La bioetica puesta en practica

| Cada vez es mayor la necesidad de encontrar respuestas éticas, adecuadas a una tecnología en avance que invade la vida de las personas

Dr. Eduardo Casanova | Médico internista de UCM

Hasta hace poco existía el concepto de la bioética como materia casi exclusivamente teórica, distante de intereses prácticos, que ocupaba a estudiosos desconectados de las necesidades cotidianas. En las últimas décadas ese concepto cambió.

El continuo avance de la aplicación tecnológica, sobre todo en materia de salud, hizo más acuciante la necesidad de respuestas éticas, adecuadas a una tecnología cuya praxis invadía la vida ordinaria de las personas, y de toda la sociedad.

¿Quién hubiese sospechado que la vida humana, prolongada tanto tiempo por medios artificiales, resultaría tan onerosa? Quizá un médico de principios del siglo XX se hubiese sorprendido ante el planteo de la señora, acerca de la conveniencia de que su papá falleciese el próximo lunes, pues el sábado era el cumpleaños de su mamá y el domingo no era un buen día.

¿Quién hubiese pensado que en determinado momento alguien podría elegir los caracteres del hijo que nacería decidiendo las condiciones de salud-enfermedad con que viviría, además de su sexo y sus habilidades? Muchos de nosotros que nos horrorizamos ante las prácticas nazis de eugenesia hoy escuchamos plantear "la interrupción del embarazo" (léase aborto), cuando el diagnóstico prenatal comprueba una alteración o una cualidad no deseada.

Aun en el consumo de alimentos, hoy comprobamos que la comida que consumimos a diario ha sido manipulada artificialmente en su código genético natural, aportando un "factor agregado" capaz de causarnos efectos poco saludables.

La aplicación de tecnología en forma masiva, cada vez más agresiva en su artificialidad, modificando la naturaleza, causa una progresiva alteración del suelo, el agua y el aire. Con el calentamiento artificial de la atmósfera, el llamado "efecto invernadero" produce efectos periódicos de prolongadas sequías o grandes inundaciones con graves perjuicios materiales y humanos.

La bioética, como disciplina reguladora de esa actividad (conducta humana ética), adquiere cada vez más importancia para evitar no sólo la contaminación del medio ambiente, sino también la del ámbito socio-cultural en niveles de violencia y corrupción.

AVANCE TECNOLOGICO. Hace poco tiempo se hubiese juzgado como cosa de locos que alguien provocara la "generación" de un hermano gemelo (mediante clonación), para obtener de él células de reposición para su propio organismo enfermo. Sin embargo, actualmente se trabaja con patentes valoradas en cientos de miles de millones de dólares, investigando esta forma "terapéutica" que aún se considera aberrante en la casi totalidad del mundo.

Alguien podría plantear que el avance tecnológico deshumaniza la sociedad. Sin embargo ello no es cierto; es sólo la mala aplicación del conocimiento la que deshumaniza al causar daño humano: no es un efecto de la tecnología sino de su mala aplicación.

Un ejemplo de ello lo aportó la Dra. Natalia López Moratalla (bióloga y bioquímica de la Universidad de Navarra) en su reciente visita al Uruguay.

En las conferencias de la citada académica pudimos comprobar que la verdadera ciencia y su aplicación, pueden y deben mantener una dimensión ética.

Concretamente, respecto a la utilización de las células estaminales, la Dra. López Moratalla destacó la posibilidad y la conveniencia de no recurrir a los embriones (clonados o crioconservados) para obtener dichas células. Los trabajos científicos señalan claramente al propio adulto como la fuente más conveniente para obtener la reposición que requieren sus tejidos.

Las células de la médula ósea con carácter estaminal circulan por todo el organismo como verdaderas "células comodín" para diferenciarse (transformarse) en el tipo celular que cada tejido requiere. Sólo es preciso avanzar en la tecnología para "manejar" estas células. Para ilustrar el fenómeno descrito se citó el caso de un paciente masculino que había recibido un trasplante de corazón de mujer. A los años, cuando el hombre hubo fallecido, al analizarse el corazón que le fuera implantado se encontró en él que junto a las células cardíacas de la mujer (con el par n 23 de cromosomas, XX) coexistían otras células cardíacas que tenían en ese n 23 los cromosomas XY propios del hombre, es decir, oriundos de su propio organismo.

El fenómeno se interpretó (en coincidencia con otros estudios semejantes) con la capacidad de las propias células estaminales del adulto para transformarse en el tipo de tejido que fuese necesario, a fin de reponer sus células muertas. Las células estaminales del propio adulto cuentan con la ventaja agregada de que procediendo del mismo individuo no inducen el rechazo inmunitario, como es el caso de órganos o células estaminales (embrionarias) procedentes de otro individuo. Ello ahorra muchos fármacos y efectos indeseables del rechazo.

Fuente: III Congreso Internacional de Bioética reunido en Ciudad de México el 29-09-2005 para el "Análisis Crítico de la Declaración sobre Normas Universales de Bioética de la UNESCO".

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