Dra. Dolores Torrado
Médica Pediatra de UCM.
La inflamación de la mucosa que recubre las fosas nasales en los niños reconoce como principal causa a las infecciones virales, sobre todo en épocas invernales. Las rinitis alérgicas le siguen en frecuencia con una mayor incidencia en primavera relacionada con el polen de las plantas, aunque también ocurren en invierno. En este último caso son desencadenadas por el polvo domiciliario cargado de ácaros que está presente en habitaciones que, por el frío, no se ventilan adecuadamente.
La sintomatología es similar para ambas etiologías, alérgica y viral; y las dos formas de rinitis predisponen por igual a infecciones crónicas secundariamente sobre infectadas por bacterias.
Esas infecciones se complican, por una extensión regional a los senos faciales, con sinusitis. Esta evolución debe sospecharse cuando los síntomas propios de la rinitis se prolongan por más de 15 días y se agrega cefalea o dolor facial, paranasal o frontal, con fiebre y corrimiento nasal amarillo (rinorrea purulenta).
Pese a síntomas y complicaciones similares, debe distinguirse la rinitis alérgica de la infecciosa porque implican una prevención y tratamiento diferente.
RINITIS ALERGICA. Se define la rinitis alérgica como un trastorno inflamatorio de la mucosa nasal mediado por la inmunoglobulina E, cuya producción es inducida por la exposición a alergenos. Los síntomas, similares a los de la rinitis viral son: rinorrea acuosa, obstrucción nasal, prurito nasal y estornudos.
Los agentes causales o alergenos a los que el paciente está expuesto, varían a lo largo del año. Los alergenos son inhalados a través del polvo doméstico, de plumas, de pelos de mascotas, esporas de hongos o del polen de las plantas en primavera.
Es más raro el desencadenante ingerido con los alimentos, aunque en las crisis asmáticas asociadas con rinitis puede verse, como causa, el reflujo de contenido gástrico al esófago.
Las rinitis idiopáticas como la no alérgica con eosinófilos (tipo de glóbulos blancos que aumentan en los alérgicos), se presenta con eosinofilia nasal, estornudos, prurito, rinorrea y obstrucción nasal con o sin pérdida del olfato (la sintomatología es muy similar a la alérgica). Se observa tanto en niños como en adultos y con frecuencia se asocia a pólipos nasales.
La OMS clasifica a la rinitis alérgica en intermitente o persistente, y a ambas como leves, moderadas o severas.
La intermitente presenta síntomas menos de 4 días a la semana, hasta 4 semanas. La persistente los presenta durante más de 4 días por semana, por más de 4 semanas. Una y otra forma de rinitis se considera leve cuando no interfiere con el sueño y permite al niño el normal desempeño de sus actividades diarias. Se considera de moderada a severa cuando altera el descanso nocturno al niño, al punto de afectar la vigilia diurna con déficit de la atención y disminución del rendimiento escolar.
Como en otras enfermedades alérgicas existe un componente genético que si está presente en uno de sus padres, llega a determinar hasta un 50% de posibilidades de que el hijo padezca la alergia.
El contacto con humo de tabaco en los primeros años de vida también se asocia con el desarrollo de rinitis alérgica. Es más frecuente en la ciudad que en el campo, probablemente debido a la mayor presencia de alergenos y contaminación del aire. De hecho, la mayoría de los pacientes asmáticos y con rinitis persistente son sensibles a los ácaros presentes en el polvo domiciliario. Sin embargo, los alergenos más riesgosos asociados en sus efectos con las crisis asmáticas son los extra domiciliarios que están presentes en el polen primaveral.
OTROS TRASTORNOS. La rinitis alérgica suele asociarse con el asma constituyendo un factor que aparece precediendo al desarrollo de la crisis: en muchos pacientes ocurre un desarrollo casi simultáneo de la inflamación de las mucosas nasal y bronquial.
La rinitis alérgica se vincula también con la sinusitis ya que la mucosa nasal y la sinusal tienen continuidad anatómica, y el drenaje de los senos faciales se obstruye por la congestión mucosa y las secreciones más espesas. Esto determina la producción de la sinusitis como complicación que prolonga y empeora la evolución de la rinitis.
La inflamación del oído también puede aparecer en la evolución de una rinitis. Ello se debe a un funcionamiento anómalo de la trompa de Eustaquioque conecta con el oído medio, predisponiendo así el desarrollo de una otitis.
A menudo los niños con rinitis alérgica padecen aumento en las adenoides y amígdalas, que les lleva a respirar por la boca con ronquidos nocturnos y apneas obstructivas. Por este mecanismo los niños llegan a padecer importantes dificultades para conciliar el sueño y para mantenerlo, sufriendo frecuentes despertares durante la noche que son causa de somnoliencia diurna y trastornos de la atención.
En líneas generales se debe de adecuar el tratamiento a la severidad y persistencia de los síntomas que se perciben.
En caso de que los síntomas sean leves e intermitentes, en el inicio se recomiendan antihistamínicos de segunda generación.
Si la congestión nasal se vuelve más importante, se agregan vasoconstrictores nasales, y si los síntomas se agravan aún más o si se prolongan por más de 15 días, se deben de indicar corticoides locales. Hay casos en que resulta útil alternar los corticoides intranasales, con solución salina intranasal y vasoconstrictores.
De todos modos, es importante consultar a un especialista que identifique los alergenos e indique el tratamiento preciso.
Cómo cuidar a un niño alérgico
Se basa en evitar la exposición a alergenos, educando para ello al niño y a su familia. Con esta finalidad se recomienda cubrir y aislar el colchón y las almohadas, y lavar con agua caliente la ropa de cama y juguetes de peluche; retirar alfombras y muebles que acumulen polvo, y ventilar diariamente las habitaciones.
Se debe de evitar el contacto del niño con animales domésticos y pólenes de plantas.
Los fármacos utilizados son los antihistamínicos de primera generación, como la difenilhidramina o la clorfeniramina que asocian efecto sedante; o bien fármacos más nuevos que no son sedantes como la loratadina. Ambos remedios son efectivos pero en tratamientos prolongados se aconsejan los segundos.
Los descongestivos como la pseudoefedrina, producen vasoconstricción de la mucosa nasal desobstruyendo su luz, pero tienen el inconveniente de un efecto rebote que causa nueva congestión y obstrucción nasal. El cromoglicato de sodio en solución resulta útil, tanto para la rinitis alérgica estacional como en la perenne.
Los corticoides de uso tópico son los fármacos más efectivos para aliviar la rinorrea, la congestión, los estornudos y para controlar el proceso inflamatorio crónico.
Se usa el propionato de fluticasona y el furoato de mometasona, respectivamente, para niños mayores de 4 y 2 años.
Los corticoides en uso prolongado pueden producir efectos locales adversos como irritación, dolor y sangrado nasal. A nivel sistémico pueden causar una potencial disminución del crecimiento. Este último efecto se previene administrando una única dosis, mínima y eficaz, en horas de la mañana.
Puede ser necesaria la aplicación ocular de colirios con corticoides en niños que padecen sintomatología oftalmológica asociada e intensa.
En ciertos casos puede ser necesario un tratamiento de desensibilización al alergeno, que se administra en dosis progresivas crecientes. Ello se reserva para situaciones en que el niño no responde al tratamiento medicamentoso.
En líneas generales el tratamiento se adecua a la severidad y persistencia de los síntomas, iniciándose con antihistamínicos de segunda generación, para casos leves e intermitentes.
Se agregan vasoconstrictores nasales sólo cuando la congestión nasal es más importante; y si los síntomas se agravan o se prolongan por más de 15 días, se asocian corticoides locales. En ciertos casos resulta útil alternar los corticoides intranasales, con solución salina intranasal y vasoconstrictores.
Cuando estas medidas no resulten eficaces, deberá intervenir un médico alergista para intentar identificar los alergenos y decidir una eventual inmunoterapia.
CLAVES PARA EL DIAGNOSTICO
Los síntomas característicos de la rinitis alérgica son: el prurito nasal con rinorrea acuosa, y la crisis de estornudos en salvas seguidas de obstrucción nasal.
Los lactantes rara vez padecen congestión nasal por rinitis alérgica, pero sí por rinitis infecciosa. En cambio, por mecanismo alérgico, los lactantes pueden presentar tos e infecciones más frecuentes del tracto respiratorio superior.
La rinitis infecciosa en los lactantes puede llegar a causar trastornos nutricionales, debido a la dificultad que ofrece la obstrucción nasal para alimentarlos normalmente.
La rinoscopia en la rinitis alérgica puede mostrar una mucosa nasal pálida y edematosa, con rinorrea acuosa o mucosa, que a veces puede aparecer enrojecida en caso de que existan infecciones agregadas.