Desde la torre, el controlador le marca una ubicación al cetrero, que se traslada hasta el punto indicado con un halcón y un perro pointer. El pointer espanta al tero. Lo hace volar. El halcón lo captura entre sus garras y el entrenador se lo retira vivo.
Esta es, en síntesis, una de las medidas de seguridad aeronáutica que se aplican en el Aeropuerto Internacional de Carrasco desde el año 2008.
El uso de aves rapaces -halcones, gavilanes mixtos y águilas - es una de las herramientas más efectivas para controlar la irrupción de otros pájaros en los aeropuertos, que pueden generar riesgos para los aviones, los pasajeros y las tripulaciones, explicó a El País Mauricio Rattin, de la empresa Cetrería R.A., contratada para cumplir este servicio.
Teros y gaviotas son dos de las especies que generan riesgos en Uruguay.
Rattin indicó que el fin de esta técnica es "que las aves rapaces, dentro del predio del aeropuerto establezcan un territorio de caza; es un método de control para mitigar el peligro aviario, evitando impactos o ingestas en motores".
Además de mejorar la seguridad, esto representa un ahorro en los costos de reparaciones para las aerolíneas por las roturas de motores. Es un incidente posible la succión -o ingesta- de un ave en un motor, y que provoque daños.
En el aeropuerto de Carrasco trabajan 11 aves. "Están todas juntas, en halconeras, y cada una es llevada a distintos lugares dentro del predio. Se la libera para que vuele, realiza alguna persecución, luego es llamada y vuelve al puño del cetrero", dijo Rattin.
Siempre es un trabajo en equipo entre el ave y el especialista, ya que los halcones, águilas y gavilanes no permanecen sueltos.
"Trabajamos previniendo. Desde la torre, los controladores avistan aves, y ahí vamos nosotros con el móvil", explicó.
La mayoría de las veces el ave no captura una presa, sino que las espanta, y eso es suficiente. Sólo en el 5% de los "operativos" el ave de rapiña caza un tero o una gaviota.
"La gran mayoría sobrevive, porque traen la pieza viva y se la cambiamos por una pieza de carne. A las aves capturadas las anillamos, y las liberamos a 50 kilómetros del aeropuerto", indicó el especialista. El anillado es para constatar regresos, pero "hasta ahora no ha habido".
Además de usar aves, el trabajo se complementa con perros. El tradicional pointer, perro de caza inglés, y el border collie son las razas especializadas en este tipo de tareas: el acoso a las aves. Los perros son usados para espantar aves posadas en áreas verdes de las 500 hectáreas que ocupa el aeropuerto, en las propias pistas y zonas de tránsito.
"Trabajan en equipo: los perros hacen que las aves vuelen y las rapaces las espantan", contó Rattin. La mayoría de los halcones, águilas y gavilanes que usa la empresa llega como "donaciones". "Son aves que llegan en mal estado y las rehabilitamos", indicó.
RESULTADOS. De acuerdo a Operaciones de Puerta del Sur, se estimaba en 800 ejemplares la población de teros en el aeropuerto antes del servicio de control aviario y de fauna.
Hoy en día "no superan los 30", afirmó el cetrero, "están muy dispersos y además no son aves que estén instaladas".
Rattin indicó que el aeropuerto de Carrasco se rige por estadísticas reguladas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ACI "del número aceptable de impactos versus operaciones, y acá estamos muy por debajo".
La cifra
11 Son las aves rapaces entrenadas que integran el equipo de aves que custodian las 500 hectáreas del Aeropuerto.
Del hobby a la cetrería profesional
La cetrería es el arte de criar y adiestrar aves de presa para utilizarlas con diversos fines; una técnica milenaria, desarrollada por los pastores nómadas como una forma de obtener alimento -convertida más tarde en deporte exclusivo de la nobleza medieval-, que hoy encuentra otras aplicaciones productivas.
Las palomas de ciudad suelen provocar daños millonarios en depósitos, fábricas, aeropuertos y hasta en casas de familia, constituyendo un problema real que la mayoría de la población ignora. Su materia fecal posee agentes muy corrosivos que afectan cualquier material, incluido el metal, generando, entre otras cosas, serios inconvenientes en instalaciones eléctricas.
Richard Alfonso y Mauricio Rattin, compañeros de la Facultad de Veterinaria, comenzaron criando aves rapaces a modo de hobby. Después se convirtieron en los primeros cetreros profesionales de Uruguay. "Comenzamos, contratados por UTE, ahuyentando las palomas que anidaban en los galpones de una de sus plantas; y la experiencia nos ayudó a que otros potenciales clientes se enteraran", dijo Alfonso.
Trabajan también para Montevideo Refrescos, Banca de Quinielas, varios hospitales y terminal Tres Cruces.