La otra cara

Mientras algunos iban temprano al cementerio por el 2 de noviembre, otros tantos aprovechaban el día libre para disfrutar del sol, la rambla, la playa y los amigos.

Como si fuese un día de verano, muchos montevideanos que no tenían que trabajar o estudiar decidieron pasear por la rambla o incluso tomar sol a la orilla del río.

Solos, en pareja, en barra, con sus perros, en bicicleta, la gente disfrutó de todas las maneras posibles un día espectacular. Una de las particularidades fue que el aroma de los protectores solares se sentían a la distancia.

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