CADA VEZ SON MÁS

La magia del artista callejero

Personajes, músicos y vendedores se ganan la vida en los ómnibus con recursos llamativos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Márquez, que hace el personaje de Mago Farzón, sale vestido de gala de su casa. Foto: F. Flores

Todas las mañana, a eso de las 9:00, Luis Márquez sale de su casa, en un asentamiento del barrio Manga, vestido de traje negro, con camisa blanca, corbata y una galera en la cabeza. En su mano lleva un mazo de cartas. "Ahora ya me conocen, pero imaginate lo que era hace unos años ver al mago Farzón salir con esta pinta de un asentamiento", dijo el mago que trabaja como artista callejero desde hace 15 años.

Luis (39), casado y con dos hijas, contó que el personaje que encarna nació dentro de una estación de trenes. "Hubo una transformación del payaso Morrón al mago. Yo sentía que tenía un techo siendo payaso, solo hacía reír, iba hasta ahí. Con la magia y el ilusionismo con cartas puedo ir más lejos", aseguró.

El mago Farzón, un nombre bastante peculiar, que se presenta arriba de los ómnibus como "bueno, barato, que con su show les hará pasar un buen rato", es uno de centenares de artistas callejeros que día a día suben a los ómnibus para conseguir un jornal. El talento, el chiste, la risa y la espontaneidad son los ingredientes necesarios para que todo personaje llame la atención de algún pasajero, y en el mejor de los casos, que este lo recompense con algunas monedas.

Durante una de sus habituales recorridas por Montevideo, Luis contó a El País que cuando era payaso le costaba llegar a las paradas de ómnibus porque en el camino, los niños lo paraban para sacarse fotos con él. Así fue que decidió comenzar a cambiarse en la estación de trenes de Manga. La transición estaba por llegar.

Luis iba todos los fines de semana a la esquina de Juan Carlos Gómez y Sarandí. Allí había, hace nueve años, "un hombre que vendía trucos de magia. De esa manera fui aprendiendo, y cuando quise acordar, la vestimenta y la pintura de la cara cambió a esto", dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.

No es fácil ganarse un lugar en "la jungla de la calle", tal como la describen algunos; allí deben de convivir todos, vendedores o cantantes, sin distinción entre buenos o malos. Las malas rachas se reflejan directamente en el ámbito familiar cuando más de ocho horas de trabajo dejan apenas $ 400.

"Hay días, es muy fluctuante, esto sube y baja, cuando te va bien, en un buen día capaz que te vas con $ 1500, pero los tenés que trabajar de verdad, no podés parar", aseguró Luis, ya preparado para subir al primer ómnibus de la jornada.

La mayoría de los artistas callejeros no se encuentran registrados por su labor ante el Banco de Previsión Social (BPS), no hacen ningún tipo de aportes. "Eso es un problema, porque llega un momento en el que te tenés que proyectar, por eso estoy estudiando a ver si puedo tener otra salida laboral", comentó respecto a la situación económica que atraviesa.

El gaucho
El gaucho "Cholo" conecta la actualidad con la cultura campestre. Foto: F. Flores

Un gaucho moderno.

Mario Silva, alias "el Cholo", es otro de los personajes que anda por las calles haciendo reír con su peculiar atuendo. Vestido de gaucho, con un bigote a dos colores (blanco y negro) y un sombrero grande, simula estar perdido en una generación de celulares y tecnología.

"Algunos te miran con una cara como si fueras un sapo de otro pozo, ¡no sé!, ¿usted me ve con cara de sapo vecino?"; comienza su performance "el Cholo", y de inmediato se despiertan las risas.

Dos señoras mayores lo miran anonadadas, como sin entender lo que estaba sucediendo. El gaucho sigue con sus relatos de vida cotidiana, siempre usando un tono campestre y burlón en su voz: "Mi vieja estaba el otro día con las table chotiando, y le digo, Tata ¿qué estás haciendo?, largá eso que estás con esa maquina arriba de la cabeza de los chiquilines, y me contesta ¿no ves que estoy matando pokemones?, ¡no son pokemones mija, son piojos!".

Sin dudas la fórmula es interactuar constantemente con los pasajeros. Y para ello, hay horas. "La gente está mucho más receptiva en la tarde, cuando van de camino a sus casas", explicó Mario a El País.

También informó que no lo cansa trabajar haciendo un personaje, aunque en algunos momentos "lo que aburre es la rutina, como en todo trabajo".

Mario es locutor, y estudia periodismo a sus 44 años. Grabó voces para publicidades y hace shows en vivo.

"Acá es el día a día, se genera una magia increíble con la gente, un contacto único que no pasa con ningún otro laburo, (...) cuando comencé a actuar era muy poca la gente que se prendía en el chiste, había muchos más que te miraban con ojos extraños, pero hoy es a la inversa, encontrás muy pocos de esos, el humor del uruguayo ha cambiado", describió Mario a la misma vez que se apretaba sus bigotes artificiales para que no se les despegaran.

"El Cholo", tiene sus estrategias. Si el ómnibus viene con muchos jóvenes a cuestas, "lo mejor es hacer chistes relacionados a Internet, algo de eso, si no no te entienden". En cambio, para el público más veterano, nunca fallan los chistes con palabras en desuso y anécdotas de campo adentro.

El mago junto al personaje del abuelito. Foto: F. Flores
El mago junto al personaje del abuelito. Foto: F. Flores

El anciano.

Gabriel Correa, interpreta a un abuelito que usa bastón. Se queja de como está el mundo y hace énfasis en cuestiones cotidianas de la vida. Busca la complicidad de la gente para llevar a cabo sus chistes, y de este modo, la distensión de los pasajeros que están de viaje en el ómnibus.

Los personajes en general, no tienen un recorrido fijo, aunque todos tienen preferencias. Las principales arterias de la capital son las más transitadas por los artistas: José Bello-ni, General Flores, 8 de Octubre, 18 de Julio y Avenida Italia.

Según algunos de los consultados, entre ellos también los vendedores ambulantes, en verano resulta mucho mejor subir a los ómnibus que van de camino al Este, allí está el público que va a las playas, generalmente más predispuesto que los que van a trabajar bajo el intenso calor de enero y febrero.

Los Artistas Callejeros Asociados (ACA), un grupo que cada vez tiene más adeptos y donde confluyen todo tipo de personajes de la cotidianidad uruguaya, pretenden que este tipo de trabajos se formalicen con el paso del tiempo, de hecho, dentro de poco tiempo adquirirán tarjetas del Sistema de Transporte Metropolitano que serán usadas para cada vez que suban a los ómnibus. Será una especie de registro que tendrá la IMM sobre los trabajadores.

Las caras.

Arriba, el mago Farzón saliendo de su casa en el barrio Manga. Luis Márquez asegura que no le molesta vivir en un asentamiento porque es lo que tiene, y quiere hacer "lo mejor posible para salir adelante". La gente lo contacta por Facebook. Abajo a la izquierda, el personaje del abuelito junto al mago. El veterano encarna frases célebres típicas de cualquier abuelo. Abajo a la derecha, el gaucho "Cholo". A través de su personaje gauchesco, conecta la actualidad con la cultura campestre. El juego es interactuar constantemente con los pasajeros del transporte público.

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