Carrasco, en Uruguay, remite a un barrio con alcurnia y opulencia. Pero no siempre fue así. En la era colonial los Carrasco solo fueron unos pobres colonos a los que les adjudicaron 2.000 hectáreas de arenales y bañados. Nada que envidiar.
Entre 1727 y 1728, cuando Montevideo no era más que un rancherío precario, una aldea en el desierto, el capitán extremeño Pedro Millán repartió tierras entre los primeros colonos. A Salvador Sebastián Carrasco, nativo de Buenos Aires, quien fue tío abuelo de José Artigas, ya que su hermana Ignacia Javiera era esposa de Juan Antonio Artigas, le tocó una chacra sobre el arroyo Miguelete y una "suerte de estancia". Este campo tenía 3.000 varas de frente (2.508 metros) y una legua y media de fondo (8.359 metros) sobre el arroyo de 12 kilómetros que más tarde llevaría su nombre.
Esa estancia, equivalente a unas 2.000 hectáreas, hoy sería mucho terreno pero entonces era casi nada: arenales, pastos duros y bañados que lindaban con territorio indígena y de faeneros y que era preciso defender con las armas en la mano.
La "suerte de estancia" de Salvador Sebastián Carrasco, que iba del actual barrio Buceo hasta Carrasco y desde camino Carrasco hasta el Río de la Plata, pronto quedó a la bartola. En 1834, tras la independencia de Uruguay, el gobierno vendió esas tierras al comerciante y hacendado Juan María Pérez (1790-1845), un viejo luchador por la independencia -aunque José Artigas lo tuvo preso en Purificación- que sería ministro de Hacienda de Manuel Oribe. Pérez, quien llegó a poseer 17 saladeros y una flotilla ultramarina propia, mejoró un molino ya existente en la zona de Punta Gorda que, movido por las aguas de una cañada, produjo harinas entre 1840 y 1895. El "molino de Pérez" se conserva y es monumento histórico nacional.
TIEMPO DE BALNEARIOS. Al despuntar el siglo XX la zona del actual barrio Carrasco tenía varios propietarios, entre ellos los descendientes de Juan María Pérez, como las familias Pérez Butler y Ordeig Pérez. Seguía siendo un páramo con esporádicos oasis de chacras y viñedos. El automóvil era todavía una rareza y las compañías de tranvías habían estimulado la creación de balnearios en las playas Ramírez y Pocitos, según las tendencias europeas.
Por entonces el abogado, político y empresario Alfredo Arocena (1869-1947) concibió en Carrasco la creación de un balneario alejado y exclusivo, al que la clase alta montevideana no concurriría por el día sino todo el verano para habitar sus chalets. Asociado a Esteban Elena (1866-1949), empresario y político del Partido Colorado, y a José Ordeig, propietario de terrenos en el área, en 1910 presentó el proyecto de la Sociedad Anónima Balneario de Carrasco ante el gobierno de José Serrato. Elena y Arocena también eran socios en la explotación de líneas de tranvías, que comenzaban a electrificarse. Su proyecto de balneario fue aprobado el 11 de noviembre de 1911, durante la segunda Presidencia de José Batlle y Ordóñez.
Carrasco se gestó como una población, luego un barrio, resuelta exclusivamente por la iniciativa privada. Había muchos otros casos: Francisco Piria desarrollaba su propia ciudad balnearia desde fines del siglo XIX, una empresa creó Atlántida a partir de 1911, un grupo de pioneros estableció La Floresta.
No era fácil llegar hasta Carrasco. La avenida Rivera terminaba en el cementerio del Buceo y el camino de la Aldea, luego llamado avenida Italia, era solo una senda barrosa a partir de Malvín. El ingreso a la costa se realizaba en carruajes o primitivos automóviles por el camino de La Cruz, actual avenida Bolivia.
JARDÍN EN EL DESIERTO. El loteo inicial siguió los estándares de los balnearios aristocráticos europeos. Incluía manzanas irregulares, de calles amplias, con eje en las actuales avenidas Juan Bautista Alberdi y Alfredo Arocena, que se unen en una amplia curva en ángulo recto. Se dio vida a aquel desierto con parques y jardines que implicaron la plantación de miles de árboles.
El balneario original sumaba 126 hectáreas (hoy el barrio se extiende por 621 hectáreas y Carrasco Norte cubre otras 474 hectáreas). El trazado inicial fue hecho por el agrimensor Benjamín Conde y mejorado por el arquitecto paisajista francés Charles Thays (1849-1934). Thays fue uno de los principales artífices de la remodelación y ampliación de los parques y plazas públicas de Argentina, país al que llegó en 1889. También trabajó en Chile y Brasil. En Montevideo había rediseñado las plazas Independencia y Cagancha y el Gran Parque Central, hoy Parque Batlle, y contribuyó a la ampliación del Parque Urbano, actual Parque Rodó. Para Carrasco diseñó una "ciudad jardín" con rond-points y trazados curvos y sinuosos, al estilo parisino, diferenciándolo del típico damero castellano que caracterizó a Montevideo desde su fundación.
Al balneario se ingresaba por los Portones de Carrasco, inaugurados hace 100 años, en octubre-noviembre de 1912, sobre la actual avenida Bolivia según diseño de los arquitectos Juan María Aubriot y Cándido Lerena. El parcelamiento culminaba frente al Río de la Plata con una manzana oval destinada a una obra enorme y lujosa: El "Gran Hotel Casino de Carrasco". El centro comercial se instalaría en una peatonal de poco más de 200 metros que uniría la capilla Stella Maris con el hotel, la actual calle Rostand, aunque luego los servicios se desplazaron hacia la más amplia avenida Arocena.
El ingeniero Federico Capurro dirigió las obras de caminería, pavimentos, rellenos y saneamiento. La red eléctrica llegó por una extensión realizada por la UTE desde la Unión.
Hasta la década de 1930 el "balneario" Carrasco tuvo solo unas decenas de viviendas, aunque lujosas, desperdigadas entre arenales, árboles pequeños y obras más grandes como la capilla Stella Maris (Estrella de Mar), construida en 1918 según diseño del arquitecto Rafael Ruano, las obras interminables del hotel, y estructuras salientes como el tanque de abastecimiento de agua.
Entre los primeros chalets construidos, de inspiración vasca, normanda o inglesa, con techos inclinados, pórticos, torreones y amplios jardines, resaltaban los de Andrés Mendizábal, Julio Bidone, Manuel Acosta y Lara (1917), Alfredo Arocena (1921) y Ovidio Morató (1924), además del Petit Hotel ubicado sobre la avenida Arocena y luego convertido en la primera sede del Instituto Anglo Uruguayo.
DE BALNEARIO A BARRIO. En sus inicios las residencias del balneario Carrasco fueron utilizadas en verano, pero luego -en particular desde la década de 1930 y el auge del automóvil- pasaron a ser viviendas permanentes. Las zonas aledañas, como Malvín o Punta Gorda, aumentaron su población. En la zona noroeste, Pierre Durandeau (1844-1927) plantó miles de árboles y desarrolló el actual parque Rivera, con laguna incluida. Carrasco se extendió hacia el oeste y el este, la zona de Miramar, donde funcionó el Hotel Miramar en la década de 1940 y que en 1968 fue convertido en sede de la Escuela Naval.
La característica estación de servicio Ancap de la avenida Arocena, en el corazón de Carrasco, fue proyectada por el arquitecto Rafael Lorente Escudero en 1944. Para adaptarla al entorno utilizó techos de tejas y materiales rústicos como la piedra, la madera y el ladrillo visto. Desde 2000 es monumento histórico nacional.
La Rambla de Montevideo, construida en fracciones y cuyo tramo entre la escollera Sarandí y el Parque Rodó fue inaugurado en 1935, terminó por unirse por completo con Carrasco en la década de 1950. El Carrasco Polo Club se inició en 1933, el Carrasco Lawn Tennis fue creado en 1943 y el Portones Shopping se inauguró en 1994.
En el siglo XXI el barrio Carrasco es una zona residencial para las clases altas, con sus instituciones de enseñanza, una rica oferta comercial, sus clubes deportivos y una población permanente que ronda las 19.000 personas.
El crecimiento de la ciudad de Montevideo, la escasez de terrenos al sur de avenida Italia y su elevado precio determinaron la expansión de Carrasco Norte, ahora poblado por unas 15.000 personas.
Fuentes principales: La Enciclopedia de El País (2011) y Carrasco - De la colonia al balneario, de Damiano Tieri.
La interminable construcción del Hotel Carrasco
Los hoteles comenzaron a instalarse sobre la costa de Montevideo a medida que las empresas de tranvías eléctricos facilitaron el acceso a nuevos barrios o "balnearios". El Hotel del Parque Urbano, luego Parque Hotel y actual sede de la Secretaría Administrativa del Mercosur, se inauguró en 1910. El Hotel de los Pocitos abrió sus puertas en 1912 y fue demolido en 1935.
La historia del Hotel Carrasco es una odisea. Centro del plan urbano de Charles Thays, fue diseñado por el arquitecto francés Gastón Louis Asendor Mallet y el arquitecto franco-suizo Jacques Dunant, ganadores de un concurso. Mallet trabajaba desde 1907 en la modernización de Buenos Aires, según el modelo urbanístico aplicado en París en la segunda mitad del siglo XIX. Los diseñadores del hotel utilizaron un estilo ecléctico: neoclásico y barroco, típico de la influencia francesa. El proyecto constaba de un volumen central de cuatro niveles frente al Río de la Plata, franqueado por dos torreones de seis niveles y dos volúmenes semicilíndricos en los extremos. Incluía escalinatas monumentales, salones de fiesta y de juegos, un gran comedor y habitaciones con una lujosa decoración ecléctica.
Las obras del Hotel se iniciaron en mayo de 1913 con capitales ingleses y bajo la dirección del ingeniero Félix Elena. Pero ese año la economía de Uruguay se hundió en la depresión debido a una fuerte restricción del crédito. Para completar, en 1914 estalló la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial (1914-1918), lo que profundizó la crisis. La obra se detuvo casi de inmediato, así como la venta de terrenos en el incipiente balneario. En abril de 1915 la Intendencia de Montevideo compró en 170.000 pesos el edificio inconcluso, además de 12 hectáreas de terrenos destinados a parque público, y continuó las obras, que estuvieron a cargo entre otros del militar y arquitecto Alfredo Baldomir, quien sería presidente de la República entre 1938 y 1943. El arquitecto Eugenio Baroffio modificó los planos en 1916.
El Hotel Carrasco fue inaugurado el 4 de febrero de 1921, en el inicio de una era en que Montevideo se poblaría de grandes edificios emblemáticos, como el Palacio Legislativo, el Palacio Salvo, el Palacio Díaz, el Estadio Centenario, la Aduana o el Palacio Municipal.
El entorno del Hotel Casino se resaltó con un tramo de rambla frente al Río y con valiosas esculturas que Alfredo Arocena trajo de Europa, entre ellas las denominadas "El Acecho", "La Vendimia", "La Espina" y "El Sueño".