Nació con apenas 500 gramos y logró vivir

Valentina. Hoy tiene ocho meses; sus padres sienten que vivieron un milagro

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"Una noche me dijeron que no tenga esperanza, pero al otro día tenía una bebé de medio kilo", recuerda Santiago, padre de Valentina. Hoy tiene 8 meses y está bien, pero antes tuvo que transitar el camino siempre complejo de los prematuros.

Fue todo rápido. El embarazo, gemelar y de 25 semanas, iba bien y estaba controlado. El sábado estaban comiendo un asado, despreocupados. El domingo, Fernanda, la futura mamá, tuvo una pequeña pérdida. El lunes de noche rompió bolsa. El ecógrafo les dijo que una de las bebés ya estaba fallecida, y que la otra tenía latidos moribundos.

Les advirtieron que no guardaran esperanzas. Fernanda había comido algo y por eso era riesgoso hacer la cesárea en ese momento. Hubo que esperar toda la noche para la cirugía. "Una noche muy fea", apunta Santiago, que trató de ni pensar en bebés en esa madrugada que se hizo eterna. Lo que le preocupaba era contener a su mujer y "mirar hacia adelante".

Santiago, de 29 años, recuerda todo con la precisión de los que cuentan la historia más importante de su vida. A las 6.00 de la mañana estaba fijada la cesárea. A las 7.14, tras la operación, le comunicaron que una bebé se había salvado. "Un milagro", pensó Santiago. Y aún hoy, ocho meses después, lo sigue sosteniendo.

El entusiasmo inicial fue tan inmenso -"fue como tener un hijo de vuelta", dice- que no le permitió darse cuenta de la realidad que implica tener un bebé de esas características: un bebé prematuro.

Valentina nació pesando 722 gramos y al otro día bajó a 522. Los médicos de la mutualista Círculo Católico fueron muy directos. "Nos dijeron sin pelos en la lengua que la situación era muy complicada. Lo más complejo era que había otra bebé en la panza y suele pasar que se pasen las infecciones, que era difícil que un bebé gemelar se salve cuando el otro se muere", explica Santiago.

Pero el corazón de Valentina siguió latiendo. Y ahí comenzó el largo y siempre angustioso proceso de tener un bebé tan pequeño como la palma de una mano internado en un CTI, luchando por su vida.

Adriana Iturralde, supervisora del CTI de recién nacidos del Círculo Católico, convive todos los días con esa realidad.

Ahora, en la mutualista hay cinco bebés prematuros internados. Todos pesan menos de un kilo. Casi ni se ven, están como perdidos adentro de la incubadora.

"Les falta madurar todo. Lo primero que hay que tratar de resolver es la maduración pulmonar, si no desarrollamos pulmones no hay oxígeno y sin oxígeno no hay vida. Se les apoya desde el punto de vista respiratorio. También tienen que desarrollar el sistema cardiovascular y aparato digestivo. Al principio se les da una alimentación que solo busca estimular la madurez del aparato digestivo", señala Iturralde.

El promedio de estadía de los bebés prematuros en los CTI varía de acuerdo a sus patologías y al desarrollo que alcancen: pueden estar 24 horas como mínimo o tres meses como máximo

LUCHA DIARIA. Valentina estuvo 93 días internada. A los siete días de nacer tuvo un estafilococo, después que lo superó contrajo un endovirus (similar a una gripe). Todo eso complicó la situación. Estuvo más de un mes entubada para poder respirar.

"Fue muy duro, pero se bancó todo", cuenta Santiago sin disimular el orgullo que siente por la pelea que dio su hija.

"El día a día es muy pesado, muy complicado. Lo vivís con ansiedad y miedo. Pasan los días y pensás que no avanzás nada. Te agarrás una psicosis con el peso, vas contando gramo a gramo. `¿Cuánto aumentó?`, preguntás a cada rato".

Santiago veía todo "con ojos de amor", pero también había momentos que le shockeaba el estado en el que estaba su hija.

Durante el tiempo en el que estuvo internada fue todos los días a verla al Círculo. Y cada mañana, antes de golpear la puerta para entrar, lo invadía el miedo. "No había mañana que no me preparara para una mala noticia", cuenta.

Iturralde, la supervisora del CTI, intenta que los padres no pierdan el equilibrio necesario entre el optimismo y la realidad. "Les decimos que cuando empieza el camino tan difícil de un prematuro van a pasar meses, y que el informe primario es de un niño extremadamente grave, y eso es muy fuerte para cualquier padre. Y cuando parece que se ilusionan, volvemos a bajarlos a la realidad. Mientras el bebé está en el CTI está la sombra de que pueda haber algún desenlace fatal", explica.

La neonatóloga habla con un tono cuasi maternal, que le lleva tranquilidad a los padres, pero a la vez tiene firmeza al momento de señalar un diagnóstico. No esconde nada.

"Acá vivimos el momento, hay momentos en que los padres ven bien a sus hijos, pero tratamos que nunca pierdan la referencia de que la situación de base es difícil".

La prematurez es la primera causa de muerte en el primer mes de vida de los niños.

En el Círculo Católico han nacido 2.000 niños desde el año 2006. 150 de ellos fueron prematuros, con un peso menor a los 1.000 gramos. De ese total, egresaron con vida el 82% de los niños.

Tras pasar casi cien días internada, Valentina se fue sin ningún problema y con dos kilos de peso del hospital. Ahora está haciendo fisioterapia para recuperar la masa muscular.

En los momentos más críticos, su padre, que es fanático de Peñarol, le cantaba las canciones de la hinchada. Ahora, cada vez que llora, las canciones de Peñarol "son lo único que la calman".

LAS CIFRAS

4.500

Es la cantidad de bebés prematuros que nacen cada año en Uruguay; es la tasa más elevada de la región.

37

Es la semana límite de gestación en estos casos: los bebés que nacen antes de esa semana son considerados prematuros.

La vida en la palma de una mano

Santiago tiene una foto de Valentina de cada uno de los 93 días en que la bebé estuvo internada en el sanatorio.

Todos los días le tomaba una foto con su celular con la esperanza de poder mostrárselas cuando sea grande y entonces contarle "todo lo que luchó por vivir".

Adriana Iturralde, supervisora del CTI de recién nacidos de la mutualista Círculo Católico, recuerda claramente esa anécdota.

Y asegura que es algo que ella alienta y le plantea, casi como una estrategia, a los padres que tienen hijos prematuros en el CTI. "Yo les digo que cuando estén bien anímicamente, que pongan la mano de ellos al lado de su bebé y saquen la foto. Si la situación se da favorable y el bebé evoluciona bien, va a estar bueno mostrarle que era tan chiquito que cabía en la mano de mamá o de papá. Y si por alguna razón el bebé no progresa, y luego los padres tienen otros hijos, también es una forma de decirle que su hermanito no progresó porque era tan chiquito que apenas cabía en una mano".

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