Cuando arreciaba la tormenta del pasado martes 23, la casa de madera construida a 12 metros de altura por la organización "Un techo para Uruguay" sobre un pilar, temblaba y oscilaba. En la casa, construida frente a Tres Cruces como parte de una campaña para financiar casas en zonas de extrema pobreza, había cuatro jóvenes del grupo que no se querían bajar. Al final, sus compañeros los convencieron y, una vez en tierra, con árboles caídos y objetos volando por todos lados, se dieron cuenta del riesgo que habían corrido. "Recién cuando bajaron se dieron cuenta de que era un peligro quedarse allá arriba. Ese entusiasmo es una muestra del efecto que está teniendo esta campaña" dijo Alfonsina Almandoz, una de las integrantes de "Un techo para Uruguay".
PASO A PASO. La campaña de esta novel organización de voluntarios, que tiene su origen en Chile y se ha extendido a varios países de la región, apuntaba a lograr fondos para construir 100 casas. El grupo ya ha construido 115 en asentamientos de todo el país y cada casa cuesta 600 dólares. Mediante líneas telefónicas (09089820, 09089821 y 0908922), aportes en locales de cobranza de la Red Pagos y donaciones a partir de contactos con empresas y grupos de trabajadores, ya ha conseguido financiamiento para 92 nuevas casas. La campaña termina el próximo miércoles 31, por lo que se están haciendo ingentes esfuerzos para alcanzar la meta de las 100 casas.
INNOVADOR. El trabajo de "Un techo para Uruguay" es innovador en varios aspectos. Almandoz dijo que actualmente hay unos 100 voluntarios, jóvenes en su gran mayoría, que trabajan durante toda la semana para la organización y hay otros 900 que realizan tareas durante la construcción de las casas. La organización levanta las casas —que son a media agua y prefabricadas de madera— en un fin de semana de trabajo, compartiendo las tareas con los destinatarios de la construcción y sus vecinos. Para eso se detectan lugares de extrema necesidad y se hace un trabajo preparatorio con la gente del lugar. Para el financiamiento también ha existido imaginación. Por ejemplo, hicieron un acuerdo con un grupo de frigoríficos (Carrasco, San José y Pando) por el cual los empleados donaban algo de su tiempo de tarea y la empresa donaba el triple de ese monto. "Fue notable. No hubo ningún obrero que no aportara al menos una hora de trabajo. Es gente a la que no le sobra nada y mus esforzada. Y la empresa aportaba el triple de esa cantidad. Nosotros no queríamos que una empresa nos diera un cheque y chau, sino que fuera el resultado de una solidaridad que involucraba a mucha gente", dijo Almandoz.