La Segunda Guerra empezó aquí mismo

| A las 6.10 hrs. del 13 de diciembre sonaron los cañones. Para unos es sólo historia, para otros es recuerdo vivo

RENZO ROSSELLO

"Noche tropical. Bajo la luna llena y con una copa de clarete y música de acordeones, nos sentamos en cubierta. Así empieza la guerra para nosotros, mientras el ejército va al ataque. Qué lejana está nuestra patria! ¿Qué pensarán nuestros padres y hermanos en esta hora crítica? Hay algo de extraordinario en esta incertidumbre bajo el cielo tropical salpicado de estrellas. Parece que estuviéramos muy lejos de las cosas terrenales y sentimos el poder de la naturaleza y de Dios". El comentario pertenece al diario del comandante W.F. Rasenack, oficial técnico de artillería del Graf Spee y está fechado el 1º de setiembre de 1939, tres meses y medio antes de la Batalla del Río de la Plata.

La que se considera como la última batalla naval clásica tuvo la costa uruguaya como escenario. En los meses previos al enfrentamiento el acorazado Graf Spee se había convertido en una pesadilla para las fuerzas aliadas. Se estima que unos cuarenta buques mercantes fueron hundidos por el Graf Spee, que seguía una directiva muy precisa del Tercer Reich: cortar toda posible línea de suministro a las tropas inglesas y francesas.

La mañana del 13 de diciembre de 1939 la carrera del "buque fantasma" llegó a su fin. A apenas 200 millas de Punta del Este los cruceros británicos Ajax, Exeter y Achilles interceptaron al navío alemán que hasta entonces había evadido a sus perseguidores con éxito.

Al filo de la nueva década y de la mayor guerra de la época moderna, las armadas más poderosas del planeta se enfrentaron en el Río de la Plata ante un atónito público uruguayo.

EVENTO SOBRESALIENTE. El historiador argentino Diego Lascano (42) no tiene dudas en cuanto a la Batalla del Río de la Plata. "Fue un evento sobresaliente ya que ocurrió apenas a tres meses de iniciada la contienda, que hasta ese entonces se había caracterizado más por la inacción y los grandes desplazamientos de tropas que por los combates", asegura.

Lascano, que además es realizador audiovisual y reside desde hace tiempo en Uruguay, es responsable de varios trabajos de investigación en torno al tema: "Historia en imágenes del acorazado alemán Admiral Graf Spee", "Historia de los marinos del Graf Spee", entre otras obras.

"De todas maneras — agrega Lascano—, lo que el vulgo o la tradición considera una batalla, no fue más que un combate naval (por la cantidad de unidades involucradas) denominado con propiedad: Combate naval de Punta del Este, ya que se inició a 200 millas al este de Punta, a las 6:00, y finalizó justo al frente de esta ciudad veraniega como a las 18:00, con las últimas salvas, ya en aguas del Río de la Plata".

El combate en aguas uruguayas puso en evidencia los alcances mundiales de un conflicto que, en pocos meses más, dividiría al planeta en dos grandes bloques. En ese contexto el acorazado alemán tenía un cometido específico: hacer frente a la que hasta entonces era la armada más poderosa del mundo, la británica.

"La Kriegsmarine (marina de guerra alemana) no tenía la cantidad de unidades de superficie y submarinas como para controlar los "corredores" oceánicos estratégicos — explica Lascano—. La declaración de guerra se adelantó en varios años a las previsiones de los mandos navales de tener una fuerza equivalente a la británica, que era dominadora absoluta de los mares hasta ese momento, y así poder neutralizarla. Hablando específicamente de la ruta hacia el Río de la Plata (Uruguay y Argentina), su valor estratégico estaba relacionado directamente con los productos de la región, básicamente alimentos, que pudieran ser considerados de importancia para el desarrollo de un potencial conflicto".

Pero el valor histórico de este suceso tiene otro aspecto importante: "Es considerada por los historiadores como la última acción naval al estilo clásico, es decir, sólo de unidades de superficie sin la participación de aviones ni submarinos en el momento del combate. No es ningún ejemplo de estrategia, más bien diría que es una muestra de errores tácticos y de apreciación. De hecho, este evento es más importante en la historia del Uruguay que en la de la Segunda Guerra. Sin embargo, si bien el combate fue una victoria alemana (considerando bajas y destrucción material), las secuelas fueron un triunfo británico muy bien utilizado para levantar la moral en el Reino Unido".

SOBREVIVIENTES. Hans Adolph (58) tiene el cabello y la barba totalmente blancos. Sobre el escritorio de su oficina reina el termo y el mate, es que pese a su nombre es uruguayo. Hans es el hijo de Friedrich, quien con 86 años es uno de los pocos sobrevivientes de la tripulación del Admiral Graf Spee. Pero el ex marino alemán acusa el avance de la edad y sus familiares prefieren que ya no vuelva a hablar de aquel suceso que marcó la vida de todos ellos.

"Mi padre siempre fue una persona muy reservada, nunca habló mucho del tema", señala Hans.

Al igual que muchos jóvenes marinos que conformaban la tripulación de 1.200 almas del famoso acorazado de bolsillo alemán, Friedrich Adolph no tenía mucha idea de la aventura en que se embarcaba. La batalla del Río de la Plata ocurrió apenas cinco meses después que ingresara a la Marina de Guerra alemana.

El 1º de setiembre de 1939 Friedrich Adolph festejó su cumpleaños junto al resto de los tripulantes. Era una tradición en los buques de guerra que se interrumpieran las actividades durante una hora para festejar, jarra de cerveza mediante, el onomástico de la fecha. "Fue justamente durante el festejo que les llegó la noticia: las tropas alemanas habían invadido Polonia", recuerda Hans que le contó su padre.

Friedrich tenía entonces 18 años, era tornero mecánico y trabajaba en la sala de máquinas del Graf Spee. Como todos los jóvenes de su edad, había tenido que abandonar su hogar en Francfort para cumplir el servicio militar obligatorio. "Dentro de las opciones que tenía en ese momento, la Marina era la mejor", apunta Hans. Si bien su padre no se caracterizó nunca por un espíritu aventurero, la que iba a emprender sería la mayor aventura de su vida. "Mi padre es un hombre de costumbres muy rutinarias, siempre fue así", sostiene.

Friedrich no volvió a ver a sus padres hasta 1964, cuando vinieron a Uruguay para visitarlo y conocer su nueva familia. Habían pasado muchos años y para Friedrich la vida había dado muchas vueltas.

Cuando comenzó el ataque al Graf Spee, Friedrich se encontraba en la torre de vigía. "Cayó una granada en la torre, muy cerca del telémetro, donde estaba mi padre que quedó muy herido", rememora el hijo de Friedrich Adolph. La peor herida la recibió en la pierna izquierda, cuando despertó del coma estaba en el Hospital Militar. Luego de recibir el alta médica fue a residir a una quinta en la calle Timote, en Belvedere, que el gobierno alemán había alquilado entonces para los efectivos militares tomados como prisioneros de guerra. Al producirse la ruptura de relaciones de Uruguay con Alemania, Adolph permanece preso hasta cumplir los 25 años. Pero en ese lapso conoció a Luisa Claas, quien sería su esposa, una uruguaya que era hija de un ingeniero alemán radicado en Montevideo desde principios del siglo XX.

"Mis padres se casaron en junio de 1945, el casamiento se hizo con guardia policial en la puerta", dice Hans, "pero las condiciones de prisión eran muy blandas, incluso mi padre se hizo muy amigo de los militares que lo custodiaban".

Al finalizar la guerra Friedrich continuó viviendo en Montevideo, trabajando en su oficio de tornero. "En casa el tema de la guerra no se hablaba mucho, alguna vez yo mismo le pregunté alguna cosa que me interesaba saber, pero como se escribió tanto sobre el tema en realidad lo que supe no fue por él", señala el hijo de Friedrich.

Cuando se extrajo el telémetro del acorazado un periodista de la agencia Associated Press le preguntó a Friedrich Adolph qué opinaba de ello. "Que lo dejen tranquilo. Es lo mejor", se limitó a contestar el ex marino alemán.

Cacería del Graf Speetendrá nuevos capítulos

El rescate del Graf Spee ya comienza a ser realidad. Entre mediados y fines de 2005 el grupo dirigido por el experto buzo Héctor Bado sacará de las profundidades del Río de la Plata el mítico acorazado alemán.

"Se firmó un contrato con el Estado que nos autorizó a realizar la búsqueda, en una primera etapa nos autorizaron la extracción del telémetro como pieza emblemática del acorazado", explicó el capitán retirado Alberto Braida, asesor técnico y responsable de logística del grupo de rescate. El marino explicó que recién se está en la etapa de planificación de las operaciones que se llevarán a cabo en tres etapas.

En la primera fase se extraerá toda la artillería principal del casco, en la segunda reflotarán la popa, que se encuentra separada del resto del buque y por último se extraerá el resto del acorazado. Los responsables de la operación estiman que el Graf Spee tiene entre 400 y 600 toneladas de peso, variaciones debidas a la cantidad de lodo que pueda haber acumulado en este tiempo, y se encuentra hundido a unos 14 metros de la superficie.

El trabajo no es nada sencillo y está plagado de peligros. La presencia de torpedos subacuáticos con cabezas explosivas es uno de los mayores peligros. "Ya la operación de por sí es de mucho riesgo, si le sumamos la eventual existencia de explosivos se verá que la tarea es realmente compleja", argumentó el capitán Braida.

Entre 30 y 40 personas trabajarán en el rescate del Graf Spee. "Pensamos que la primera etapa, la extracción de la artillería principal, nos llevará unos noventa días", señaló el capitán Braida. La segunda fase, que será la extracción de la popa de la embarcación, podría llevarles unos 120 días. "La operación de la popa nos va a dar una idea más general de todo el estado de la embarcación y a partir de allí tener una estimación más ajustada del tiempo total que nos llevará todo el rescate", explicó el marino.

La idea de los responsables del rescate del Graf Spee es que el mismo se transforme en un museo. "Podría ser en la Isla de Ratas o en Punta Carretas —señaló Braida —, donde se haría un parque temático que podrá ser visitado por el público en general".

Museo temático en el corazón del país

SARANDI DEL YI VICTOR D. RODRIGUEZ

Esta ciudad distante a 90 kilómetros de la ciudad capital, al este del departamento, cuenta con el único museo permanente que recuerda el episodio bélico más famosos de nuestras costas; la batalla del Río de la Plata, exhibiendo una variada gama de elementos como mapas, fotografías, testimonios de sobrevivientes, documentos, ropajes, armas e incluso replicas en miniatura del acorazado alemán Graf Spee y el buque auxiliar Tacoma. La muestra, cuidadosamente distribuida, se puede apreciar en varias salas del interior del cuartel dependiente de la División Ejército II, lugar que desde el ’42 al ’44 albergó a 96 sobrevivientes alemanes, custodiados por 4 oficiales y 60 efectivos del Ejército Nacional. Desde su reinauguración en setiembre del 2002 el sitio recibe a decenas de visitantes cada día, incluso con permanente presencia de turistas extranjeros, particularmente ciudadanos alemanes.

El jefe de la guarnición de Sarandí del Yí, mayor Gustavo Pereira, relató que en el recinto se desarrollan actividades educativas y culturales al servicio de la comunidad "sarandiyense", contando con una moderna aula virtual o sala de Internet suministrada por Antel, albergue, sala de eventos, exposiciones de artesanos y demás emprendimientos apoyados por la intendencia e instituciones locales.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar