Lumbalgia afecta zona cerebral vinculada a ansiedad y depresión

Investigación. Al tratarla y revertir síntomas la morfología vuelve a cambiar

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DÉBORAH FRIEDMANN

El dolor lumbar crónico afecta mucho más que la espalda: produce alteraciones en zonas del cerebro vinculadas a la ansiedad y la depresión. El poder aliviarlo también consigue revertir el proceso de cambio cerebral, según una nueva investigación.

Ocho de cada diez personas padecen dolor lumbar -en la zona de las cinco vértebras inferiores- alguna vez en su vida. Es la segunda causa de ausentismo laboral en el mundo, representa 60% de las consultas por dolor de espalda en España y en Estados Unidos invierten al menos US$ 50 mil millones por su causa. Uruguay no escapa a la realidad mundial: las lumbalgias, junto con las tendinitis, son de las patologías más frecuentes entre los trabajadores, según el Ministerio de Trabajo.

La patología afecta por igual a hombres y a mujeres. La edad más frecuente es entre los 30 y los 50 años, debido al proceso natural de envejecimiento, aunque también está asociado con el estilo de vida sedentario.

Cuando el dolor persiste por más de tres meses se considera crónico. La lumbalgia crónica es, a nivel mundial, la causa más frecuente de discapacidad de personas en edad de trabajar. Esa patología ha sido asociada en diversos estudios con anormalidad en la anatomía y funcionalidad del cerebro.

Ahora, científicos encabezados por Laura S. Stone, del Centro para la Investigación del Dolor McGill`s Alan Edwards, se plantearon estudiar qué sucedía en el cerebro de los pacientes con lumbalgia crónica y responder una pregunta que consideraban clave: si lograban reducir el dolor, ¿también podían revertir esos cambios en el cerebro?

Para ello reclutaron pacientes que tenían lumbalgia por más de seis meses y que iban a comenzar un tratamiento con inyecciones o con cirugía. Les practicaron una resonancia magnética del cerebro previo a iniciar su terapia y medio año después de finalizarla. El examen les permitió medir el espesor de la corteza cerebral -que estaba disminuido- y la actividad cerebral con una prueba simple.

En concreto, los investigadores utilizaron una variante con números del test de Stroop, prueba que permite evaluar el tiempo de reacción, explicó Stone a El País. En 1935 John Ridley Stroop probó que cuando una palabra como azul, verde o rojo está impresa en un color que difiere del expresado por el significado semántico (por ejemplo la palabra "rojo" escrita con tinta azul), la persona procesa más lentamente el significado y se produce también un aumento de los errores.

"Cuando llegaron tras el tratamiento, queríamos saber si su dolor había disminuido y si su vida cotidiana había mejorado", dijo Stone. "También queríamos estudiar si alguna de las anomalías relacionadas con el dolor que se encontraron inicialmente en el cerebro había disminuido o se había invertido parcialmente", agregó la investigadora.

En las pruebas posteriores, los científicos encontraron que se había registrado un aumento del grosor cortical en las áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento del dolor y con los componentes emocionales del dolor, como la depresión y la ansiedad. Además, la actividad cerebral anormal observada inicialmente en el test de Stroop se había normalizado después del tratamiento.

Stone dijo a El País que las conclusiones de este estudio son una "muy buena noticia" para los pacientes con dolor crónico, "ya que significa que el daño que el dolor crónico produjo a sus cerebros puede ser sanado. Por lo tanto, hay menos probabilidades de que haya un deterioro permanente de funciones de orden superior como la cognición", sostuvo.

De todos modos, la investigadora principal de este estudio reconoció que las aplicaciones prácticas en el corto plazo son "muy limitadas". "A largo plazo podemos aprender más acerca de los efectos del dolor crónico y buscar nuevas terapias para poder revertirlo", estimó.

Lo que tampoco saben los investigadores es qué sucede con la depresión y la ansiedad cuando el cerebro cambia tras una terapia exitosa contra la lumbalgia. "Esa es una excelente pregunta, pero aún no sé la repuesta. Se sabe que hay una fuerte relación entre el dolor, la ansiedad y la depresión. Por ejemplo, las personas con más ansiedad cerca de la cirugía tienen más probabilidades de desarrollar dolor posquirúrgico, y las personas con dolor son más propensas a estar deprimidas", señaló la experta.

Justamente conocer exactamente ese vínculo es uno de los tres objetivos centrales de la próxima etapa de la investigación (ver nota aparte).

ASPECTOS CLAVE

Regiones de la columna

Comenzando desde arriba, la columna tiene cuatro regiones: las siete vértebras cervicales o del cuello (denominadas C1-C7), las 12 vértebras torácicas o superiores (denominadas T1-T12), las cinco vértebras lumbares (denominadas L1-L5), que conocemos como columna lumbar, y el sacro y el cóccix, un grupo de huesos fusionados en la base de la columna.

La mayoría sentirá dolor

Alguna vez en su vida el 80% de la población siente dolor en la zona lumbar. Generalmente dura entre unos días y unas semanas. Los especialistas lo consideran crónico cuando el dolor que persiste durante más de 3 meses. A menudo puede ser difícil saber su causa.

Las cifras

90 Son los días que el dolor lumbar tiene que persistir para que se considere crónico.

LO QUE VAN A INVESTIGAR

Laura S. Stone, investigadora principal del trabajo, publicado esta semana en Journal of Neuroscience, dijo a El País que las próximas etapas de la investigación son: averiguar las causas de los cambios corticales a nivel celular; investigar terapias para el dolor crónico como la meditación; y saber si la recuperación del espesor cortical ayuda a mejorar la ansiedad y la depresión.

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