Más fallos sin Bossio

ALEJANDRO NOGUEIRA

Al menos desde octubre del pasado año ya circulaba en filas del gobierno que el fallo de la Suprema Corte sobre el IRPF a los pasivos iba a ser adverso. Ya había "filtraciones" antes del derrame de ayer confirmando el 3 a 2.

Los ministros del máximo tribunal habían desperdigado expedientes que no alcanzaban a juntar, con el paso de los meses, uno o dos votos en vez de concentrarse en tomar dos o tres acciones representativas y ejercer justicia, que es su trabajo.

El 28 de febrero Búsqueda publica que las posiciones están como finalmente se confirmó que estaban, aunque señalando que las decisiones de los jueces habían sido adoptadas en diferentes expedientes. A partir de allí el tema no salió de las primeras planas. Es lo que el gobierno y el Frente Amplio llaman la "presión" de "los grandes medios". Si hubiera sido un 3 a 2 por la constitucionalidad del IRPF no hablarían de filtraciones y "presiones" de los medios y de la oposición.

El regreso del tema a la palestra sin duda que tuvo su efecto en la propia Corte. Bastó que se publicara que había cuatro votos en un expediente para que en 24 horas estuviera el quinto.

Hasta ahora se ignora cuál es el delito de que se haya "filtrado" lo que votaban los jueces. La acción de inconstitucionalidad es un proceso público. Que se conozca el voto de un juez no implica prejuzgamiento que, decididamente, es harina de otro costal.

En los tramos finales de la desesperación oficialista, la cuestión de las "filtraciones" se tornó esperpéntica. El senador Reinaldo Gargano se comprometió a investigarlas. No se sabe si llamará a declarar a los jueces de la Corte o a los periodistas que publicaron las informaciones.

La argumentación oficialista sobre el IRPF a los pasivos en este último tramo no estuvo centrada en consideraciones legales o de justicia tributaria; fue de más o menos veladas amenazas a la Corte o de "denuncia" de los ataques de la oposición y a los medios. El gobierno pretende una prensa que no informe y una oposición que no sea opositora.

Los argumentos llegaron a reptar. Se apeló a las altas jubilaciones de los ex presidentes, como si Vázquez y otras figuras políticas del gobierno no fueran a jubilarse más pronto que tarde. El Partido Socialista y su secretario general Eduardo Fernández se atrevieron a decir que el desequilibrante voto de la ministra Sara Bossio obedecía a que quería salvarse de la mordida del impuesto tras su inminente jubilación. Que el debate caiga tan bajo no es una gran novedad en el país. Tampoco es novedad -pero sí es mucho más grave-, que cualquier rasguño epidérmico deja al descubierto la precariedad del valor de lo institucional en un país que se jacta, por puro marketing, de su institucionalidad.

Ahora el gobierno no se precipita y espera confiado más fallos sin Bossio. ¿Contará con otra filtración?

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