La noche de La Aguada termina al mediodía

Tendencias. La onda es dormir una siesta de 23 a 2 de la mañana y después salir. Aunque los boliches hacen promociones para que la gente vaya más temprano "el horario de Hong Kong" manda

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Ricardo Figueredo

LA AGUADA | ANA PAIS

A la misma hora que un peón se levanta para comenzar su jornada, miles de jóvenes llegan a la puerta de los boliches de La Aguada: esta temporada la noche empieza a las 4 de la madrugada y puede terminar cerca del mediodía.

Por las mañanas es fácil reconocerlos. Aunque el sol ya quema con fuerza, ellos caminan por las calles de vaquero, celebrándose chistes típicos de exceso de alcohol en la sangre.

Las familias que bajan a la playa los miran con extrañeza y algunos dirán la tan reiterada frase: "La juventud está perdida". Y en el caso de que no se haya perdido, por lo menos está atrasada.

Para hacer "el aguante" hasta las 4 de la madrugada, hora en que salen a bailar, los jóvenes que veranean en Rocha suelen dormir una siesta desde las 23 hasta las 2 horas. Comen algo, se aprontan y hacen "la previa" (tomar algo y ponerse en ambiente de salida nocturna), ya sea en la casa o en alguno de los boliches especializados, como Primata.

Durante la primera quincena cuando La Paloma, La Aguada, La Pedrera y alrededores desbordaban de gente, el punto máximo de los boliches bailables eran las 5 de la madrugada. A esa hora podían haber hasta tres cuadras de fila en Pogo, el más concurrido de la zona.

Apenas cuatro horas después, una normativa de la intendencia les obligaba a apagar la música, pero como los chicos recién estaban empezando su "noche", el cierre solía extenderse hasta casi mediodía.

Ya en la segunda quincena, la música debe terminar a las 8 horas. El sábado, cerca de las 8:30, Sofía de 24 años y Rogelio de 29 años salen de Pogo. La mañana está fresca pero soleada. Ambos se refriegan los ojos seguido.

"Es raro pero a la vez lindo bailar con sol", dice ella. Aquello de que de noche todas las mujeres son lindas gracias al maquillaje y a las luces de la discoteca, ya no corre. La mayoría de las horas de baile transcurren a plena luz del día, puesto que Pogo es un lugar abierto.

"Para la playa está bueno porque llegás, dormís y vas toda la tarde", acota Rogelio. Sofía no está de acuerdo: "A mí me trastoca todo. Pierdo horas de playa y en Rocha, no se puede estar hasta las 9 de la noche porque refresca. Me voy a ir sin haber hecho playa".

Jorge Flachussis, dueño del mencionado boliche, trabaja desde hace seis años en el rubro y dice que cada temporada la noche se atrasa más. Sentado en una rústica oficina, explica: "Nos adaptamos a los horarios que pone la gente, porque aunque queramos, no los podemos cambiar".

Sin embargo, hacen lo posible para corregir este nuevo hábito. Arman promociones como chicas gratis hasta las 3 de la madrugada (la entrada cuesta $ 100) y venden los tragos más baratos a los hombres que entran a la misma hora. "Ni siquiera les importa", concluye Flachussis.

VENTAJAS. Aunque resulta difícil no comparar esta rutina con la de los jóvenes en otras partes del mundo -como Suiza, donde aun las noches más salvajes jamás terminan después de las 3 de la mañana-, no todo es negativo.

"Con estos horarios por lo menos lograron que los chiquilines duerman de noche, aunque sea la siesta", dice Pablo, padre de dos jóvenes de 20 y 18 años que veranearon la primera quincena junto a sus amigos en La Paloma. Ahora, cuanto hay que readaptarse a horarios con obligaciones (liceo, facultad, trabajo) aparecen los desfasajes por el "jet lag" que arrastra el agite en horario de Hong Kong.

Hace unos cuantos años que las fiestas hasta el mediodía son patrimonio de la civilización electrónica y sus costumbres heredadas de Ibiza.

Tanto en Montevideo como en Punta del Este, por ejemplo, era común que los más fanáticos se fueran del boliche o la fiesta de turno preguntando "¿dónde queda el after?". El after (después) es, por lo general, el bis de la fiesta en una casa particular pero con auténtico dj de discoteca: el mismo que a las 5 o 6 de la mañana terminaba de pasar música en un boliche que sigue pinchando hasta el mediodía para sus amigos y amigos de los amigos.

Esa costumbre fue tal vez motivada por la norma -actualmente en desuso- que obligaba a discotecas y boliches a apagar la música a las 5 de la mañana. Este horario, en varias temporadas de verano, se cumplió a rajatabla. Otros años se hizo un poco más elástico pero nunca más de las 6, cambio de hora oficial mediante.

SALIR CON LUZ. Alguna ventaja debe tener salir con la luz del día para volver a casa.

Respecto al tránsito, la directora del Centro de Estudios del Tránsito del Uruguay (CETU), Ileana Poloni, destaca que "sin dudas el conducir de día influye para evitar accidentes, porque con el sol mejora la visibilidad. Igual está más que comprobado que los siniestros ocurren a toda hora".

Por otra parte, Poloni recuerda que "el alcohol, drogas y el cansancio reducen la capacidad de respuesta y de percibir el peligro real", lo que relativizaría los beneficios de la luminosidad para los conductores.

Según Pablo Barrios, director de Administración de la Intendencia de Rocha, el 5 de enero, noche de la Vox Pop, fue el día en que Pogo y Arachania vendieron más entradas: 8.000. En La Terraza, ubicado en el mismo predio, el ingreso es gratuito. Esas cifras son "bastante más" que el año pasado, donde se había llegado a un máximo de 5.000, agrega.

Para la Intendencia y Agadu (y rentas generales) los boliches son un buen negocio. La entrada en Pogo cuesta $ 100, de los cuales Agadu retiene $ 15,6, la Intendencia $ 10 y la DGI $ 22. "Tenemos más impuestos que una tabacalera", ilustra el dueño, Jorge Flachussis.

La Intendencia y la Policía se adaptaron a la nueva modalidad de salidas y priorizan que no haya problemas. "Hay días que por la presencia de público es conveniente dejarlos hasta más tarde. Sucedió que a las 8 de la mañana había 4.000 personas y apagar la música de golpe puede generar algún conflicto", afirma Barrios.

El 12 de enero, por ejemplo, se realizó el festival Bahía Rock, con La Vela Puerca y El Cuarteto de Nos. A la mañana siguiente se autorizó que los boliches siguieran hasta las 9 y 30. "Lo van manejando los dueños de los boliches en conjunto con la Policía. Si hay mucha gente, no se termina de golpe. Hasta ahora no hubo inconvenientes", agrega Barrios.

Sin embargo, varios veraneantes coinciden en una anécdota. En los primeros días de enero en Pogo apagaban la música cerca de las 11 de la mañana, pero esa vez lo hicieron a las 8 y algo. Varios miles de chicos empezaron a protestar cantando canciones que todos supieran. El himno nacional fue una de las opciones con mayor adhesión. Como aun así no cedieron a las presiones, esa mañana los jóvenes salieron del boliche, prendieron los equipos de música de los autos y siguieron bailando en la ruta.

El dueño de Pogo espera que la Intendencia autorice a apagar la música a las 9 para Carnaval porque "son sólo tres días y es el cierre de la temporada".

UN NUEVO DÍA. Algunos siguen de largo para aprovechar la playa, otros duermen para ir de tarde. Todos se aprontan para volver a salir en la noche.

A cualquier hora, la mayoría de los chicos sale con alguna bebida alcohólica de "desayuno". Fabiana Moreni vende panchos a $ 20 en la puerta de Pogo desde la medianoche. Los que no desayunan en la puerta, frenan para comprar bizcochos en el camino a sus camas. Incluso los que hacen dedo saben que el conductor en algún momento del viaje hará la parada obligada por la panadería. Eso sí: cada uno se paga su comida.

Las cifras

8.000 Cantidad máxima de entradas que llegaron a vender en una noche Pogo y Arachanes. Fue el 5 de enero, el día de la Vox Pop.

5 A.M. Hora en que los boliches de La Aguada alcanzaban el pico más alto de gente, en los primeros quince días de la temporada.

Los nuevos horarios según los jovenes

Santiago Rivoir, 25 años

"Acabo de llegar de Floripa (Florianópolis) y todavía no puedo creer que hasta las 3 de la mañana no salga nadie. Allá la gente va a bailar desde las 11 de la noche hasta las 5 como mucho, porque hay una ley que prohíbe seguir con la música. La joda se termina a esa hora y todos se van a dormir. Nosotros, a esta altura (8:30 horas) ya tendríamos que estar en la playa y no bailando. Ahora llego, me cambio y sigo de largo".

Candelaria Páez, 19 años

"Para mí está bueno bailar cuando es de día porque ves a la gente tal cual es, incluso cuando está destruida. Lo malo es que hay mañanas en que son las 10 y nos estamos muriendo de calor porque son pocas las partes techadas y hay mucha gente. Lo que hacemos con mis amigas es que cuando empieza a pegar el Sol, nos ponemos a bailar mirándolo de frente así ya de paso nos vamos quemando".

Pablo Márquez, 23 años

"En realidad no es tan raro el tema del horario. Fijate: antes de las 10 de la noche no te vas de la playa porque todavía es de día. Ahí subís y vas a comprar las cosas para cenar. Si hacés un asado, entre que prendés el fuego y comés, terminás como a las 2 de la mañana. Después cada uno se tiene que bañar y cambiar, vas a algún lado a tomar algo y ya son las 4 o las 5 de la mañana. Recién ahí llegás al boliche".

Desde La Pedrera a La Aguada

Desde el verano pasado cambió el circuito de boliches nocturnos en Rocha. En la temporada 2006 las salidas de los jóvenes estuvieron focalizadas en dos predios ubicados sobre la ruta 10, en la puerta de acceso a La Pedrera. Luego, la Intendencia de Rocha resolvió trasladar los principales boliches a la zona de la Aguada, un balneario intermedio entre La Pedrera y La Paloma, donde, licitación mediante, se otorgaron los permisos municipales para abrir tres establecimientos que buscan públicos diferentes entre sí para evitar la competencia.

"Antes estaban en la Pedrera y había mucho movimiento de chicos. Además, los servicios no alcanzaban", explica a El País Fernando Rotulo, director de Cultura de la comuna. Por ese motivo decidieron que se instalaran en un predio municipal "equidistante de todos los balnearios", para que "los chicos se diviertan y no molesten a nadie", señala Rotulo. El jerarca es consciente de que a las 4 "recién se empieza a armar el baile" y a las 5 "alcanza su punto máximo", pero no le inquieta. "Es la forma de ser de los chiquilines", comenta.

En Punta del Diablo: amanecer en Bitácora

Punta del Diablo tuvo una primera quincena agitada. "Estuvo lleno hasta el sábado 12", cuenta Rodrigo Guerra, de Bitácora, el boliche más tradicional del balneario, "y ahora sigue lindo, todas las noches, ahora vinieron muchos argentinos jóvenes".

El pueblo que era famoso por su tranquilidad ya no es la excepción a la hora de estirar la trasnoche.

"Gradualmente, cada verano, los horarios se han ido retrasando más y más", cuenta Guerra. A Bitácora, "la gente llega a las 3 o 4 de la mañana, a las 4 y media es la hora pico y cuando empieza a amanecer la gente sigue como si nada hasta las 8 o 9 que no para".

Para el que trabaja "se hace larga la noche, pero por lo menos sabés cómo es, y que entre la 1 y las 3 está tranquilo". A Bitácora, se sumó este verano El Diablo Tranquilo, un hostel y bar donde cada noche es distinta, afirma el sueco Har Lundberg desde el otro lado del mostrador. Es restaurante hasta la medianoche y después se desdobla en bar.

El viernes estuvo un grupo argentino, Mother Funky y un dj que hizo minimal house: "terminamos cuando la gente se va, si es de día y hay gente seguimos".

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