Un ómnibus de la empresa TTL, con 25 pasajeros uruguayos a bordo, fue asaltado el sábado 12 en la ruta brasileña BR 471 cuando se dirigía a Florianópolis. Según relataron los pasajeros, el ómnibus fue interceptado a las 4 de la mañana por dos vehículos con matrícula uruguaya; adentro iban ocho personas que hablaban en portugués. Mediante amenazas con armas de fuego, los hombres lograron desviar el recorrido del ómnibus en una zona totalmente despoblada y sin luz. Cinco de ellos robaron las valijas de la bodega, mientras los otros tres ingresaron al coche en busca de dinero efectivo y objetos de valor.
Carlos Caruso, jefe de ventas de TTL, indicó que es "la primera vez" en los "50 años que tiene la empresa", que un coche es asaltado. Sin embargo, reconoció que esa y otras carreteras de Brasil se han vuelto muy peligrosas: "Hay muchas posibilidades de robos porque son muy despobladas y no están iluminadas".
Osvaldo Torres, responsable de la torre de control de la terminal Tres Cruces, coincidió con Caruso y dijo que no tiene conocimiento de antecedentes similares con turistas uruguayos. El jefe de la torre de control opinó que este suceso no afectará el movimiento turístico hacia Brasil y estimó que —aunque aún no tiene detalles cuantitativos—, el flujo de turistas será superior al mismo período de 2004. De hecho, según información de la empresa TTL, los pasajes con destino a Florianópolis para la próxima semana están agotados.
Pese al asalto, los adultos y niños que viajaban en el coche de TTL continuaron rumbo a la ciudad balneario brasileña. Ahora están alojados en un hotel de Lagoinha, donde pasarán hasta el viernes de semana de turismo. "Estamos bien, más tranquilos; este es un lugar muy seguro", dijo Carlos Ham, uno de los pasajeros uruguayos. Aunque también dijo que "los niños hablan todo el tiempo de lo que pasó y algunos no pueden dormir solos".
El viernes 25 el grupo de uruguayos volverá a Montevideo. Reclamando mayor seguridad pidieron a la empresa para retornar en avión. Caruso dijo que esa posibilidad está descartada, pero aseguró que el retorno del grupo por esa carretera se producirá en horas de la tarde, con luz, para ofrecer mayor seguridad.
EMBOSCADA. El sábado 12 el ómnibus de TTL partió junto a otros dos coches desde la terminal Tres Cruces. Salió a las 21.30 horas. Todos tenían el mismo destino: Florianópolis. A las 4 de la mañana, cuando sucedió el incidente, los 25 pasajeros —10 mayores y 15 menores— estaban durmiendo. A esa hora de la noche el ómnibus estaba en el kilómetro 476 de la carretera BR 471, en una zona completamente despoblada y sin luz artificial.
Carlos Ham contó que el viaje era muy placentero y normal, hasta que una repentina frenada del coche despertó a los turistas.
Uno de los autos se colocó delante del ómnibus, mientras que desde el otro uno de los asaltantes le apuntaba con un arma al chofer, obligándolo a desviarse por un camino secundario hacia un campo arrocero.
Tras detener la marcha, tres hombres armados que hablaban portugués subieron al ómnibus. Según Ham, uno de los asaltados, exigían dinero, aunque también robaron celulares, computadoras, cámaras de fotos y relojes.
"Ponían énfasis con el tema del dinero en efectivo y nos insistían que teníamos más escondido", dijo el pasajero. Pero no había más. Y disconformes golpeaban y amenazaban con matar al comisario de a bordo. "Hasta los niños les entregaron los reales que tenían en los bolsillos", señaló la víctima.
"Fue desagradable", confesó Ham. Sin embargo, pese al miedo y la violenta situación, los adultos no perdieron la calma e hicieron todo lo que los asaltantes exigieron. "Cuando entraron todos atinamos a quedarnos quietos. Los niños también, aunque algunos lloraban", recordó.
Los tres hombres permanecieron dentro del coche casi una hora. "Tocaban y presionaban a la gente", recordó Ham. "Fue una situación tensa", repitió.
ESCAPE. Después de comprender que ya no había más efectivo ni otros objetos de valor, los tres delincuentes decidieron cerrar su operativo: obligaron a los pasajeros a bajar del ómnibus, sacarse las camisas y los pantalones, y entrar en la bodega del ómnibus, que ya había sido abierta por los otros cinco asaltantes. Adentro sólo quedó el chofer, atado con "cinta pato" al volante del ómnibus.
Cuando todos los pasajeros quedaron encerrados, los asaltantes subieron a los autos y se fueron, no sin antes pedir que no intentaran escapar hasta dentro de 40 minutos.
Desde ese momento comenzaron las penurias por salir del ómnibus. La bodega no tenía ninguna luz ni entrada de aire. Ham contó que después de algunos minutos el aire se volvió "viciado", y que uno de los encerrados encontró una caja de herramientas. "Con eso pensamos en hacer un agujero para que entrara aire", dijo.
Mientras tanto, el chofer hacía lo posible por zafar. Los pasajeros escuchaban los ruidos de sus movimientos. Hasta que lo logró. Después bajó inmediatamente del ómnibus y abrió la bodega.
SIN LLAVE. "A partir de ahí hubo problemas para salir del descampado", contó Ham. Eran las 6 de la madrugada, todavía era de noche, y por la carretera pasaban muy pocos autos que, pese a las señas, ninguno se detuvo. Por si fuera poco, los delincuentes se llevaron la llave del ómnibus y la de repuesto no funcionó.
"Era desesperante", recordó Ham. "Estábamos en el medio de la nada, sin que nadie nos ayudase y sin poder prender el ómnibus".
Entre los bolsos, los pasajeros encontraron un celular. Tal vez el único que no robaron los delincuentes. Los responsables del ómnibus llamaron a TTL en Porto Alegre para pedir auxilio. Y éstos a la Policía.
Pero pasaba el tiempo y nadie aparecía. Insistieron nuevamente a TTL, pero sin éxito. Incluso un pasajero llamó a un compañero de trabajo en Uruguay, para que denuncie lo ocurrido a la Policía Federal del Chuy y avise a TTL en Montevideo. Pero nada cambió. Y el celular se quedó sin batería.
Dos horas después llegó la Policía rodoviaria. Más tarde llegó un funcionario de TTL y un mecánico que pudo poner en funcionamiento el ómnibus.
Los pasajeros hicieron la denuncia del caso en una comisaría de Pelotas. Y siguieron viaje a Florianópolis.
Un momento que costará olvidar
El grupo de turistas uruguayos está compuesto por 10 adultos y 15 niños de entre 2 y 14 años. Desde hace años viajan juntos hacia el mismo destino, aunque este viaje no lo olvidarán. Según contó Carlos Ham, los niños son los que más sufrieron el "shock" del momento.
Según dijo este adulto, durante el violento episodio en la carretera "los niños reaccionaron bien" aunque los más chicos lloraron. "Es un tema recurrente", dijo; lo repiten con frecuencia y sobre todo los más chicos aún necesitan acostarse acompañados. Durante el asalto los niños permanecieron inmóviles, y más de uno hizo caso a los pedidos de los tres delincuentes que subieron al coche de TTL. Por otra parte, también destacó que en el grupo habían tres chicos amigos de las familias que, pese a no estar con sus allegados más directos en la angustiante situación, pudieron reaccionar con calma tanto durante como después del episodio.
En los próximos días, tres jóvenes hijos de los adultos que están ahora en la localidad de Lagoinha, en Florianópolis, se unirán al grupo de viaje tal como estaba previsto. Y juntos pasarán toda la semana de turismo.
Mientras tanto, la Policía brasileña sigue detrás de los asaltantes tras haber recibido la denuncia formal del grupo de uruguayos.
"De a poco estamos desenchufándonos. Vamos a quedarnos hasta el viernes de semana de turismo", concluyó Ham. Tratarán de disfrutar como si nada hubiese pasado. Difícil.
Un ruta muy desolada y temida por los viajeros
La ruta que une el Chuy con Florianópolis es una de las vías terrestres internacionales más utilizadas por conductores uruguayos. También es la más temida. Periódicamente, las versiones hablan de asaltos en la ruta y es común que los conductores que la recorren comenten: "si veo algo raro en el camino, apreto el acelerador a fondo y sigo. Lo que no hay que hacer es parar".
Varios testimonios coincidieron que el tramo que va del Chuy a Pelotas es particularmente temido por su desolación. "Desde Santa Vitoria, que está pasando el Chuy, hasta Quinta, que está a unos 50 kilómetros de Pelotas, la ruta es una línea recta, totalmente desolada. Son unos 180 kilómetros sin nada, apenas algún caserío, un destacamente militar perdido y una reserva de fauna. A veces es más de una hora sin cruzarse con nadie" dijo un uruguayo que todos los años viaja a Florianópolis manejando y que además viajó habitualmente a Pelotas por tierra.
Esta carretera es además angosta y la policía brasileña recién puede verse llegando a Quinta. En Quinta, si se dobla a la derecha se va para Rio Grande y se toma hacia la izquierda la ruta va a Pelotas. Los conductores uruguayos dicen que, viajando a Brasil, luego de Quinta respiran aliviados: "Después de ese punto se ven muchos más autos y camiones, en ese tramo ya se vuelve más dificil que pase algo como lo que le pasó a este ómnibus".
Varios carteles en las rutas brasileñas aconsejan viajar de día. Eso es lo que piensan hacer la mayoría de los conductores consultados.