La revolucionaria píldora azul cumple diez años

Cuando se cumplen diez años de su aparición en el mercado estadounidense, el Viagra ha revolucionado el tratamiento de la impotencia masculina siendo un medicamento cuya facilidad de uso y rápidos resultados también ha seducido a jóvenes que no necesariamente lo precisan. Según el laboratorio Pfizer, actualmente el medicamento es consumido por 35 millones de hombres a nivel mundial. Sólo con esa droga, Pfizer ha tenido un ingreso de 1.764 millones de dólares el año pasado. Pero si a esto se agregan las distintas marcas que han ido apareciendo posteriormente, no cabe duda que se trata de un medicamento que ha revolucionado el tratamiento de la disfunción eréctil.

El Viagra celebra esta semana el décimo aniversario de su irrupción en el mercado farmacéutico de Estados Unidos, donde millones de hombres y sus parejas agradecen sus bondades.

El 27 de marzo de 1998, la Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), dio su venia a la pastilla de citrato de sildenafil como tratamiento para la disfunción eréctil, un problema fisiológico que afecta a más de la mitad de los hombres entre 40 y 70 años de edad, según su fabricante, la farmacéutica Pfizer.

Hasta entonces, las opciones para resolver el problema se limitaban a medicamentos que tenían que administrarse directamente en el pene mediante inyecciones, o supositorios, bombas de vacío para mantener la erección y hasta implantes. El éxito fue inmediato, aún cuando sus primeros consumidores se mostraban poco dispuestos a admitir que acudían a ella para combatir la estigmatizada impotencia. Pero, según autoridades de Pfizer, esa renuencia comenzó pronto a diluirse y poco a poco fue creciendo el número de consumidores que alcanza a los 35 millones en todo el mundo, que admiten que se benefician de los efectos de Viagra.

Uno de los primeros fue el entonces senador republicano y ex candidato a la presidencia de EE.UU., Robert Dole, quien encabezó una campaña de propaganda de televisión en ese país para promover la pastilla azul. Al legislador lo siguieron ases del automovilismo, beisbolistas y cantantes famosos.

"Fue la revolución del Viagra", según Brian Klee, director del Equipo Global de Viagra en Pfizer, empresa cuyos ingresos por la venta de la pastilla fueron de 1.764 millones de dólares el año pasado, según cifras proporcionadas por la empresa farmacéutica.

Además, desde 1998 se han emitido más de 233 millones de recetas que recomiendan el uso habitual de la pastilla, cuyo precio es un asunto bastante escurridizo. En las farmacias de EE.UU., el precio va desde los 29 dólares por pastilla (de 100 miligramos) si se compran tres, a 17,50 dólares por pastilla si se compran 20, pero también se puede comprar por internet en farmacias de Canadá donde los precios van desde 1,75 a 4,95 dólares.

Y aunque Viagra ha renovado el placer de la intimidad para millones de parejas, en el proceso, se ha convertido en un ingrediente en la ruptura de otras tantas. Como dice el abogado Raoul Felder de Nueva York, "los hombres mayores que pueden desempeñarse nuevamente, también buscan frutas más verdes".

"Antes de que apareciera Viagra, existía una percepción equivocada sobre la disfunción eréctil. Se le llamaba impotencia y las explicaciones eran psicológicas", explica Klee. "Los médicos no creían que se tratara de un trastorno fisiológico y estaban convencidos de que afectaba sólo a los hombres de edad avanzada", agrega.

Según Klee, la pastilla también tuvo un efecto socio-cultural y la eliminación del estigma de la impotencia abrió una puerta más a la libre discusión sexual entre el médico y su paciente. Dice que "además, ayudó a mejorar las relaciones de la pareja, a reforzar la autoestima del hombre y, en muchos casos, a combatir su depresión".

Según científicos de Pfizer, las investigaciones han demostrado que la disfunción eréctil es con frecuencia un indicador de otros problemas de salud, como diabetes, altos niveles de colesterol y problemas cardiovasculares.

"Puede ser una señal de advertencia. No se sabía pero ahora es un hecho establecido y aceptado", señala Teresa Griesling, miembro del Equipo Global de Viagra en Pfizer, al diario "Kalamazoo Gazette" de Michigan. (EFE)

Casi por casualidad

Como muchos otros avances en el campo de la medicina, la historia de la creación de un tratamiento que combatiera efectivamente las disfunciones eréctiles tuvo mucho de investigación científica, pero también una infaltable cuota de suerte. "Al principio probábamos el sildenafil (principio activo del Viagra) como un medicamento cardiovascular por su capacidad de reducir la presión arterial", explicó el doctor Brian Klee, director médico del laboratorio Pfizer. "Pero la gente no quería devolver los medicamentos sobrantes porque uno de los efectos secundarios era tener erecciones más fuertes y más duraderas", añadió el científico. A medida que se corría la voz sobre sus posibilidades, los consultorios de los urólogos se fueron llenando. Antes del Viagra los posibles tratamientos eran una cirugía para implantar una prótesis en el pene o la inyección de sustancias en el glande.

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