sorpresa en Uruguay

A falta de una mejor analogía, son tratados como si estuvieran en un zoológico. Son adolescentes, apenas un puñado, y están desperdigados en una multitud. Cada uno, vestido con su máscara de animal que hizo en su casa, está rodeado por decenas de personas, que les piden videos para sus amigos o entrevistas para su medios de comunicación.

La Plaza Independencia está llena, y aunque la mayoría no son therians –estos jóvenes que usan máscaras de animales e imitan su comportamiento– se podría decir que la convocatoria fue un éxito.

Empezó como un chiste pero como suele suceder hoy en día, la viralidad de las redes lo volvió realidad.

Una adolescente hizo un tiktok bromeando con que lamentaba que no hubiera therians en Uruguay –cuando se había vuelto conocida su presencia en Argentina– y pidió que se hiciera una juntada en Montevideo.

Como ese video se volvió viral, decidió hacer ella misma la convocatoria –y ese segundo video se hizo aun más viral llegando a las 200 mil reproducciones–. Dijo que la juntada sería el 10 de febrero a las 15:00 en Plaza Independencia. Gracias a sus videos, y a los de influencers que reaccionaron a la convocatoria, cada vez más gente se enteró.

“Sé que van a ir bastantes personas. Y es más, hubo un punto en el que me asusté porque sentía que la Plaza Independencia iba a quedar chica”, contó ella, Manuela Abelenda, un día antes en entrevista con El País.

Juntada de therians en Plaza Independencia el martes 10 de febrero
Natalia Rovira

Los therians en Plaza Independencia

Este martes a las 15:00, por la avenida 18 de Julio, ya se podía escuchar a personas hablar sobre el evento. Una chica, que caminaba apurada rumbo a la plaza, comentó que alguien vio tres therians en el ómnibus.

Para esa hora, el sol estaba muy fuerte y hacía mucho calor,, pero la Plaza Independencia estaba llena. Casi todos eran adolescentes que rodeaban a los pocos therians que había, si bien también se veían turistas asiáticos y trabajadores de la prensa.

Aunque eran una minoría en este encuentro, los therians le dedicaban tiempo, con mucha simpatía, a cualquiera que se le acercara.

Uno de ellos, de 13 años, dijo a El País que se empezó a identificar como therian hace unos dos meses después de conocer el fenómeno por redes sociales.

“Empecé a cuestionármelo y hace dos meses dije: ta, yo soy therian. Me identifico mucho con el concepto de sentir una conexión con un animal espiritualmente”, explicó.

Juntada de therians en Plaza Independencia el martes 10 de febrero
Natalia Rovira

Se pasa dos horas al día vestido de esa manera, porque la madre no lo deja estar más tiempo. En general usa la máscara en la casa, pero a veces también sale con sus amigos –que no son therians.

“Me aceptan tal y como soy, pero después a la gente le genera mucho rechazo”, afirmó el chico, que fue a la juntada para conocer a otros como él.

Otra adolescente, de 12 años, contó que tampoco tiene amigos therians en Uruguay, pero sí algunos de manera virtual. Hace un año que se viste de esa manera –tiene diferentes máscaras pero en esta ocasión usó la de un gato– y lo que le gusta es la gente de este movimiento.

“Para mí es una comunidad muy linda. Me siento conectada”, sostuvo.

Un adolescente de 16 años narró también que empezó hace un año, si bien para él no se trata de una identidad con un animal, sino de un hobby.

“Disfruto de la máscara, de la cola, de saltar y todo eso, pero no me siento identificado como un therian”, explicó.

A veces recibe críticas, pero no se detiene demasiado en eso. “No puedo cambiar la opinión de la gente. A mi mamá no le importa y a los demás tampoco les voy a decir lo que hago en casa o con amigos”.

Usa una máscara de un conejo que la hizo él mismo: eso es lo más común.

Otro adolescente, pero de 14 años, indicó que hace las suyas con materiales que recicla de su casa o que encuentra “por ahí”.

Llevaba una máscara de una especie de lobo negro, pero tiene también una de un tigre Bengala, de un dogo argentino, de un gato de tres colores y también de una mantis.

Y explicó que ser un therian en su caso es algo recreativo. “Más bien soy una persona normal y corriente todo el día. Pero sí me gusta tener esos momentos donde juego con mordedores, camino en cuatro patas o mismo uso las máscaras”, afirmó.

Este martes, los adolescentes que estaban vestidos como therians son el centro de atención. Grababan videos gruñendo para amigos de gente que se acerca, bailaban con desconocidos, saltaban con ellos y se sacaban fotos.

“Me pone muy contento que la gente se lo tome como algo divertido, como alguien más del montón, que no me excluya por eso”.

La mirada de la ciencia

El antropólogo Nicolás Guigou le quita dramatismo al fenómeno de los therians. "Son construcciones identitarias juveniles que son de corte planetario y tienen una durabilidad en el tiempo", dijo el profesor de la Universidad de la República.

Sin embargo, observa factores clave en la aparición de esta comunidad: "la caída de lo humano" y la "redefinición de la relación humano-animal".

Sobre el primer punto habla del deterioro de la figura humana como "idónea o destacable que para vos sea una referencia para identificarte".

"Es decir, lo humano en este momento está muy disminuido" y en este tipo de movimientos se ve un "paso más" para "salirse de la humanidad".

"Refleja esa preocupación por ser algo más que un ser humano en este momento, que tiene que ver con cierta reivindicación y cierta fetichización del mundo animal. Obviamente que acá hay fetichización extrema", argumentó.

Por otra parte, el psicoanalista Santiago Silberman escribió una columna para El País donde habló de no patologizar este tipo de fenómenos.

"No todo lo que es considerado raro es patológico. La extrañeza nunca fue, ni debería ser, un criterio de diagnóstico. Para que algo sea considerado clínicamente problemático debe haber, al menos, sufrimiento significativo, deterioro en la vida cotidiana o pérdida del juicio de realidad", sostuvo.

"Un psicótico en su delirio no dice “me siento como un zorro”: está convencido de que es un zorro. No hay metáfora ni distancia. En los relatos therian, al menos en la mayoría de los que circulan de forma pública, esa distancia sí está presente. Por eso, confundir automáticamente este fenómeno con una psicosis no solo es incorrecto, sino clínicamente torpe", argumentó Silberman.

De todas formas, advirtió que el hecho de que algo no se "patologice de entrada" no significa que "no pueda haber patología".

"La prudencia clínica no es relativismo, sino escucha. No olvidemos que la historia de la salud mental estuvo llena de diagnósticos que hoy resultan vergonzosos: la homosexualidad, la histeria femenina o ciertas formas de disidencia. Y no, no se trata de corrección política, sino de guardarnos la rotuladora en el bolsillo, aunque sea por un rato más".

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