LEONEL GARCIA
El fenómeno "explotó" este año. Aunque ya era tristemente célebre en otras partes del continente. Tardó en llegar pero llegó: la pasta base de cocaína, también conocida como "lata" por una de sus maneras de inhalarse, tiene en jaque al sistema de salud y golpea en muchos barrios, instituciones educativas, seccionales, juzgados y programas sociales. "Es por la pasta base" es la explicación, contundente y terminal, que suele oírse en muchos de esos ámbitos para explicar muchas conductas inusualmente violentas, delitos, agresiones y crisis familiares.
La "pasta base" de cocaína es fuertemente adictiva y trae consigo un desajuste de la personalidad que frecuentemente se vuelve insuperable: el adicto rompe sus relaciones y las normas familiares de convivencia. El auge de este flagelo es muy claro, por ejemplo, en la policlínica del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT). Según la médica toxicóloga Cecilia Dell’Acqua en las últimas semanas "ocho de cada diez consultas nuevas son por casos de pasta base". Dell’Acqua señaló que un relevamiento realizado en el CIAT sobre consultas realizadas entre 2003 y los primeros meses de 2004, indicaba que la pasta base estaba presente "entre un 51 y 53% de los casos". El aumento de la influencia de la referida sustancia es notorio.
La situación, y la preocupación, son las mismas en el Servicio de Fármacodependencia y Psiquiatría, del Ministerio de Salud Pública (MSP), un centro de referencia nacional que funciona en 25 de mayo 174. Allí, el psiquiatra Artigas Pouy, estima que un 80% del total de consultas relacionadas con drogas, desde enero a hoy, tienen a la pasta base como protagonista.
"Hoy es la droga más ruidosa", afirma Pouy, no solo por la agresividad o ansiedad que suelen mostrar los pacientes, sino también por el trasfondo de dramas familiares que refleja cada uno de ellos. Varias fuentes consultadas coincidieron en que es muy común que sean los propios familiares de los adictos quienes los llevan a los servicios médicos con cuadros de alto riesgo de vida. Pouy recuerda casos de familias desesperadas por tener un integrante adicto. Historias que hablan de agresiones entre sus miembros, de padres que no pueden controlar a sus propios hijos, que incluso cuando ya no saben qué hacer los echan de la casa o derivan a la Policía. A veces, porque los consumidores de pasta base desvalijan sus propios hogares en búsqueda de cualquier artefacto para vender que les permita proveerse de droga. "Eso es algo llamativo, que no ocurre con esa frecuencia con otras sustancias" dijo el técnico.
El adicto a la pasta base es joven. Tiene entre 15 y 30 años. Según Pouy, y de 10 casos seis o siete son varones. El psiquiatra afirma que pese a que la mayoría de ellos afirma consumir para olvidar carencias económicas o afectivas, "ahora también están apareciendo casos pertenecientes a clases sociales más acomodadas". Fuentes del Instituto del Menor (INAME) dijeron que ya se han registrado múltiples casos de internaciones por adicción a la pasta base de cocaína de adolescentes y jóvenes de clase media o hijos de profesionales. De todas maneras, aunque su uso crece en todos los sectores sociales, el bajo precio de la pasta base hace que sus usuarios sean mayoritariamente de sectores pobres.
Para calmar la ansiedad y la excitación se realiza un tratamiento farmacológico que incluye ansiolíticos como benzodiazepinas. Las entrevistas y la contención a los adictos son más intensas en las primeras etapas del tratamiento, ya que el síndrome de abstinencia es particularmente fuerte los días siguientes a dejar de consumir. "Es necesaria la intervención de la familia, como factor continente, desde el vamos", señala Pouy.
En caso de internación, la misma dura de 15 a 20 días. Deberían ser más, pero los recursos son limitados: en el servicio referido hay dos psiquiatras y siete psicólogos.
Pouy afirma que la pasta base se está expandiendo: "Es un producto de la crisis económica del país. ¿Soluciones? Tendrían que implementarse políticas al respecto, y no solo en la Salud Pública".
EMERGENCIAS. Los médicos y enfermeros que estuvieron en la guardia del Hospital Maciel un jueves de finales de mayo no lo han olvidado. Un hombre de poco más de veinte años, bajo el efecto de "la lata", se descompensó en la Sala de Emergencias. Se desnudó y empezó a correr por el hospital en medio de pacientes y personas que esperaban atención. Tuvo que ser sujetado entre tres personas. "Nadie pudo dormir esa noche", recuerda la doctora Jimena Torres, quien presenció el hecho. Asimismo, el pasado jueves de tarde el sistema informático del Maciel "se cayó", demorando la atención al público. En la televisión pudo verse a una mujer reclamar por el hecho: estaba allí por la adicción de su hijo a la pasta base. Los episodios son representativos de las características y expansión de esta nueva realidad.
El médico Jorge Facal es jefe de una guardia rotativa en el Maciel. Asegura que los días del fin de semana llegan unos cinco casos relacionados a la pasta base por día. "En las otras jornadas varía, tanto ‘caen’ dos o tres como ninguno, no es algo uniforme". El día que los médicos de esa guardia recibieron a El País —un lunes— hubo cuatro consultas. El médico dice que esta situación de múltiples casos diarios se está dando desde principios de año.
Médicos, enfermeros e incluso personal de seguridad de Emergencias del Maciel relatan los casos que han visto llegar con las secuelas de la pasta base: adictos a veces agresivos y muy excitados, ya sea por el efecto de la droga o por la abstinencia. En otras oportunidades, sobre todo cuando son acompañados por su familia, están más tranquilos, incluso pidiendo ayuda.
"Hace poco vino un joven de 25 años, consumidor desde los 13 que recientemente había ‘descubierto’ la pasta base", relata la doctora Viviana Pérez. "Vivía solo, pero estuvo preso y volvió con su familia. Lo trajo el padre y decía que ya no podía con él, no podía controlar su agresividad. A su vez, el adicto decía que se quería internar, que quería curarse, hacía cuatro días que no consumía. Pese a que estaba tranquilo, en un aparte el propio padre me advertía que el joven era muy manipulador".
Muchas veces es la Policía la que trae a los adictos. En estas oportunidades, mucho más frecuentes los fines de semana, son recogidos de las calles o de los centros bailables. De acuerdo con Facal, los casos "extremos", en que los atendidos llegan a arrancarse la ropa, agujas o sueros y es necesario sujetarlos, son especialmente distorsionantes. Sobre todo en un servicio de emergencia muy limitado en insumos y personal y sobrecargado de trabajo.
"Basta con mirar la sala de espera para darse cuenta que estamos desbordados. Y esto pasa en toda Salud Pública. Sin entrar en un tema filosófico, estos son pacientes ‘por elección propia’, más allá que estén influidos por la sociedad o por problemas personales. Entonces, la presencia de estos adictos puede distorsionar todo el servicio, que no está preparado para ofrecer lo que se debería", afirma Facal.
La operativa de emergencia finaliza en estos casos con tratar de establecer el vínculo con Psiquiatría, luego de averiguar y tratar posibles complicaciones como enfermedades cardíacas o respiratorias. La falta de aire y las taquicardias producidas por el consumo son fuentes habituales de consulta. En algunos casos son sedados con ansiolíticos. Pero la intervención médica no siempre llega a buen puerto. "A veces, ni bien se sienten mejor, se fugan del servicio. En verdad no todos se quieren curar", dice la doctora Patricia Procopio.
Para varios médicos lo peor de la pasta base no es la agresividad sino la situación que se genera detrás. Así, han escuchado una y otra vez la desesperación de los familiares de jóvenes fuera de control que han hecho desaparecer casi todas las pertenencias de los hogares para conseguir la sustancia. Una enfermera, que cumple sus tareas en el Maciel y el San Bois, afirma que en este último "apareció un joven de 16 años con una taquicardia importante. Era la primera vez que consumía pasta base que se la había suministrado su propio hermano, de 28. Lo trajo la madre, para ella fue un drama terrible".
JUSTICIA. Los juzgados de menores también han sido sacudidos por esta nueva realidad. Al igual que en las emergencias médicas, lo que eran casos aislados a finales de 2003 se han ido multiplicando progresivamente. El juez Alejandro Guido, dijo a este diario que "el tema de la pasta base se ve a diario. Hoy diría que está presente en más de la mitad de los casos de menores infractores en que intervengo".
En una anterior entrevista con El País, Guido relató el caso de una mujer desesperada porque sus dos hijos adolescentes, consumidores de pasta base, le habían robado "todo lo valioso que había en su casa". Lo último había sido una mesa de televisor.
Su colega Hugo Morales coincide en que el número de casos en los que la pasta base está involucrada supera la mitad del total. "Yo había notado los primeros casos hace diez o doce meses pero no fue hasta este año que el tema no salió a la superficie", indica Morales. "En las casas de estos menores se han producido robos de todo tipo, desde electrodomésticos hasta otras cosas más chicas. A veces vienen por un hecho delictivo común y salta el tema de la pasta base de fondo; otras son los propios padres que los traen, aseguran que no pueden con ellos".
Morales dice que, en algunos casos, la excitación de los menores es tal que tienen que llamar a médicos a la propia sede judicial. "Nosotros podemos derivarlos a un centro psiquiátrico, pero no avizoro una solución. Ciertamente, la represión no lo es. No existe una respuesta a nivel institucional".
En su caso, la mayoría de los que pasan por el juzgado en temas relacionados a la pasta base son adolescentes de 14 ó 15 años, generalmente varones y, si bien inicialmente provenían de sectores sociales más desprotegidos, ahora es común ver adictos pertenecientes a la clase media.
El doctor Walter Rivero es otro jefe de guardia del Maciel. Para él, "todo hace pensar que esta situación va a empeorar. No solo por la situación económica sino por la pérdida de valores. No es mucho lo que podemos hacer en Salud Pública, no estamos preparados, no hay donde derivarlos. Para que los pacientes puedan salir de la adicción tiene que haber atrás una familia que los continente". No basta con acompañarlos hasta las emergencias o juzgados.
PREOCUPACION OFICIAL. Fuentes del MSP dijeron que existe gran preocupación entre los jerarcas de los programas de salud por "el desborde y los desajustes" que generan los casos de adicciones en general, y de pasta base en particular, en los diversos servicios médicos y de salud mental existentes.
Pero ha sido el gran aumento de los casos de adictos a la pasta base lo que ha provocado en la últimas semanas varias reuniones entre autoridades y técnicos responsables para enfrentar lo que ya se considera una pandemia social.
También se han hecho contactos con otros organismos públicos, analizándose posibles medidas preventivas y asistenciales en la materia.
Se expande en barrios
"Es una droga que en estos momentos está tendiendo una fuerte embestida. Su bajo costo y su poder de adicción hacen que la ‘oferta’ sea muy buena en todos los barrios de Montevideo. Ahora, en los procedimientos, estamos viendo más pasta base que marihuana", afirma el comisario inspector Hugo Sachouw, subdirector de la Dirección Nacional de Drogas.
El jerarca policial indica que en lo que va del año se han incautado en el país unos 27 kilogramos de drogas producidas a partir de la hoja de coca. "Alrededor de un 70% se trata de pasta base". Se realiza una media de entre cuatro y cinco procedimientos de incautación por semana.
El último de esos procedimientos se realizó el viernes en La Comercial, donde se incautaron 3.745 gramos de pasta base. En 2004 se han realizado 503 detenciones por drogas, hay 110 procesados y nueve menores internados en dependencias del Iname.
La cocaína a mitad de su proceso
La pasta base surte efecto entre 8 y 40 segundos luego de ser fumada. Este dura solo pocos minutos, pero es de acción más potente que la cocaína, de cuyo refinado es un paso "intermedio".
De acuerdo con Juan José Aboy, de la Fundación Manantiales, la pasta base de cocaína "se obtiene a través de las hojas de coca, las que son sometidas a un proceso de maceración y mezcla con solventes tales como parafina, bencina, éter o ácido sulfúrico". Eso es, según el experto, lo que la hace más peligrosa para el organismo.
Para consumirla, mezclada con tabaco o marihuana, es calentada y fumada a través de intermediarios como inhaladores, pipas o latas. Esto último es lo que le da su otra denominación.
Aboy señala que, durante su breve tiempo de efecto, "se observa una disminución de inhibiciones, sensación de placer e intensificación del estado de ánimo". También aumenta la presión sanguínea, la temperatura corporal, y los ritmos cardíacos y respiratorios.
Le sigue una etapa en la que el consumidor se siente deprimido y angustiado, lo que lleva a intentar seguir fumando. Pueden llegar a producirse alucinaciones, tanto visuales como auditivas u olfatorias, e incluso episodios de psicosis.
Aboy enumera una serie de efectos físicos que se producen en los consumidores: pérdida de peso, palidez, taquicardia, insomnio, verborrea y dilatación de la pupila. Durante la abstinencia se observa déficit en la memoria, comportamiento antisocial y permanente desinterés.
El medio gramo tiene un costo entre 50 y 70 pesos. La cocaína, dependiendo de la calidad, cuesta entre 150 y 300 pesos el gramo. Luego de unos tres meses de consumo, el consumidor presenta un estado demacrado y con frecuentes cuadros de paranoia.